Una lluvia de esperanza
La semana previa a la llegada del Papa al Congo (RDC) hubo fuertes lluvias. El mismo 31 de enero, cuando los jóvenes se preparaban para pasar la noche en el Aeropuerto de Ndolo, hubo truenos y relámpagos. Pero todo se quedó en ruido y luces, durante la estancia de Francisco en Kinshasa, no cayó ni una sola gota de agua. El sol brilló con todo su esplendor, junto a la alegría que reinó durante toda la semana.