Una mirada católica a la actualidad

San Juan Crisóstomo y san Marcelino de Cartago

San Juan Crisóstomo, obispo, Padre y doctor de la Iglesia, es conocido con el sobrenombre de “boca de oro”, por su elocuente capacidad para hablar sobre la fe. Nacido en el siglo IV, fue patriarca de Constantinopla, y murió exiliado. San Marcelino de Cartago fue un mártir laico, amigo de san Agustín y san Jerónimo.

Redacción Omnes

13 de September de 2025

San Gregorio Nacianceno, San Basilio el Grande y San Juan Crisóstomo.

La liturgia celebra el 13 de septiembre a san Juan Crisóstomo y san Marcelino de Cartago, entre otros santos. El primero era natural de Antioquía, actual Turquía (año 349), donde los seguidores de Jesús comenzaron a llamarse cristianos. Era hijo de un funcionario imperial, recibió excelente formación y se ordenó sacerdote. 

Como obispo de Constantinopla, llevó a cabo una profunda reforma de las costumbres del clero y de los fieles. La oposición de la corte imperial, cuyos excesos denunciaba, y de personas envidiosas, le llevó al destierro en varias ocasiones.

San Juan Crisóstomo, un pilar de la fe

Se le considera uno de los grandes Padres orientales de la Iglesia, pilar de la fe, y recordado por su defensa de la verdad y la justicia. Y también por los escritos que enriquecieron la doctrina católica, hasta merecer el sobrenombre de Crisóstomo, es decir, ‘boca de oro’ (en griego).

El obispo Juan “boca de oro” murió en el año 407, en Comana Pontica, durante uno de los tantos traslados que debió realizar. Su sabiduría permanece intacta a lo largo de los siglos, señala el santoral vaticano. Centenares de escritos de un hombre y un sacerdote convencido de que “en todas las cosas” debe darse “gloria a Dios” lo corroboran.

San Marcelino, mártir laico

San Marcelino de Cartago (hay otros Marcelinos en el santoral), nació en Toledo en el siglo IV, llegó a ser tribuno y notario del emperador Honorio, diplomático hispanorromano. Amigo de san Agustín, que le dedicó algunas de sus obras, y de san Jerónimo. A partir del año 411 se vio envuelto en controversias de los donatistas, que negaban el perdón a los cristianos que apostataron en las persecuciones.

Marcelino fue enviado a Cartago (Túnez) para mediar en el diálogo entre los obispos católicos y los donatistas, y le asesinaron el año 413. El emperador Honorio reconoció la arbitrariedad de la ejecución por un general y la anuló, pero llegó tarde. Pueden ver la historia aquí. La Iglesia católica le proclamó mártir. San Agustín y san Jerónimo escribieron su elogio funerario. 

El Martirologio romano dice: Mártir laico. “En Cartago, en África, san Marcelino, mártir, que siendo alto funcionario imperial muy relacionado con los santos Agustín y Jerónimo. Se le acusó de ser partidario del usurpador Heraclión y, aún siendo inocente, por defender la fe católica fue asesinado por los herejes donatistas (413)”.

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