Despertar las conciencias
La denuncia de las graves lacras del sistema educativo de su época realizada en las novelas de Charles Dickens, convertido en profeta de la civilización moderna, fue decisiva para despertar las conciencias de toda condición y poner en marcha un movimiento de transformación social.
En La vida y aventuras de Nicholas Nickleby, Mr. Wackford Squeers regenta y dirige negligentemente un internado donde muchos seƱores de la burguesĆa destierran disimuladamente a sus hijos ilegĆtimos. Este dueƱo sin escrĆŗpulos de la escuela miserable no solo busca lucrarse al mĆ”ximo, sino que da rienda suelta a sus peores instintos al maltratar y explotar vilmente a los pobres pupilos que padecen hambre, violencia fĆsica y diversas penurias. SerĆ” el joven ayudante del maestro -Nicholas, hĆ©roe del relato- quien rompa la cadena de degradación e iniquidad, al ponerse de parte de un muchacho deficiente y emprender la arriesgada huida con Ć©l.
En otro relato, Tiempos difĆciles (Hard Times), el literato inglĆ©s ridiculiza la pretensión de cierto utilitarismo de ceƱirse en la instrucción de los niƱos y jóvenes a los datos y a los hechos con pretensión cientĆfica, despreciando otras dimensiones imprescindibles como el justo sentido moral, la afectividad equilibrada o la potencia creativa de la imaginación. El resultado desolador de un mĆ©todo nefasto serĆ” la ruina de las vidas de los hijos del profesor Mr. Thomas Grangrind, Louisa y Tom. En cambio, Sissy Jupe, la niƱa del circo, despreciada por su torpeza con los nĆŗmeros y las estadĆsticas, rescatarĆ” del naufragio en la vida a los hijos del profesor, movida por su amor generoso.
Emergencia formativa
En diversas ocasiones Benedicto XVI reflexionó sobre la āemergencia educativaā ante el fracaso generalizado del sistema en la actualidad. (VĆ©anse, por ejemplo, los Discursos: 21-9-2006; 11-6-2007; 1-12-2008; 27-5-2010). Explicó que las principales causas de esta situación se hayan en el falso concepto de autonomĆa del hombre, asĆ como en el escepticismo y el relativismo que padece nuestra cultura.
La vocación o āpasión educativaā, por su parte, requiere el acompaƱamiento de las personas en un clima de confianza, para facilitar el despliegue de sus capacidades con libertad responsable, esforzada y comprometida, para alcanzar la plenitud humana conforme a la verdad del bien y del amor.
Familia educadora
De hecho, la familia se constituye como la primera instancia naturalmente educativa y humanizadora. AsĆ lo recordaba Francisco: āLa familia es la primera escuela de los valores humanos, en la que se aprende el buen uso de la libertadā (exhortación Amoris laetitia, n. 274). āLa familia es el Ć”mbito de la socialización primaria, porque es el primer lugar donde se aprende a colocarse frente al otro, a escuchar, a compartir, a soportar a respetar, a ayudar, a convivirā (ibĆdem, n. 276).
La familia cristiana es, ademĆ”s, āiglesia domĆ©sticaā, Ć”mbito idóneo de transmisión de la fe. Los padres católicos son los primeros y principales evangelizadores de sus hijos, maestros y testigos con su vida coherente de la salvación del mundo realizada por Jesucristo.
Derecho-deber educativo
Esta realidad de ser comunidad naturalmente transmisora de la vida fundamenta la cobertura jurĆdica que merece la institución familiar -y especialmente los padres- para poder ejercer adecuadamente su misión educativa insustituible. SegĆŗn la enseƱanza de la doctrina social de la Iglesia, āel derecho-deber educativo de los padres es originario, primario e inalienable. Es la prolongación de la paternidad y de la maternidad. Los padres han de poder ejercitarlo segĆŗn sus convicciones religiosas y morales. Y han de contar para ello con la protección legal, el sistema de organización institucional y el respeto de las autoridades polĆticasā (Granados Temes, J. M., El evangelio del matrimonio y de la familia, EUNSA, Navarra 2021, 178 s.). Los obstĆ”culos y atropellos a esta garantĆa jurĆdica fundamental tienen como consecuencia la decadencia lamentable de los pueblos. Se trata una penosa manifestación de la deriva totalitaria hacia la que se deslizan diversos regĆmenes supuestamente democrĆ”ticos que impiden la iniciativa formativa familiar. Por ello, reivindicar, defender y promover la tarea educativa de los padres constituye un empeƱo necesario para recuperar y expandir Ć”mbitos de libertad y de autĆ©ntico desarrollo de las personas y de la sociedad.