Bajo el cielo de Roma conocí la universalidad de la Iglesia
Roma, capital de un imperio que dominó el pasado y cuna de un reino que vivirá siempre. Donde, desde tiempos de César y Trajano, el arte y la belleza han sido máxima y se han acabado encontrando a Dios, en el altar de cada iglesia y en el mármol de cada monumento.