El tema de la educación -y de los educadores- y su contribución a la mejora de la sociedad ha cobrado protagonismo en las últimas semanas gracias a la intención de oración que el Papa Francisco ha confiado a toda la Iglesia para el mes de enero a través de la Red Mundial de Oración del Papa.
Con esta iniciativa, a travĆ©s de un vĆdeo mensual – Ā«El vĆdeo del PapaĀ»- , el PontĆfice lanza un mensaje concreto sobre una de las realidades que en nuestros dĆas necesitan el acompaƱamiento y la cercanĆa de todos los fieles, quienes, por ello, estĆ”n llamados a rezar con esta intención especĆfica durante todo el mes natural en el que se lanza el vĆdeo.
Una nueva asignatura
A los educadores el Papa dirigió una original propuesta: «añadir una nueva materia a la enseñanza la fraternidad», logrando combinar y armonizar bien «los tres lenguajes: el de la cabeza, el del corazón y el de las manos» para ser escuchados con mucha mÔs atención por las jóvenes generaciones.
Una referencia que ya habĆa retomado el aƱo pasado, cuando dirigiĆ©ndose a una delegación del Global Researchers Advancing Catholic Education Project explicó que la armonĆa educativa parte de Ā«pensar lo que siento y hagoĀ», Ā«sentir lo que pienso y hagoĀ», Ā«hacer lo que siento y piensoĀ».
La fraternidad es, en efecto, un tema central de este pontificado, que evidentemente tiene en cuenta la urgencia de reconducir nuestro mundo ensombrecido por conflictos de todo tipo, empezando por los que llevamos dentro y que exteriorizamos tambiƩn con las personas mƔs cercanas, hasta las guerras armadas como la que se desarrolla desde hace un aƱo en Ucrania.
Visión profética
Evidentemente, el Papa Francisco llevaba tiempo viendo el futuro -quizĆ” profĆ©ticamente- y no es casualidad que hace tres aƱos ya decidiera escribir y entregar a toda la Iglesia Fratelli Tutti, su tercera encĆclica. Un texto que a su vez habĆa tenido como premisa fundamental el Documento sobre la Fraternidad Humana para la Paz Mundial y la Convivencia ComĆŗn, firmado incluso un aƱo antes, el 4 de febrero de 2019, en Abu Dabi junto al gran imĆ”n Ahmad Al-Tayyeb.
Esta vez el llamamiento es a los educadores -desde los que dedican su profesión al contacto directo con las futuras generaciones, pero tambiĆ©n a los que educan como padres, abuelos o hermanos- para que unan sus esfuerzos para devolver la paz al mundo, empezando por una comprensión justa de la convivencia humana Ā«que supere las incomprensiones y prevenga los conflictosĀ», como escribe el propio Papa Francisco en la encĆclica.
100 millones de educadores formales
SegĆŗn datos de la propia Red Mundial de Oración, en el mundo hay casi 100 millones de Ā«educadores formalesĀ» que imparten clases en escuelas primarias y secundarias o institutos universitarios, pero se trata de una función que, evidentemente, tambiĆ©n estĆ” presente en muchos otros Ć”mbitos de la vida cotidiana. Pensemos en lĆderes religiosos, pĆ”rrocos, catequistas, lĆderes comunitarios, padres, voluntarios en organizaciones sin Ć”nimo de lucro, entrenadores deportivos, consultores en empresas…
Evidentemente, la educación debe ir acompañada también de una gran capacidad de escucha y animada por la cultura del encuentro, porque al fin y al cabo debemos llegar a ser capaces de «acoger al otro como es, no como yo quiero que sea, como es, y sin juzgar ni condenar a nadie», como dijo Francisco en 2021 en una audiencia a los representantes de diversas religiones recibidos en el Vaticano.