Lupita Venegas estudió psicologĆa y una maestrĆa en terapia familiar. Nació en La Paz, Baja California Sur, MĆ©xico en 1963, en el seno de un hogar católico. EstĆ” casada con Ricardo PĆ©rez Mainou y tienen 3 hijos y 3 nietos.
Lupita es conductora del programa Ā«EnamórateĀ» en El Sembrador TV, es conferencista en temas de formación familiar. AdemĆ”s, es autora de los libros Ā«Despierta mujer dormidaĀ» y Ā«Sin lĆmitesĀ», entre otros. Es presidenta de la asociación civil VALORA y considerada Ā«influencerĀ» católica en redes sociales.
En esta segunda entrevista con Omnes, Lupita habla sobre la transmisión de la fe a los hijos y la vida de evangelización.
Como madre de familia, ¿cuÔles son los retos que ha tenido con sus hijos y cómo ha salido adelante?
ā Creo mucho en la disciplina positiva y procurĆ© aplicarla en casa. Firmeza, amabilidad y respeto fueron base para nuestra filosofĆa educativa.Ā Educarles en la fe y mirar que los criterios del mundo van en contra no resulta fĆ”cil. Tuve que enfocar mis esfuerzos en sembrar valores cristianos fundamentales: amor, solidaridad, respeto, valentĆa. No se trata de ir en contra del mundo sino caminando en esta vida con la mirada puesta en el cielo.Ā
Procurar un ambiente de paz en casa se hizo necesario en los momentos en que se presentaban confrontaciones entre hermanos. Ponernos de acuerdo mi esposo y yo cuando enfrentƔbamos dificultades con criterios muy distintos; tuve que ceder mucho pues me fui percatando de mi falta de flexibilidad en ciertos temas.
Platicar con los hijos cuando cometĆan errores, fue algo que procuramos vivir como matrimonio. No siempre salió bien, pero lo intentamos y ellos lo apreciaban.
Los hijos fueron creciendo sanamente. ProcurÔbamos ambientes en donde conviviéramos con la naturaleza. Fuimos de misiones en familia y esto les ayudó mucho a percatarse de sus bendiciones y a prevenir el consumo de drogas y alcohol, entre otros males.
A veces queremos ser populares o siempre caer bien a los hijos. Pero perdemos lo mĆ”s por lo menos. Queriendo llevarla siempre bien con ellos les dejamos de transmitir nuestros valores. Para mĆ el valor de la pureza, el valor del pudor, son muy importantes y yo se los tenĆa que transmitir sin chocarles, sin ser militar, sino siendo sincera. Creo que una de las claves es que los padres no tengamos miedo de transmitir nuestras convicciones. Al final la libertad no se impone. TĆŗ libremente decides, pero sĆ recomiendo que, si vamos a sembrar en los hijos la convicción por Cristo, estemos convencidos nosotros y que seamos coherentes. Sin imponer, sin maltratar, pero con firmeza. Firme en el fondo, suave en la forma.
¿CuÔndo decide dedicarse a la evangelización no solo dentro de su familia, sino al exterior? ¿Qué es lo que la movió a salir y evangelizar?
ā Todos estamos llamados a formar un hogar cristiano. En el caso de la mujer casada, todas tenemos un primer deber como esposas y madres. Nuestro primer deber es cumplir como como mujer, como esposa de mi esposo. El primer lugar, despuĆ©s de Dios, es el esposo y mis hijos. Aquella mujer casada que me dice: Ā«no sĆ© quĆ© es lo que Dios me pideĀ». Yo le respondo: Ā«pues te pide que seas excelente esposa y madre. No tengas duda. Pero si ademĆ”s de eso, por tus talentos y tus circunstancias de vida, Dios te pide mĆ”s, por ejemplo, para que como familia salgan a evangelizar al mundo, hay que entregĆ”rseloĀ». Lo que Dios me pide, lo pide porque lo puedo dar. Claro, hay organizarse y jerarquizar. La vida de oración, por supuesto, es fundamental. Empiezo mi dĆa con oración. Si no lo hago, me pierdo.
Los primeros 13 aƱos en familia me dediquĆ© de tiempo completo a mi casa como esposa y madre. Esos aƱos fueron para mis hijos. SĆ© que no todas pueden y que algunas tienen que trabajar y esa es la realidad hoy; pero tambiĆ©n sĆ© que es muy importante convivir con nuestros hijos y estar con ellos en sus primeros aƱos. Muchas veces para mĆ esto no fue fĆ”cil. Yo veĆa que mis amigas prosperaban acadĆ©micamente, laboralmente, mientras yo seguĆa en casa cambiando paƱales. «¿De quĆ© te sirvió estudiar? ĀæPara cambiar paƱales?Ā», me decĆan. Entonces sĆ hubo un momento en que sentĆ la presión del ambiente. Pero por mi convicción de fe, yo decĆa Ā«Dios quiere que estĆ© aquĆ y aquĆ estoy. Amo a mis hijos y no me imagino llevarlos a que los cuiden en otra parte. AquĆ estoy y bendito sea Dios yo puedo hacerlo. Me quedo con ellosĀ».
Después de esos 13 años de tiempo completo a la familia, iniciamos el apostolado. En charlas con mis amigas nos quejÔbamos mucho del contenido de los medios de comunicación. Y decidimos no solo quejarnos sino hacer algo. Fue cuando nació VALORA, un apostolado enfocado en llevar los valores del Evangelio, los valores de la familia a los medios. Nos enfocamos en el amor, en la entrega, el servicio, la entrega a los demÔs. Yo me dedico por las mañanas a VALORA. Trabajo de 9 a 13hrs. En ese lapso hago contenidos, preparo plÔticas, programas, etc. Tenemos varios programas, una estación en Internet Muy escuchada, y 6 apostolados preciosos. Somos un gran equipo y Dios se encarga si hacemos todo con orden.
Cuando iniciĆ© este apostolado me desboquĆ© y tuve una crisis familiar. Es decir, empecĆ© a trabajar tanto para el exterior, descuidando el interior, mi familia. Por fortuna, tengo un hombre maravilloso a mi lado, que me lo hizo ver. Y me dijo: Ā«En tus charlas estĆ”s hablando muy bien de la familia, pero no estĆ”s con tu familiaĀ». TenĆa razón y entonces reordenĆ©. JerarquĆa. Primero Dios, luego esposo e hijos y despuĆ©s lo demĆ”s.
En sus experiencias de evangelización o en charlas, ¿cuÔl es la experiencia que mÔs le ha conmovido?
ā Muchas veces las personas se comunican para agradecerme y decirme: Ā«Lupita. Este programa me sirvió. Yo reconsiderĆ© mi situación matrimonial. Me iba a separar y no lo hiceĀ». O en otros casos: Ā«He vuelto a Dios por estos contenidos que tĆŗ has compartido. Estoy en la iglesia y quiero ser santaĀ». Ā» Estoy de pie despuĆ©s de una depresión. Dios te puso en mi caminoĀ». Entonces yo sĆ© que la Gloria es para Dios. Dios me usa como instrumento, ciertamente indigno.
Pero hay una historia en particular que me conmovió. Una vez se me acercó una chica y me dijo: Ā«Lupita, ĀæTe acuerdas de mĆ?Ā» Yo sinceramente no me acordaba. Ella continuó: Ā«Vengo a agradecerte. Hace un aƱo yo pasaba por aquĆ por esta parroquia cuando escuchĆ© tu voz. EntrĆ© a escuchar tu charla. En ese momento yo traĆa un conflicto interno tremendo. Pero lo que tĆŗ dijiste en la plĆ”tica tocó mi corazón. Vengo a darte las gracias⦠Bueno, yo no, ellaĀ». Y me enseñó a su bebĆ© de un aƱo que traĆa en brazos. Y me dijo: Ā«Ella viene a dar gracias a Dios. Y gracias a ti. Yo tenĆa pensado abortar. Pero luego de escucharte en aquella ocasión, Dios me hizo saber que mi hija era mi tesoro y que tenĆa una misión. Y aquĆ estĆ”. Ella estĆ” viva por ese dĆa en que te escuchĆ© y asĆ oĆ la voz de DiosĀ». Son momentos emotivos en los que uno dice: Ā«SeƱor, gracias porque me permites servirte aun con tantos errores y con tantas debilidadesĀ».