Sus nombres son Pedro, Hashita, Rosemberg Augusto, Iván y David. Son jóvenes, tienen toda la vida por delante, esa misma vida que han puesto, por entero, al servicio de Dios. Sus historias y procedencias no pueden ser más distintas. Proceden tanto de familias de raigambre católica como de ambientes sin fe o de otras creencias. Todos ellos han decidido, como los Apóstoles, dejar las barcas y a su padre y seguirle. Estos jóvenes han compartido con Omnes sus miedos y alegrías, la historia de su vocación y su idea del futuro y de lo que la Iglesia y el mundo pide a los sacerdotes en el mundo de hoy.