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SeƱora de rojo sobre fondo gris

El autor reflexiona sobre esta obra de Miguel Delibes, sobre el cual asegura que "nos deja en esta obra reflexiones fascinantes sobre la vida, sobre el verdadero conocimiento, sobre la belleza, al describir a su mujer como una persona con el don de descubrirla en los lugares mƔs precarios e incluso de crearla".

Santiago Leyra CuriĆ”

23 de May de 2022

seƱora de rojo sobre fondo gris

Hace unas semanas pude asistir a una conferencia sobre esta obra de Miguel Delibes (1920-2010) impartida por la profesora Nieves Gómez en la Universidad Villanueva de Madrid. Me entraron ganas de leerme este magnĆ­fico libro que refleja la intensa relación que tuvo el escritor espaƱol con su mujer, Ɓngeles de Castro, con la que habĆ­a tenido 7 hijos y el fulminante final de ella en 1974, a causa de una enfermedad cerebral. Libro personal y muy delicado, escrito en un estilo intimista. Se habĆ­an conocido de muy jóvenes y se casaron en 1946, en Valladolid (Delibes tenĆ­a 26 aƱos y Ɓngeles, 20). Fueron, pues, casi 30 aƱos de matrimonio muy fecundo, ademĆ”s de por los hijos, por la vocación literaria de Delibes, que nació tras casarse, probablemente por la fe de ella en el talento de Ć©l:Ā ā€œMe conmovĆ­a su confianza en mis posibilidades. Imaginaba que si habĆ­a destacado pintando en cualquier parte, haciĆ©ndolo adecuadamente podrĆ­a llegar a ser un genioā€.

El libro es reflejo de su vida personal, bajo la identidad de un pintor que ha perdido la inspiración tras la muerte de su esposa y musa. Se refugia entonces en la bebida con enorme nostalgia (mÔs que nada porque le hace tener momentos en que cree poder volver a ver a su mujer). Transmite la rica personalidad de Ángeles de Castro y una muestra concreta de cómo es la razón vital femenina. Era una mujer resuelta, de armoniosa figura -que los 7 embarazos no estropearon-, con los ojos bien abiertos a la realidad y la capacidad de mejorar el mundo que le rodeaba.

Alguien a quien le gustaba dar sorpresas y recibirlas, con una elegancia natural y una ā€œintuición selectivaā€Ā innata. Una mujerĀ ā€œde mirada cómpliceā€,Ā que tenĆ­aĀ ā€œuna admirable capacidad para crear ambientesā€Ā y que eraĀ ā€œenemiga de difundir malas noticiasā€.Ā Pero esto necesariamente debĆ­a tener su contrapartida:Ā ā€œCuando ella se apagaba, todo languidecĆ­a en tornoā€, ā€œfaltaba su alegrĆ­aā€.Una persona que tenĆ­aĀ ā€œuna admirable capacidad para crear ambientesā€Ā y que en sus viajes era capaz de ir mĆ”s allĆ” de los acartonados ambientes acadĆ©micos (que a Delibes no le gustaban). Recuerda cómo ella habĆ­a tocado las castaƱuelas en un encuentro de profesores en la Universidad de Yale y habĆ­a animado la reunión.

TenĆ­a un gran encanto personal y don de gentes. En determinado momento del libro, se dice: ā€œLa estĆ©tica tambiĆ©n cuentaā€. El protagonista del relato le dice a su hija que ā€œel poder de seducción de tu madre era arrebatadorā€ y en otro fragmento, ā€œsu fe me fecundaba porque la energĆ­a creadora era de alguna manera transmisibleā€. Era una mujer de enorme amabilidad y capacidad de habitar la vida de los otros: ā€œTenĆ­a la facultad de inmiscuirse en casa ajena, incluso de interrumpir el sueƱo del prójimo, sin irritarlo, tal vez porque en el fondo todos le debĆ­an algoā€. Alguien a quien desagradaba la vulgaridad y la burocracia, pues era impermeable a sus encantos. Una mujer con un talento innato para el trato interpersonal y para recibir confidencias. En este sentido, el escritor realza su ā€œtacto para la convivencia, sus originales criterios sobre las cosas, su delicado gusto, su sensibilidadā€. Uno de sus consejos en Ć©poca de escasa creatividad fue ā€œNo te aturdas; dĆ©jate vivirā€.

Una mujer con un fino oĆ­do musical, que podĆ­a hacerse entender a los pocos dĆ­as de estancia en un paĆ­s extranjero y que le permitĆ­a tener ritmo: ā€œEra el suyo un oĆ­do intuitivo que, a veces, le permitĆ­a captar lo inexpresadoā€. Una mujer que odiaba la rutina y sabĆ­a hacer de cada dĆ­a un evento Ćŗnico. Se trataba de una mujer que supo ser feliz. Al saber el diagnóstico de tumor cerebral, su expresión fue: ā€œHoy estas cosas tienen arreglo, dijo. En el peor de los casos, yo he sido feliz 48 aƱos; hay quien no logra serlo cuarenta y ocho horas en toda una vidaā€. Alguien a quien no le importaba acumular aƱos (y experiencia), pues no solo es que los aƱos pasan, sino que quedan: ā€œcada maƱana, al abrir los ojos, se preguntaba: ĀæPor quĆ© estoy contenta? E inmediatamente, se sonreĆ­a a sĆ­ misma y se decĆ­a: Tengo una nietaā€.

Delibes nos deja en esta obra reflexiones fascinantes sobre la vida, sobre el verdadero conocimiento, sobre la belleza, al describir a su mujer como una persona con el don de descubrirla en los lugares mĆ”s precarios e incluso de crearla:Ā ā€œĀæDe quiĆ©n aprendió entonces que una rosa en un florero puede ser mĆ”s hermosa que un ramo de rosas o que la belleza podĆ­a esconderse en un viejo reloj de pared destripado y lleno de libros?ā€.Ā Como no podĆ­a ser de otro modo, el libro es una profunda reflexión sobre la muerte, pero no tanto en sentido biológico, sino biogrĆ”fico, como la pĆ©rdida de una vida compartida. Y esto, con momentos delicadamente conseguidos, como cuando, la vĆ­spera de la operación, la enferma lee un poema del escritor italiano Giuseppe Ungaretti, titulado ā€œAgonĆ­aā€:Ā Ā Morir como las alondras sedientas/ en el espejismo. / O, como la codorniz/ una vez atravesado el mar/ en los primeros arbustos…/ Pero no vivir del lamento/ como un jilguero cegado.

Indudablemente, es una reflexión sobre la complementariedad que existe entre hombres y mujeres, y cómo nos equilibramos mutuamente. En este sentido, realza de su mujer la ā€œviva imaginación y una sensibilidad delicada. Ella era equilibrada, distinta; exactamente el renuevo que mi sangre precisabaā€. En otro pasaje, seƱala concisa pero exactamente: ā€œLa nuestra era una empresa de dos, uno producĆ­a y el otro administrabaā€.

Esta obra en concreto es una reflexión a fondo sobre la felicidad cotidiana, sobre cómo la clave de ella estĆ” en la convivencia continuada: ā€œEstĆ”bamos juntos y era suficiente. Cuando ella se fue todavĆ­a lo vi mĆ”s claro: aquellas sobremesas sin palabras, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida, eran sencillamente la felicidadā€.

El libro es tambiĆ©n un reflejo de una religiosidad cotidiana, vivida por parte de Ɓngeles de Castro: ā€œTu madre conservó siempre viva la creencia. Antes de operarla confesó y comulgó. Su fe era sencilla pero estable. Nunca la basó en accesos mĆ­sticos ni se planteó problemas teológicos. No era una mujer devota, pero sĆ­ leal a los principios: amaba y sabĆ­a colocarse en el lugar del otro. Era cristiana y acataba el misterio. Su imagen de Dios era Jesucristo. Necesitaba una imagen humana del Todopoderoso con la que poder entenderseā€.

La obra habla tambiĆ©n –indirectamente- de los avatares de la sociedad espaƱola por entonces (aƱos 70 del s. XX): las huelgas estudiantiles, las detenciones, las revueltas, las torturas en las cĆ”rceles. En este sentido, el escritor se refiere a la detención de los dos hijos del matrimonio, LĆ©o y Ana, que es la interlocutora del pintor. Aparece una mención a Franco en un momento en el que el pintor y su mujer visitan a sus hijos en la cĆ”rcel. En este sentido, dice la mujer del artista: ā€˜ā€œEse hombre no va a ser eternoā€como bajĆ”ndole del pedestal’. Se trata, ademĆ”s, ciertamente, una obra que lleva implĆ­cita una crĆ­tica a la educación uniformante y estandarizada, que no permite el desarrollo de la personalidad: ā€œLe irritaban la estructuración de la carrera, los profesores adocenados, las ideas impuestas. Su cabeza caminaba muy deprisa, iba por delante de la de sus mentoresā€.

Otros temas que siempre estaban en la mente de Delibes: La combinación de lo rural y lo moderno: ā€œHabĆ­a que insertar lo moderno en lo rural sin recurrir a la violenciaā€. La soledad de los ancianos, como cuando relata la capacidad de dar compaƱƭa a las personas mayores que tenĆ­a su mujer: ā€œEstos viejos locos, solitarios, nunca faltaron en la vida de tu madre: […] Todos eran ancianos irreparables, a quienes la insolidaridad de la vida moderna habĆ­a cogido desprevenidos. Se sentĆ­an perdidos en la vorĆ”gine de luces y ruidos, y daba la impresión de que ella, como un hada buena, iba tomĆ”ndolos de la mano, uno a uno, para trasladarlos a la otra orillaā€. La comunicación entre generaciones: ā€œAtendĆ­a a todos, lo mismo a los viejos, con sus cominerĆ­as, que a los adolescentes con sus equĆ­vocas intimidades. No regateaba su entregaā€.

En definitiva, un libro que vale la pena leer.

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