El árbol del bien y del mal
Cuando la vida de los animales y de las plantas se pone por encima de la de las personas y de los pueblos, el amor a la creación se convierte en una monstruosidad, una idolatría. Es lo que Chesterton nos recordó hace ya un siglo acuñando la frase, hoy actual, de que: «donde hay adoración animal, hay sacrificio humano».