San Bonifacio estĆ” considerado, al menos desde el siglo XVI, como āel apóstol de los alemanesā⦠si bien en la Ć©poca en que vivió (673/675 ā 754/755) aĆŗn no existĆa el āalemĆ”nā āy mucho menos āAlemaniaāā: el tĆ©rmino que se emplea a finales del siglo VIII ātheodiscusā, del que se deriva el italiano ātedescoā y los antiguos espaƱoles ātudescoā o āteutónā, se referĆa principalmente a la persona que hablaba una lengua germĆ”nica, a diferencia del latĆn o de las lenguas romĆ”nicas, y por extensión, a alguno de los pueblos germĆ”nicos, principalmente allĆ donde no habĆa llegado la romanización y, con ella, el cristianismo.
Fue a esas tribus germÔnicas paganas o solo superficialmente cristianizadas adonde se dirigió la labor misionera de este monje anglosajón, nacido en el reino de Wessex al suroeste de Inglaterra hacia 673-675, con el nombre de Wynfreth, del que se deriva el actual nombre alemÔn Winfrid o Winfried. Ingresó de niño en el monasterio benedictino de Nursling, cerca de Southampton, donde fue ordenado sacerdote a los 30 años de edad aproximadamente.
Su actividad misionera se inscribe en el movimiento de cristianización anglosajona impulsado por el papa san Gregorio Magno a finales del siglo VI. Una vez afianzada ésta entre los anglosajones, comienza la oleada misionera en sentido contrario: de las islas al continente.
Uno de los mÔs destacados misioneros anglosajones serÔ Willibrord (658-739), quien fue enviado en el año 690 a los frisios. A Frisia viajarÔ Bonifacio mÔs tarde, si bien su primer viaje a esta tribu germana en 716 fracasarÔ por la oposición del duque Radbod. Antes de que termine el año, Bonifacio regresa a su convento de Nursling, donde un año mÔs tarde es elegido abad.
El obispo Daniel de Winchester envió a Wynfreth en el otoƱo de 718 a Roma, donde el papa Gregorio II le nombra apóstol de los gentiles para llevar la fe a los germanos y le ordena obispo el 15 de mayo de 719, al mismo tiempo que le da el nombre de Bonifacio. Tras pasar por Baviera y Turingia, se reĆŗne con Willibrod en Frisia, de quien aprendió a tener en cuenta la situación polĆtica en su planificación, pero tambiĆ©n a supeditar su labor a Roma.
A Roma volverĆ” en sucesivas ocasiones; en 722 le llama el Papa, despuĆ©s de haberse separado de Willibrord y comenzado la misión en Hessen y Turingia: Gregorio le ordena obispo de misión y le confĆa una tarea de suma importancia: la reorganización de la Iglesia en Germania, lo cual conllevaba especialmente integrar las comunidades arianas e iro-escocesas en la Iglesia romana; Bonifacio encontrarĆ” resistencias no sólo entre Ć©stos, sino tambiĆ©n entre los obispos del reino franco, mĆ”s interesados en su poder temporal que en la expansión del cristianismo.
En esa Ć©poca, en el aƱo 723 cuando regresa de Roma a Hessen, se produce una de las anĆ©cdotas mĆ”s conocidas de la vida de san Bonifacio, la destrucción de santuarios paganos. AsĆ, segĆŗn narra el sacerdote Willibald de Maguncia en su Vita sancti Bonifatii, en Geismar (que actualmente forma parte de la ciudad de Fritzlar) taló un roble dedicado al dios de la guerra Thor (o Donar).
SegĆŗn el cronista, las numerosas personas āentre ellos muchos frisonesā quedaron impresionados al comprobar que el dios no reaccionaba de ningĆŗn modo. De este modo, Bonifacio mostró la superioridad del Dios de los cristianos frente a los dioses paganos. La tala del roble de Geismar se considera como un āmito fundacionalā del nuevo orden religioso y de la reorganización eclesial logrados por Bonifacio.
La reorganización de la Iglesia en tierras germanas por parte de San Bonifacio cobra especial empuje tras un nuevo viaje a Roma, en 737/738, en el que el nuevo Papa Gregorio III le inviste con la función de Legado papal. Comienza con la reorganización de diócesis en Baviera y Sajonia (Salzburgo, Passau, Ratisbona y Freising); ademĆ”s funda las de Würzburg, Büraburg y Erfurt; en 744, tambiĆ©n el monasterio que serĆa su preferido, Fulda. En 747 es sombrado obispo de Maguncia.
La creación de monasterios femeninos como focos de cristianización fue tambiĆ©n una de las prioridades de san Bonifacio; para ello contó con la colaboración de, entre otras, dos monjas anglosajonas, que hoy en dĆa estĆ”n consideradas entre las principales santas āalemanasā: Walburga, hija de una de sus hermanas, y Lioba, que serĆa nombrada abadesa de Tauberbischofsheim, desde donde se fundarĆan otros monasterios en Würzburg y en diversos lugares de Turingia.
De la reorganización de la Iglesia en tierras germĆ”nicas forma parte asimismo su lucha por la defensa del celibato: en el Concilio alemĆ”n de 742 logró que se impusieran penas sensibles tanto a los sacerdotes como a monjes y monjas que no lo vivĆan
Al final de su vida, en 753, quiso hacer un Ćŗltimo viaje, con algunos compaƱeros, para volver a la tierra de misión donde habĆa comenzado su labor: a Frisia. Que era consciente de que el final estaba cercano habla no solo el hecho de que traspasara la sede de Maguncia a su sucesor Lullus, sino tambiĆ©n que llevara en el equipaje una mortaja. Cuando, en la fiesta de PentecostĆ©s del aƱo 754 (o 755) se disponĆa a celebrar la celebración de unos bautismos en Dokkum, le atacaron salteadores de caminos; asĆ encontró la muerte con sus 51 acompaƱantes. Sus restos mortales descansan en la catedral de Fulda.
La veneración de san Bonifacio experimentó un empuje especial hacia finales del siglo XIX: con la creación del Reich alemĆ”n, muchos católicos temieron la formación de una iglesia nacional alemana, que se quisiera independizar de Roma. Comenzó asĆ la peregrinación anual al santo, āapóstol de los alemanesā. AdemĆ”s, desde 1867 los obispos alemanes se reĆŗnen en su conferencia de otoƱo en Fulda, donde en la Misa de clausura son bendecidos cada uno de ellos con las reliquias del santo. Su fidelidad a Roma, frente a las diferentes fuerzas que en su Ć©poca buscaban formar una iglesia paralela, reviste hoy en dĆa, en que dichas tendencias vuelven a cobrar cierta fuerza, una especial actualidad.