Una mirada católica a la actualidad

Las huellas del creador hasta en los insectos

Consideraba san Buenaventura que la creación no comparece como un conjunto autosuficiente de entes, sino como una trama de vestigia: huellas que remiten a las huellas de su Creador.

Omnes 编辑部

29 de 4 月 de 2026

huellas creador

Desde que era niño, la particular forma biomecánica de los insectos me ha fascinado y, a partes iguales, inquietado. El funículo de las antenas, la inserción de las coxas, la transición entre pronoto y élitros o su particular textura y punteado… tan familiar y alienígena a la vez. Quizá por eso resulta tan eficaz disciplinar mi temperamento impaciente —y no pocas veces disperso— mediante la ilustración de insectos. No diría que es un pasatiempo, ni una inclinación espontánea. Es, más bien, una forma de corrección.

Horas de exploración fisionómica, arquetipización y grafito. Con el tiempo, aprende uno a mirar —que no tanto a dibujar—. Y como sabe cualquiera que se haya interesado por el retrato, el buen mirar es la base del buen ver. Sostener la atención basta para que la forma deje de resolverse con simpleza y la apariencia se densifique. Empieza uno a descubrir detalles, secretos, a hacerse preguntas: ¿qué hace que algo así esté ahí?, no en el sentido trivial de su función (esa está profundamente estudiada por la entomología), sino en otro más exigente: qué hace realmente que algo, así, esté ahí…

¿Es la minuciosa arquitectura del sistema de circulación de las alas de los odonatos (una libélula, por ejemplo) un capricho ontológico, además de un capricho evolutivo? ¿Esconden sus bifurcaciones el secreto de la lengua de Dios, al modo de las manchas del tigre que aterrorizaba al prisionero de El Aleph?

No me refiero a una imagen sugerente, ni a una metáfora piadosa, sino a una estructura exacta: «una frase cuya lectura —si fuera posible— bastaría para liberar o destruir». Borges tuvo el acierto de no especificar más.

Sí.

Sí, y diez veces sí.

La tradición clásica occidental no pensó nunca el mundo como un conjunto de cosas simplemente dadas. Lo entendió, más bien, como una estructura de remisión. No porque cada criatura esconda un significado secreto, sino porque ninguna se agota en lo que muestra. En cuanto es, por el solo ser, remite… ¿A qué? A su Creador, si se me permite decirlo…

Consideraba Buenaventura que la creación no comparece como un conjunto autosuficiente de entes, sino como una trama de vestigia: huellas que remiten más allá de lo que muestran. No una presencia desnuda de su Creador, desde luego, pero sí una huella suya. No todo remite con la misma claridad, ni toda criatura se deja leer del mismo modo; pero nada queda por completo fuera de esa gramática.

La diversidad de las cosas creadas —nos dice el tomismo— no es un accidente ni un exceso tolerado: es condición de la perfección del conjunto. La plenitud no se concentra en lo más alto y se diluye hacia abajo; se distribuye. «La perfección del universo requiere que haya desigualdad en las cosas, para que todas las perfecciones posibles estén representadas» (Suma Teológica q. 47).

¿Por qué hay forma donde podría no haberla? ¿Por qué hay determinación donde bastaría lo indeterminado? De ahí que la cuestión no sea si las cosas “significan” algo, como si portaran un mensaje codificado, sino si su misma consistencia ontológica es ya una forma de decir. No añaden un sentido; lo son en acto. La creación no habla sobre Dios: habla desde Él. «Interroga al mundo, interroga la hermosura de la tierra, interroga todas las cosas: te responderán: no somos Dios, sino que Él nos ha hecho» (Sermón 241). Las cosas no dicen lo que son; dicen de quién proceden, que diría San Agustín.

Lo creado, en cuanto creado, es ya lugar de acceso. Mutatis mutandis, tantos secretos válidos se encuentran en la contemplación del orden de las esferas celestes como en la atención detenida en la arquitectura de un vulgar insecto. Ninguna acumulación de grandeza aproxima más al origen que la más humilde de las formas, porque lo que está en juego no es la cantidad de ser, sino su carácter recibido; ambos son, en sentido estricto, igualmente desproporcionados respecto de su origen, y ambos nos hablan de su Creador. Y ahí sí hay palabras de poder, por lo pronto, el poder de convertir al dibujo en ¿oración?

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