Una mirada católica a la actualidad

El testimonio de Juan y nuestra misión. Segundo domingo del Tiempo Ordinario (A)

Vitus Ntube nos comenta las lecturas de la fiesta del II Domingo del Tiempo Ordinario (A) correspondiente al día 18 de enero de 2026.

Vitus Ntube

15 de enero de 2026

Hemos entrado en el Tiempo Ordinario, y la lectura del Evangelio de hoy es una continuación adecuada del relato del Bautismo. El domingo pasado celebramos la fiesta del Bautismo de Jesús -el primer domingo del Tiempo Ordinario-. Hoy contemplamos el testimonio de Juan el Bautista sobre ese acontecimiento.

El año litúrgico, con sus lecturas cuidadosamente ordenadas, nos introduce progresivamente en los misterios de Cristo. Cada ciclo del año está acompañado por un Evangelio sinóptico particular: Mateo para el Año A, Marcos para el Año B y Lucas para el Año C. Curiosamente, aunque estamos iniciando el Ciclo A, la lectura de hoy proviene de Juan. Aunque los cuatro evangelios difieren en su énfasis, fueron escritos para audiencias distintas y reflejan la personalidad propia de cada autor sagrado, todos tienen algo en común: Jesús es su centro.

En el Evangelio de hoy, Juan el Bautista declara dos veces que da testimonio. Testifica, primero, que “tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”, y más adelante: “He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él”. Lo sorprendente de estos testimonios es que Juan afirma repetidamente después: “Yo no lo conocía”.

Pero, ¿qué quiere decir Juan? ¿Podría, quien saltó en el seno materno al escuchar el saludo de María, decir realmente que no conocía a Cristo? ¿Pudo haber vivido más de treinta años sin conocer a su propio primo? Juan entendía su misión; sabía que venía alguien más grande que él, alguien que existía antes que él. Sabía que había sido enviado a bautizar con agua. Sin embargo, la identidad plena de Jesús permaneció “encriptada”, por así decirlo, hasta que el Espíritu se la reveló. Juan recibió la clave para descifrar este misterio y señalar claramente a Jesús: el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y finalmente, el Hijo de Dios.

Como Juan, también nosotros estamos llamados a dar testimonio de Jesús con nuestra vida y nuestras acciones. Para muchos a nuestro alrededor, Jesús sigue siendo un “mensaje encriptado”, aún no comprendido del todo. Juan retoma la profecía de Isaías –“Te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”- y la lleva a plenitud apuntando directamente al Hijo de Dios. Dar testimonio de Cristo requiere profundizar en nuestro propio conocimiento de Él, pasando del “no lo conocía” a una confesión más profunda de quién es Él.

Esta se convierte en nuestra misión al inicio del año civil y al comenzar el Tiempo Ordinario: ser apóstoles. La segunda lectura de hoy es simplemente la introducción de la primera carta de san Pablo a los Corintios, donde el apóstol presenta su identidad y su vocación. Curiosamente, no entramos en el contenido de la carta, sino únicamente en su introducción. La Iglesia nos invita a hacer lo mismo: a tomar el modelo de Pablo e insertar nuestro propio nombre: “[Tu Nombre], llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios”. Se nos anima a ser como Juan: a profundizar en nuestro conocimiento de Cristo y luego dar testimonio, para que otros puedan reconocer y comprender mejor quién es Cristo.

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