A Catholic perspective on current events

Lenin en EspaƱa

«La guerra de invasión de Ucrania por parte de Vladimir Putin me ha recordado a otro presidente de Rusia, en este caso a Vladimir Ilich Ulianov, mÔs conocido como Lenin, que todavía cuenta con estatuas y placas conmemorativas por todo el país euroasiÔtico. Fundador de la Unión Soviética, sanguinario líder revolucionario, creador de la policía política y del exterminio selectivo, su figura sigue siendo asombrosamente elogiada por mucha gente. Y, ya entre nosotros, su nefasta influencia en España deja una larga lista histórica de admiradores: desde varios importantes socialistas de la II República española hasta la actual vicepresidenta 2º del Gobierno»

Santiago Leyra CuriĆ”

27 de April de 2022

lenin en EspaƱa

El 22 de abril de 1870 nacía en la ciudad de Simbirsk, a 893 km de Moscú, el que sería mundialmente conocido como Lenin. Unas décadas después, moriría con sólo 53 años dejando tras de sí una historia legendaria, bien explotada y difundida por su sucesor Stalin y sus seguidores. La leyenda trataba y aún trata de esconder una eficaz labor criminal que se extendería por muchos países del mundo, sin exceptuar el nuestro.

Hoy en dĆ­a, su figura sigue presente en las calles y edificios de MoscĆŗ y en ciudades de toda Rusia. Al mausoleo de la Plaza Roja que guarda su momia siguen acudiendo miles de turistas llevados por la curiosidad o la admiración. Cerca se puede ver tambiĆ©n el Rolls Royce que usaba cuando alcanzó el poder. La Rusia de hoy, la patria de Dostoievski y de tantos otros ilustres rusos de la historia a los que honrar, no encuentra el momento de enterrar definitivamente al viejo bolchevique y parece seguir ahora bajo su siniestra influencia. 

Sólo un mal entendido patriotismo ruso, que no puede ignorar la importancia histórica del personaje, puede permitir semejante homenaje al responsable directo e indirecto de tantos millones de muertes. La propaganda comunista ha conseguido cubrir de un halo heroico a quien, quizÔ inicialmente resentido por la ejecución de su hermano por orden del Zar, tanta sangre derramó e hizo derramar en su tierra y en medio mundo.

Conocido es que Lenin no pudo mantenerse por sĆ­ mismo antes de 1917. Le mantenĆ­a su madre que periódicamente le enviaba dinero. Fracasó como abogado en San Petersburgo y se negó a trabajar en el campo. Su madre y su hermana le consintieron, y Ć©l las trató luego con desprecio, de manera profundamente machista. Mantuvo un lamentable triĆ”ngulo amoroso entre su mujer Nadezhda y su amante francesa, Inessa Armand, gracias al piso que Lenin alquiló en ParĆ­s con el dinero prestado por su madre. 

Fue un ā€œpequeƱo burguĆ©sā€, como muchos revolucionarios históricos, desde Marx al Che Guevara. Un hombre sin escrĆŗpulos que basaba en el terror el control sobre el pueblo. El exterminio selectivo, la liquidación de monĆ”rquicos, cristianos, judĆ­os, burgueses, demócratas, socialdemócratas y de todo aquel que no obedeciera al Ćŗnico lĆ­der, se inició con Lenin. Utilizó la guerra civil rusa para liquidar a sus ā€œenemigos de claseā€ y adversarios polĆ­ticos, entre el golpe de Estado de enero de 1918, cuando disolvió la Asamblea constituyente tras unas elecciones que perdió, y finales de 1922. 

Creó la policĆ­a polĆ­tica (esa en la que llegarĆ­a a trabajar aƱos despuĆ©s un joven Putin), los campos de concentración, trabajo y exterminio que luego copiaron los nacionalsocialistas, e inició el terror como forma de gobierno. En un telegrama, fechado el 10 de agosto de 1918 aunque desgraciadamente sin haber perdido actualidad, Lenin ordenó: ā€œEs preciso dar un escarmiento. Colgad (y digo colgad de manera que la gente lo vea) al menos a cien kulaks, ricos y chupasangres conocidos. (…). Haced esto de manera que en centenares de leguas a la redonda la gente lo vea, tiemble, sepa y se diga: matan y continuarĆ”n matandoā€. Por cierto, que en aquella Ć©poca su cocinero era el abuelo del actual presidente Putin.

Aunque hayan pasado tantos aƱos desde su muerte, tampoco hoy en EspaƱa su vida nos resulta del todo ajena. Desde los inicios de su revolución, a la que consagró toda su vida a comienzos del siglo pasado, no han faltado admiradores del dictador en nuestro paĆ­s. Su influencia es patente en diversas fases de nuestra historia.  

Es famosa la anĆ©cdota del viaje que realizó en 1920 el diputado socialista por Granada Fernando de los RĆ­os a la Unión SoviĆ©tica comisionado por el PSOE. Junto con Daniel Anguiano, el propósito del viaje era ver las posibilidades de ingreso del partido en la Tercera Internacional. Durante su entrevista con Lenin, De los RĆ­os le preguntó cuĆ”ndo permitirĆ­a su gobierno la libertad de los ciudadanos. SegĆŗn el relato de De los RĆ­os, Lenin habrĆ­a rematado una extensa respuesta cuestionando Ā«ĀæLibertad para quĆ©?Ā».

El que mÔs tarde sería ministro de Justicia de la II República española habría deducido de esta respuesta que se produciría una deriva totalitaria de la Revolución Soviética, como así fue. Por ello, en el siguiente congreso extraordinario del PSOE, De los Ríos se opuso al ingreso del partido en la citada Internacional. Esto provocaría la posterior escisión de un sector pequeño del partido que habría de fundar el Partido Comunista de España.

QuizĆ” es menos conocida la idea que tenĆ­a Lenin de que EspaƱa era el paĆ­s de Europa en el que primero podrĆ­a triunfar la revolución comunista despuĆ©s de Rusia. El conocido polĆ­tico socialista Francisco Largo Caballero, que llegó a presidir el Gobierno y que cuenta con una estatua en los Nuevos Ministerios de Madrid, predicó abiertamente la necesidad de hacer la revolución en EspaƱa y fue pronto conocido como el ā€œLenin espaƱolā€. Su sueƱo era llegar a crear la Unión de RepĆŗblicas Socialistas IbĆ©ricas. 

Desde luego, los líderes de la Unión Soviética no escatimaron recursos de todo tipo desde entonces para que España se convirtiera en una República comunista como lo fueron años después tantos países al este del telón de acero. La derrota del bando republicano en la guerra civil española frustraría el conocido proyecto de implantar la dictadura del proletariado en nuestro país dando paso al régimen de Franco.

Hoy en dĆ­a, la vicepresidenta 2ĀŖ del Gobierno, Yolanda DĆ­az, se ha manifestado en diversas ocasiones orgullosa de pertenecer al Partido Comunista de EspaƱa. OjalĆ” pueda leer y reflexionar sobre la influencia de Lenin en la historia de nuestro paĆ­s y siga el ejemplo de otros polĆ­ticos de izquierdas de talante mĆ”s pacĆ­fico y constructivo, como por ejemplo JuliĆ”n Besteiro. Y ojalĆ” Rusia logre desprenderse de una vez de esa ya demasiado larga tradición de lĆ­deres ā€œfuertesā€ y sanguinarios.

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