En las enseñanzas de Francisco durante el mes de mayo destacamos su mensaje para la 55ª Jornada mundial de las comunicaciones sociales y la institución del ministerio de los catequistas, verdaderos comunicadores y transmisores de la fe.
Ramiro Pellitero
Abril comenzó durante la semana santa. Avanzó en medio del asombro, entre la cruz y la resurrección. Asombro ante la entrega del Señor, la fuerza de su vida ahora con nosotros, y su misericordia, que se derrama por sus llagas, siempre abiertas por nosotros para todos.
Marzo nos mantuvo pendientes del viaje de Francisco a Irak, marcado por riesgos y cansancio. De allí volvió el Papa lleno de gratitud y esperanza. Declara que sintió sobre sus hombros el peso de la cruz y, por tanto, un sentido penitencial de su peregrinación como sucesor de Pedro.
Francisco entró en febrero de la mano de su constante interés por la educación de la fe, con un discurso a los responsables de la catequesis en Italia. Luego reflexionó con el Cuerpo diplomático sobre los aspectos de la crisis mundial. Y, mediado el mes, introdujo a la Iglesia en la cuaresma, el miércoles de ceniza.
Arrancando de la intervención del Santo Padre ante la Curia Romana con motivo de la Navidad, el autor se detiene en otros dos momentos significativos del último mes: el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz y la apertura de los ministerios laicales a las mujeres.
Las enseñanzas del Papa en el último mes han girado principalmente en torno a tres ejes: la fraternidad, por la reciente encíclica firmada en Asís; la Sagrada Escritura, a la que ha dedicado una notable Carta apostólica; y la educación, por sus intervenciones para impulsar un pacto educativo global.
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Juan Carlos Vasconez
Redacción Omnes