Una mirada católica a la actualidad

Esperanza en lo cotidiano

El grado de civilización de una sociedad se mide por el trato a los presos. Cuando las mismas manos que cometieron delitos son capaces de crear algo sagrado, como las hostias que encarnan el camino del renacer, eso es pura poesía.

Miriam Lafuente

2 de febrero de 2026

Esperanza en lo cotidiano

Para Romano Guardini, la esperanza estaba ligada a la paciencia, a la capacidad de vivir en la tensión entre lo que se es y lo que se desea, encontrando una fuerza tranquila y profunda para crecer y afrontar el devenir de la vida, sin huir del sufrimiento, sino abrazándolo como vía para experimentar el ser en el naufragio. Una esperanza activa, que no se detiene en la perfección, sino que se encarna en lo cotidiano.

Si hay un lugar donde es fácil perder la esperanza es entre rejas; es el llamado “síndrome del preso”. El prisionero se siente solo y desubicado, y la idea de rehacer su vida lo angustia.

En prisión, el interno experimenta que se encuentra solo en el mundo real, probablemente sin nadie que lo espere a su salida, lo que supone una pérdida de autoestima y, tal vez, del sentido de la vida.

Es difícil que una persona libre se haga cargo de lo que significa estar privado de libertad, y solamente la intuición de ello nos estremece.

Cuando, en un hospital, encontré un establecimiento donde se vendía pan hecho por prisioneros, entré sin dudarlo. “El pan de hoy lo ha amasado, la noche pasada, alguien que está en la cárcel”, dije a los míos durante la cena, y percibí un abrazo invisible hecho de silencio sagrado.

Me ha conmovido saber que, en una cárcel, unas mujeres han creado un taller que produce hostias para la Misa, lo que les ofrece una ocasión de crecimiento personal y profesional.

Mujeres que cada día se empeñan en sacar adelante este trabajo, llevando a cabo un proyecto que une dimensión educativa, responsabilidad civil y un camino de rescate.

El grado de civilización de una sociedad se mide por el trato a los presos. Cuando las mismas manos que cometieron delitos son capaces de crear algo sagrado, como las hostias que encarnan el camino del renacer, eso es pura poesía.

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