Ya lo dijo la exministra de Educación de España, Isabel CelÔa: «Los hijos son del Estado».
Leyes como la Lomloe (un despropósito no sólo moral, sino tambiĆ©n acadĆ©mico) asĆ como las nuevas leyes del aborto en Europa ā Macron llegó a decir que era un derecho ā o las leyes a favor del cambio de sexo, estĆ”n menoscabando la autoridad de los padres respecto a sus hijos. No sólo llevan a la eliminación de facto de la patria potestad, sino que tienen como objetivo manipular a los menores en todos los aspectos de la vida social y afectiva, interpretando ambiguamente el derecho al mejor interĆ©s del menor.
Desde diferentes instituciones, se desprecia e incluso elimina el papel primordial de los padres en la educación integral de sus hijos.
No obstante, no es un proceso nuevo o exclusivo que se estĆ© llevando a cabo en EspaƱa. En toda Europa, especialmente en los paĆses germĆ”nicos y del norte, estas leyes se consideran pioneras y conformes a un concepto de tolerancia que destruye la identidad europea cristiana y humanista en favor de una ideologĆa.
El objetivo es, por un lado, la liquidación de la familia como centro neurĆ”lgico de la sociedad y por otro, una mayor manipulación de los menores. Una tendencia que se estĆ” ācontagiandoā tambiĆ©n al otro lado del AtlĆ”ntico.
La introducción de la ESI
Empecemos por lo que podrĆamos llamar el āprincipioā, pero que lleva varios aƱos de implantación transversal en todos los Ć”mbitos de la sociedad. Ya en 2006 se introdujo en EspaƱa, a travĆ©s de la Ley de Educación y tambiĆ©n a travĆ©s de las reformas aprobadas en las comunidades autónomas, talleres, charlas y contenidos especĆficos que establecĆan la necesidad de una Educación Sexual Integral (ESI) en todos los Ć”mbitos educativos. Eso ha derivado en la imposición, primordialmente en la escuela pĆŗblica, de una serie de contenidos afectivo-sexuales que dirigen al menor a una banalización de la sexualidad y a la destrucción de su afectividad desde las primeras etapas.
La obligación de que se impartan estos contenidos sin la aprobación de los padres atenta directamente contra la patria potestad y su responsabilidad en la educación de los hijos. Eliminando dicha competencia, se establece que el Estado puede injerir en la responsabilidad parental.
EscudĆ”ndose en un supuesto derecho a la información del menor, la ESI se lleva implantando en Europa desde al menos el aƱo 2005. Ya en 2016, el Consejo de Europa estableció el tĆ©rmino āMenor Intersexā y la necesidad de establecer en la educación de menores ā incluidos los sectores de 3 a 6 aƱos ā la educación sexual a travĆ©s de talleres de āexploración de la sexualidadā, charlas sobre tolerancia, no discriminación y la ideologĆa de gĆ©nero. No sorprende entonces la introducción de las leyes trans en muchos paĆses europeos en el Ćŗltimo decenio.
«Nuevos derechos»
Dos derechos del menor se repiten normalmente cuando se integran en el currĆculo escolar este tipo de ideologĆas. El primero, el derecho a la no discriminación de los menores homosexuales o intersexuales (transexuales).
El problema de este derecho es que la no discriminación por razón de āorientación sexualā es difĆcil de interpretar en menores de 3 aƱos, por ejemplo. Es curioso que, antes de la introducción de estos programas, los niƱos que se declaraban homosexuales o transexuales eran una Ćnfima parte.
A partir de la introducción de la ideologĆa de gĆ©nero y las charlas de educación sexual, el porcentaje se ha quintuplicado.
Una tendencia que ha seguido multiplicĆ”ndose con las redes sociales, especialmente a travĆ©s de Tik Tok e Instagram. Muchos psicólogos advierten ya que la tendencia homosexual o transexual estĆ” aumentando por ācontagioā.
El segundo derecho que se suele mencionar ā especialmente en Ć”mbito europeo – es el derecho a la información del menor, para que el menor estĆ© āinformadoā y sea āconscienteā de su sexualidad y, segĆŗn las órdenes y recomendaciones europeas, para evitar abusos sexuales. Una tendencia que se acerca peligrosamente a una cierta sexualización de la infancia.
El derecho a la información del menor se considera que estÔ por encima del derecho de los padres a educar a sus hijos y por tanto, el Estado se establece garante de que el menor esté informado de todo lo que se refiere a la educación sexual. Al menos asà lo plantean las directivas europeas.
A pesar de que la Convención de Derechos del Niño establece que es deber de los padres y prerrogativa de la patria potestad educar a los hijos en los principios morales que consideren, los Estados europeos pretenden sustituir a los padres arguyendo una supuesta defensa del menor contra discriminaciones o incluso abusos.
En definitiva, se elimina la potestad de los padres a defender a sus hijos de las injerencias del Estado o de unas ideologĆas.
El objetivo de introducir la ESI en edades tempranas es doble. Por un lado, destruir el sentido del pudor innato en los menores y banalizar su sexualidad, y por otro, enfrentar a los adolescentes a sus padres, quienes ven menoscabada su autoridad ante la autoridad del tejido social que les rodea.
Se supone que los programas de educación sexual tienen como objetivo prevenir el abuso sexual infantil, pero el propósito final es la sexualización de los niƱos. No es de extraƱar que los resultados a estos programas sean precisamente los opuestos. Gabriele Kuby, en su libro āla Revolución Sexual Globalā lo explica de forma magistral: āla prevención del abuso se convierte en un instrumento del Estado para sexualizar a los niƱosā.
El derecho de los padres respecto a sus hijos radica en la incapacidad del menor. No obstante, el interƩs del menor se puede superponer a la patria potestad, ya sea este interƩs declarado por el menor o por el juez.
El interĆ©s del menor, sin embargo, se estĆ” convirtiendo en una excusa para priorizar unas ideologĆas sobre la decisión de los padres. Famoso es el caso de la familia alemana que tuvo que pasar unos dĆas en el calabozo por negligencia en la educación de una de sus hijas, tras negarse a que acudiera a una charla de educación sexual en el colegio.
Las leyes a favor del aborto
La injerencia del Estado en la potestad de los padres no termina en la educación. Las leyes del aborto estĆ”n eliminando, por un lado, el periodo de reflexión de tres dĆas antes de someterse a un aborto y por otro, promueve que las menores a partir de 16 aƱos puedan abortar sin el consentimiento ni conocimiento de los padres.
Si por un lado no se permite a las menores reflexionar ni pensar en los efectos secundarios tan violentos que puede provocar un aborto, por otro tampoco se permite a los padres influir o ni siquiera ser conscientes de un proceso que tendrĆ” efectos devastadores en la psicologĆa de sus hijas. Por no hablar de las consecuencias fĆsicas que el aborto puede igualmente acarrear, tanto a corto como a largo plazo.
Eliminando ademĆ”s los tres dĆas de reflexión, se vulnera por un lado el derecho del paciente al consentimiento informado ā que incluye saber exactamente las consecuencias psicológicas y fĆsicas del aborto y las consecuencias del procedimiento ā asĆ como el consentimiento de los tutores legales del menor. Cualquier intervención quirĆŗrgica a un menor, incluso ambulatoria, necesita de dicho consentimiento informado y de los tutores.
Las leyes āTransā.
El ataque contra la patria potestad ha llegado a su colofón con las leyes a favor de la hormonación de los menores considerados trans. El aislamiento al que obligamos a los menores durante la pandemia, el uso exponencial de las redes sociales, el desarrollo de la ideologĆa de gĆ©nero y la banalización de la sexualidad han provocado un aumento de menores que dicen ser ātransā.
Como decĆa el Dr. Celso Arango, jefe de PsiquiatrĆa Infantil del Gregorio Marañón, a El Mundo, el nĆŗmero de menores que pretenden un cambio de sexo ha aumentado exponencialmente. āSe ha convertido en una modaā, explicó Arango.
Una moda peligrosa si no se permite evaluar adecuadamente al paciente. En varios paĆses ha ocurrido que los padres, a veces por ignorancia del proceso y otras porque se les ha impedido intervenir, no han podido evitar la hormonación de sus hijos, al ser una decisión del menor y el psicólogo o psiquiatra que lo trate, especialmente en menores adolescentes que se considera capaces de decidir por sĆ mismos. Incluso los psiquiatras estĆ”n atados muchas veces de pies y manos con estas leyes, ya que en muchos paĆses no se les permite evaluar adecuadamente la situación del menor, si no es para apoyar la hormonación.
Se puede llegar a argumentar que no se estĆ” apoyando la salud mental del menor o su interĆ©s superior. Las consecuencias son devastadoras para psique de los menores y jóvenes que acuden a estos tratamientos sin un verdadero consentimiento informado de las consecuencias fĆsicas y psicológicas. Muchos niƱos considerados ātransā han descubierto pasados los aƱos otras patologĆas y se han dado cuenta de que se trataba de un tratamiento irreversible. Las consecuencias para el interĆ©s del menor y para su derecho a la salud son devastadoras.
Padres, actores de la educación
La situación obliga a los padres y educadores católicos conscientes de la batalla que se avecina e implica también formarles para que puedan librarla de forma efectiva e integral. Algunas universidades e institutos ya estÔn creando estas formaciones para padres y educadores en afectividad.
Los grupos ideológicos y polĆticos, los lobbies y asociaciones que aprueban y apoyan las leyes mencionadas tienen como objetivo eliminar o minimizar el derecho de los padres a educar a sus hijos y se ha de ser consciente de ello. Es por ello que es necesario revalidar el papel de los padres y su capacidad para educar y cuidar de sus hijos, es decir devolverles su autoridad y su responsabilidad para con sus hijos.
Los progenitores, en la actualidad, no pueden delegar en los colegios su papel educativo, especialmente en el entorno afectivo. Asimismo, los padres deben enseƱar a sus hijos una afectividad ordenada e integral basada en el compromiso y la responsabilidad y no en el deseo y el placer. Renunciar a la educación afectiva de nuestros hijos significarĆa destruir y renunciar a lo mĆ”s preciado que el ser humano posee: su libertad.