A Catholic perspective on current events

Religión y democracias iliberales

El autor reflexiona sobre el surgimiento de algunos programas polĆ­ticos en diferentes paĆ­ses como Estados Unidos, Rusia, Brasil, HungrĆ­a o Polonia, que tienen aspectos en comĆŗn.

Santiago Leyra CuriĆ”

31 de March de 2022

Ā«El tĆ©rmino democracia ā€œiliberalā€ es relativamente reciente y procede del mundo anglosajón. Se refiere a un tipo de democracia parcial, de baja intensidad, vacĆ­a, un rĆ©gimen hĆ­brido o una democracia guiada, con tendencias tecnocrĆ”ticas o incluso oligĆ”rquicas, donde segĆŗn algunos la voz de la ciudadanĆ­a es cada vez menos importante. TambiĆ©n se utiliza para designar proyectos polĆ­ticos que rechazan el modelo ideológico liberal, en el sentido estadounidense de ā€œprogresistaā€Ā».

En las Ćŗltimas dĆ©cadas hemos contemplado el surgimiento de diversos programas polĆ­ticos, en paĆ­ses tan distintos como Estados Unidos, Rusia, Brasil, HungrĆ­a o Polonia, que reĆŗnen una serie de aspectos en comĆŗn. Junto al liberalismo económico en la mayorĆ­a de ellos, una cierta visión nacionalista claramente contraria a la inmigración ilegal, asĆ­ como una ideologĆ­a marcadamente anticomunista (con algunas lógicas peculiaridades – estos dĆ­as dramĆ”ticamente presentes- en el caso de Rusia), podemos descubrir un cristianismo ā€œculturalā€ que les lleva a rechazar algunos ā€œdogmasā€ de la sociedad secularizada occidental (el aborto, la eutanasia, la ideologĆ­a de gĆ©nero o las ā€œnuevas profecĆ­asā€ del cambio climĆ”tico), mientras parecen restar importancia a otros valores cristianos (la paz, la no violencia, la justicia, los pobres y el cuidado de la creación).

Nos parece que puede ser de interés situar el foco por un momento sobre un aspecto concreto del complejo momento actual, en concreto sobre el factor religioso de estas democracias iliberales que parecen en auge en diversos países del mundo occidental. Aquellos que se acerquen a este fenómeno desde una visión maniquea y simplista corren el riesgo de no entender lo que realmente estÔ sucediendo en países de la importancia de Estados Unidos, Rusia, Brasil o el este de Europa y, aquí entre nosotros, el proyecto político de Vox.

Guste o no, la realidad es que la inmensa mayoría de los habitantes de la tierra son personas con un sentido religioso de la vida. Las minorías laicistas o antirreligiosas de Europa y América han podido confundir el proceso de secularización occidental de las últimas décadas con la paulatina desaparición del sentimiento religioso en el mundo moderno. Al intentar implantar un modelo de sociedad y de democracia ajenos cuando no completamente contrarios a los sentimientos religiosos de muchos millones de personas, pensamos que han provocado sin quererlo una reacción de afirmación religiosa y política con la que no contaban y que no estÔ exenta de riesgos.

Alexis de Tocqueville estaba convencido de que la democracia no podrĆ­a sobrevivir a la pĆ©rdida de la fe cristiana. ā€œSi una nación democrĆ”tica pierde su religión -escribió el preclaro pensador francĆ©s-, cae presa del individualismo y el materialismo feroces y del despotismo democrĆ”tico e inevitablemente prepara a sus ciudadanos para la esclavitudā€. Pensamos que en la misma lĆ­nea se sitĆŗan y actĆŗan los polĆ­ticos iliberales a los que nos estamos refiriendo.

Ante las voces de alarma de algunos sobre el avance de lo que han autodenominado ā€œultraderechaā€en Europa y AmĆ©rica, cabe plantearse si no serĆ” mĆ”s inteligente seguir avanzando en unas sociedades mĆ”s respetuosas con todas las personas y con sus maneras de pensar. El problema aparece cuando las propuestas ideológicas se presentan incompatibles entre sĆ­. Si una intenta imponerse a la otra, cabe el riesgo de provocar que la otra luego intente imponerse a ella. La solución pensamos que pasa por entender la libertad real en nuestras sociedades democrĆ”ticas. 

Ha podido llegar el momento de dejar de intentar monopolizar un tipo de sociedad e imponerlo a los demĆ”s, en un sentido o en otro. Si bien las personas religiosas en occidente entienden desde hace muchos aƱos que hay gente que no comparte sus creencias e ideales, las personas no religiosas deben respetar a las que sĆ­ lo son. Pensamos que bienes como la libertad religiosa, la libertad educativa y la de expresión, asĆ­ como la posibilidad de no financiar mediante impuestos actividades sancionadas por las leyes que repugnan gravemente la conciencia de muchas personas (como el aborto, la eutanasia o todo lo relacionado con la ideologĆ­a de gĆ©nero), asĆ­ como el deber de respetar las leyes justas y a los que no piensan como nosotros, deben de estar especialmente protegidos en nuestras sociedades. 

Si no se entiende esto, cabe la posibilidad de que mucha gente se sienta atacada y experimente por tanto la necesidad de defenderse. Conviene que los intolerantes de todos los espectros lo tengan en cuenta si no queremos volver a repetir algunos de los errores mĆ”s famosos del pasado. 

Por otra parte, cabe el riesgo de que los polĆ­ticos usen la religión como excusa para hacer polĆ­tica y que lleven a Ć©sta la polarización propia de la ā€œarena polĆ­ticaā€. En ese caso, habrĆ­a que distinguir entre la defensa de la libertad religiosa y las ideas que representan a una mayorĆ­a de ciudadanos y el uso partidista de las creencias religiosas por unos lĆ­deres polĆ­ticos que pueden caer en la tentación de erigirse en sus intĆ©rpretes, papel que pensamos no les corresponde a ellos. En frase atribuida a Unamuno, ā€œuna posible crisis de la polĆ­tica y de la religión puede hallarse en la prĆ”ctica de la religión como polĆ­tica y de la polĆ­tica como religiónā€.

Hay una pelĆ­cula titulada ā€œVida ocultaā€ (Hidden Life), del norteamericano Terrence Malick, que narra la historia real de Franz JƤgerstƤtter, un agricultor austrĆ­aco beatificado hace unos aƱos por la Iglesia Católica que se negó a prestar juramento a Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, sacrificĆ”ndolo todo, incluida su vida. La historia que narra puede ilustrar sobre la fortaleza de las convicciones de algunas personas creyentes que conviene no conculcar jamĆ”s. 

Como dijo una vez Benedicto XVI ā€œquien se inclina ante JesĆŗs no puede y no debe postrarse ante ningĆŗn poder terreno, por mĆ”s fuerte que sea. Los cristianos sólo nos arrodillamos ante Dios, ante el SantĆ­simo Sacramentoā€. Terminamos con esta frase pues nos parece que la compresión del fenómeno religioso, especialmente en occidente, se ha vuelto una necesidad si queremos lograr unas sociedades donde las diversas mentalidades y formas de vida puedan convivir en paz, sin tratar de imponerse unas a las otras, como ha sucedido desgraciadamente en el pasado.

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