Una mirada católica a la actualidad

Juan González de la Higuera. Volver a nacer

Juan ha vivido doce años en la mendicidad y sabe lo que es ser “invisible” ante la sociedad. Su vida ha estado llena de obstáculos, pero ha sabido salir adelante como mejor ha podido. Aunque le han ayudado, su fuerza de voluntad ha sido la causa principal para salir del pozo.

Omnes

24 de February de 2017

Mayor de ocho hijos, en su infancia tuvo que hacerse cargo de sus hermanos ejerciendo la responsabilidad de sus padres, ya que su madre trabajaba mucho y su padre acababa a menudo en el hospital y maltrataba física y psicológicamente a la madre y a los hijos. Él, que era teniente de policía y tenía contactos en el mundo militar, buscó el modo de que Juan trabajara en el Ejército y hubiera de residir en casa. Sin embargo, Juan tuvo la suerte de que la Brigada Paracaidista buscaba un voluntario. Esa oferta era la puerta para escapar de ese ambiente hostil en el que vivía. Finalmente, fue aceptado y salió de su casa, que es lo que deseaba después de las penurias padecidas en ella.

Me enseña una foto del escudo de la Brigada Paracaidista con el lema “triunfar o morir”. En la imagen, al lado del escudo, se puede apreciar un cuaderno donde está escrito un relato suyo. Porque escribir y contar historias, algo que ya hacía a los 14 años, ha sido siempre su pasión.

Durante su larga trayectoria como militar, viajó a lugares como Córcega, Yibuti, Kenia, Sáhara Occidental y Brasil. Al volver a España, en vez de regresar a Madrid, decidió ir a Barcelona, porque no quería ver a su familia, ni ésta a él. En la ciudad condal alquiló un departamento, y estuvo deambulando allí hasta que se quedó con poco dinero. Después volvió a la capital, donde trabajó como camarero y conoció a su mujer. Dice que era complicada, pero también reconoce que él era impaciente. Vivían en constante tensión. “Un día, mi hijo, con 9 años, me pilló mal”, comenta Juan. De esta manera, se decidió ir de casa. Tuvo una depresión tan fuerte que le dejó fuera de juego. Y, al principio, no conocía ningún comedor social ni otros lugares en los que poder ser acogido.

Dice que su experiencia militar le ayudó a atravesar doce años el infierno de la mendicidad. Los entrenamientos psicológicos que recibió en los centros de combate por los que pasó le prepararon para cualquier adversidad, ya que “hay que tener en cuenta que en el día a día te estás jugando la vida”, comenta. Añade que “no hay ningún soldado en fuerzas especiales que sea consciente de que mañana va a seguir viviendo”. Además, considera que el hecho de que no haya caído ni en el alcoholismo ni en la drogadicción se debe a esos entrenamientos que recibió como soldado y a su lucidez.

Durante su vida en la calle fue atendido por RAIS Fundación, que entre varios servicios, como ayudarle en su renta mínima, le facilitó psicólogos y psiquiatras que se sorprendieron por su buena salud, a pesar de encontrarse en la calle. “Cuando caes al fondo del pozo, dejas de sufrir, porque nada de lo que te pase te hace daño. No puedes sentir más. Sabes que te va a costar cien veces más subir que lo que te ha costado bajar. Una vez que sales del pozo tienes que saber mantenerte. Para tu familia y tus amigos has estado siempre en el pozo. Y en cualquier discusión que tengas con ellos, tus controversias salen a relucir, recordándote tus defectos del pasado”, explica.  “El 80 % de las personas que salen del pozo lo hacen por las personas que les ayudan. No quería nada, vivía bien como vivía. Me daban bocadillos y ropa, y me conformaba con eso. No quería enfrentarme a una vida normal, porque había perdido la familia, todo. Pero, veía la ilusión que ponían las personas que estaban a mi lado para ayudarme a salir, y lo hice”. Y añade que “a partir de aquí empecé a hacer varios cursos, como informática o locución de radio. Además, tengo muy buena memoria”.

Un amigo suyo recibía ayuda de Bokatas, una ONG que reparte bocatas a mendigos. Le propuso a Juan ir a una cena de Navidad convocada por dicha asociación. Juan aceptó, y de esta forma conoció Bokatas. Cuando esta ONG abrió el Centro Tándem, él empezó a colaborar allí. Siente mucha satisfacción porque lucha para que otras personas que viven en la calle puedan salir de su cruda situación.

A menudo, hace charlas en escuelas para explicar cómo son los sin techo y los problemas que tienen. Me enseña una foto en la que todos los niños le miran mientras habla, sin estar ninguno distraído. Reconoce que las personas que le escuchan le dicen que tiene una retórica excelente y que es un hombre comprometido cuando se trata de ayudar a los demás.

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