Con la valentĂa y prestigio moral que le daban su condiciĂłn de disidente y vĂctima de la UniĂłn SoviĂ©tica, fue describiendo los rasgos del llamado mundo libre que debĂan rectificarse para no caer en una imparable decadencia. Más de cuarenta años despuĂ©s de pronunciadas aquellas palabras, asombra la lucidez y el acierto de su análisis.
Después de recibir el premio Nobel de Literatura en 1970, la Universidad de Harvard invitó al disidente ruso Aleksander Solzhenitsyn a pronunciar la lección inaugural en la antigua e ilustre universidad estadounidense el 8 de junio de 1978. Aprovechando el lema de Harvard (“Veritas”), el célebre escritor se permitió pronunciar algunas verdades ante ese selecto auditorio.

ComenzĂł hablando de la divisiĂłn en pedazos del mundo de entonces. A los dos mundos enfrentados de la guerra frĂa, polarizados en torno a los Estados Unidos de AmĂ©rica y a la URSS, añadĂa los paĂses del llamado Tercer Mundo y probablemente de más mundos. Y citaba la Biblia diciendo que un reino dividido contra sĂ mismo no puede subsistir y alertando sobre la creencia en la inherente superioridad occidental con respecto a otras civilizaciones.
Aprovechando que se dirigĂa a una audiencia occidental, Solzhenitsyn desglosĂł ciertos aspectos del occidente de entonces que pienso que se han agudizado hasta llegar a la actual situaciĂłn de decadencia. El primero serĂa el declive de la valentĂa que se manifestaba en una cobardĂa general en la sociedad haciendo compatible la inflexibilidad con gobiernos dĂ©biles o corrientes desacreditadas, incapaces de ofrecer resistencia alguna, con el silencio y la parálisis ante gobiernos poderosos y fuerzas amenazadoras o terroristas.
El segundo aspecto serĂa el exceso de bienestar y el deseo de poseer cada vez más cosas y tener un nivel de vida más alto, que paradĂłjicamente produce en muchos occidentales ansiedad y depresiĂłn. El clima de tensa y activa competencia domina todo el pensamiento humano y no abre ningĂşn camino hacia el libre desarrollo espiritual. En este ambiente, ÂżquiĂ©n arriesgarĂa su cĂłmoda vida en la defensa del bien comĂşn en el caso de que la seguridad de la propia naciĂłn tuviera que ser defendida?
Otro rasgo del modo de vida occidental serĂa lo que el pensador ruso llama la vida “legalista”. Los lĂmites de lo correcto y los derechos humanos se encuentran determinados en un sistema de leyes con lĂmites muy amplios. Se usa, interpreta y manipula la ley con gran destreza. Lo importante es estar cubierto legalmente y es secundario si uno tiene realmente razĂłn o lo que está haciendo es bueno o justo. Solzhenitsyn afirma que vivir bajo un rĂ©gimen comunista sin un marco legal objetivo es terrible pero tambiĂ©n lo es vivir en una sociedad sin otra escala que la legal.
La orientaciĂłn de la libertad en los paĂses occidentales se ha demostrado a su vez desorientada. Nuestras sociedades se han quedado con escasas defensas contra el abismo de la decadencia humana. Todos los errores morales son considerados parte integrante de la libertad. Se ha producido un sesgo de la libertad hacia el mal.
En otro momento de su discurso, Solzhenitsyn habla tambiĂ©n con lucidez sobre la orientaciĂłn de la prensa y de los medios de comunicaciĂłn en general. ÂżQuĂ© responsabilidad tiene el periodista de un diario frente a sus lectores y frente a la historia? PrecipitaciĂłn y superficialidad son la enfermedad psĂquica del siglo XX y eso evita los análisis profundos de los problemas.
Sin ninguna censura en occidente, las tendencias de moda en el pensamiento y en las ideas resultan separadas de aquellas que no están de moda, teniendo estas últimas muy pocas posibilidades de verse reflejadas en periódicos o libros e incluso de ser escuchadas en nuestras universidades. Estos aspectos tienen un gran impacto en importantes aspectos de la vida de una nación, como la educación, tanto la elemental como la avanzada en artes y humanidades.
Al mismo tiempo, muchas personas que viven en occidente están insatisfechas con su propia sociedad y se inclinan por el socialismo, lo cual es una falsa y peligrosa alternativa. Pues el socialismo, afirma Solzhenitsyn, conduce a la destrucciĂłn total del espĂritu humano y a la nivelaciĂłn de la humanidad en la muerte. Pero tampoco la actual sociedad occidental es un buen modelo para nadie. La personalidad humana en occidente se ha visto muy debilitada mientras que las penalidades sufridas en el este han producido personalidades más fuertes.
El mayor problema de occidente es la pĂ©rdida de voluntad, sĂntoma de una sociedad que ha llegado al final de su desarrollo. El origen de esta decadencia lo encuentra el pensador ruso en el antropocentrismo, en el olvido del ser humano como criatura de Dios, base de todos los derechos humanos. Ese es el parentesco comĂşn entre el materialismo marxista y el materialismo occidental.
Ante este siniestro panorama, que más de cuarenta años despuĂ©s se ha demostrado extraordinariamente lĂşcido y acertado, el final del discurso de Solzhenitsyn en la Universidad de Harvard ofrece la soluciĂłn a nuestros problemas, encender de nuevo nuestro fuego espiritual. Tenemos que alzarnos a la altura de una nueva visiĂłn, un nuevo nivel de vida, donde nuestra naturaleza fĂsica no será anatemizada como en la Edad Media ni nuestro ser espiritual pisoteado como en la Edad Moderna. Se trata ni más ni menos que un escalamiento hacia la prĂłxima etapa antropolĂłgica. Nadie en todo el mundo tiene más salida que hacia un solo lado: hacia arriba.