Es una de las imágenes mas veneradas en la región. El sencillo icono venerado en Hungría, del que habían brotado lágrimas, fue llevado a Viena. Una copa pintada para ocupar su lugar lloró también. En el siglo XX se ha extendido su fama debido a la oración de san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, ante el icono, el 4 de diciembre de 1.955.