Una mirada católica a la actualidad

Cuando le rezas a San José pidiendo un marido y no recibes respuesta

La única razón por la que puedo seguir confiando en que José vive en el cielo e intercede por mí es que tengo personas en mi vida que se parecen un poco a él. Personas que hacen las cosas en silencio, pero que en general guardan sus pensamientos para sí mismas.

Omnes 编辑部

21 de 4 月 de 2026

san José marido

Uno de los consejos que los católicos casados ​​suelen dar a las mujeres católicas solteras que desean casarse es que recen a San José. 

Se cree que el fiel y amoroso esposo de María es el intercesor ideal para las mujeres que buscan a alguien como él: el tipo fuerte y silencioso (es broma, es broma). No puedo contarles cuántas veces me han dicho: «¡Haz una novena a San José!» o «¿Has intentado pedírselo a San José?». Una vez, esto sucedió en una transmisión de radio en vivo, y me emocioné hasta las lágrimas al responder: «Así no funciona la oración. He rezado la novena a San José muchísimas veces, y nunca pasa nada. De hecho, nunca pasa nada cuando rezo novenas, punto».

Finalmente las conté: 21. He rezado la novena a San José, esposo de María, que termina el día de su fiesta, el 19 de marzo, todos los años durante 21 años. Mis novenas ya tienen edad legal para beber. 

Aunque probablemente lo he expresado de forma diferente cada año, según mi estado de ánimo, una de mis intenciones para la novena siempre ha sido: «encontrar a un hombre con quien compartir mi vida». Y hace unos cinco años, descubrí una oración a San José que me encanta, así que empecé a rezarla todas las noches después de la oración de la noche. Así que declaro: San José me ha dejado una huella imborrable.

La oración es una relación. Es una conversación con alguien real, a quien no puedes ver pero en quien confías que existe y te escucha. Puede ser verbal o silenciosa, llena de lágrimas o de alegría. Durante todos estos años de mi acercamiento a San José, él ha permanecido en silencio. Me ha dejado en visto y en la incertidumbre (lo siento, usuarios de iPhone). Pero sigo confiando en que cuando le pido algo, me escucha. Reza a Dios por mí, como lo haría un buen amigo. Simplemente no me lo cuenta. No me da información. No me revela su secreto.

La única razón por la que puedo seguir confiando en que José vive en el cielo e intercede por mí es que tengo personas en mi vida que se parecen un poco a él. Personas que hacen las cosas en silencio, pero que en general guardan sus pensamientos para sí mismas. Me envían paquetes cuando saben que he pasado por un mal momento. Me mandan memes graciosos por mensaje o se ofrecen a traerme un café. Sus hijos empiezan a llamarme «Tía Sara» aunque nadie se lo haya dicho. Puede que no compartan mucho de lo que piensan o sienten en un momento dado —al parecer, yo ya lo hago por todos—, pero están presentes. Están ahí. Y también lo está San José.

En la Iglesia existe una larga tradición de aceptar el silencio de Dios. No me refiero aquí a la noche oscura del alma, que es un sufrimiento específico de los santos que han alcanzado un nivel de contemplación que yo, sin duda, no he alcanzado. Me refiero a la aparente falta de respuesta del Padre, algo normal y corriente. 

Santa Teresa lo explicó diciendo que se veía a sí misma como un pequeño juguete que pertenecía al Niño Jesús, un juguete que él podía tomar o dejar, según su voluntad. Dijo que no le importaba ser apartada, esperando ser elegida. Para mí, eso ha sido un verdadero desafío, ya que sí quiero ser elegida, no solo por Jesús, sino también por un buen hombre. No soy de las que buscan llamar la atención, porque, al contrario, busco apoyar y defender a las muchas mujeres maravillosas en mi vida. Pero todas queremos ser elegidas. Todas queremos que alguien nos vea y diga: «Esa es». Y hasta ahora, San José no me ha ayudado a que eso suceda.

En el verano de 2023, fui a visitar a una amiga a Montreal. Como ella trabajaba durante el día, aproveché para recorrer la ciudad. Uno de los lugares que no me rendí fue el Oratorio de San José. Era uno de esos lugares a los que la gente me decía que debía ir en peregrinación si de verdad quería encontrar marido. «¡Mi amiga lo hizo y conoció a su marido al día siguiente!», me decían. Pues bien, (¡alerta de spoiler!) no conocí a mi marido en el oratorio. 

Lo que sí ocurrió fue que, en la cripta, donde innumerables velas parpadean frente a San José bajo diferentes advocaciones, me encontré encendiendo una frente a la de «patrono de los moribundos», por mi padre. Esto no tenía mucho sentido, ya que mi padre no se estaba muriendo (que yo supiera), pero pensé en pedirle a José que lo ayudara de todos modos. Esto me brindó cierto consuelo cuando falleció repentinamente en enero de 2024.

San José ha guardado silencio cuando le he pedido ayuda para encontrar marido, pero no ha permanecido completamente en silencio: me ha apoyado cuando lo he necesitado, de maneras que ni siquiera sabía cómo pedir. Como todo buen amigo.

圣若瑟,请为我们祈祷。.


Este artículo se publicó originalmente en inglés en 安吉勒斯 y se reproduce aquí con permiso del editor.

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