Las personas con discapacidades enfrentan numerosos retos en la vida cotidiana. Uno de ellos es la movilidad y el acceso a lugares pĆŗblicos. Otros son los empleos o transportes que muchas veces no contemplan la presencia de personas con discapacidad.
Esto ocasiona una exclusión pasiva que en algunos casos se convierte en discriminación. Para evitarla y fomentar la inclusión plena de dichas personas, en 1990 se aprobó en Estados Unidos la Ley para estadounidenses con discapacidades (American Disabilities Act, ADA) la cual prohĆbe la discriminación contra las personas con discapacidades en todas las Ć”reas de la vida pĆŗblica, incluyendo empleo, lugares pĆŗblicos, transportes y las comunicaciones. La ley contempla, entre otras cosas, que los lugares pĆŗblicos cuenten con estacionamientos dedicados exclusivamente a personas con discapacidades, accesos con rampas y facilidades de movimiento dentro de los edificios: elevadores o baƱos especialmente diseƱados.
Aunque esta normativa fue un momento clave en la sociedad norteamericana, la Iglesia ya habĆa contemplado desde 1975 un comitĆ© para personas discapacitadas. Su resultado fue la publicación por parte de la Conferencia Episcopal Norteamericana de una declaración pastoral en donde los obispos urgĆan a la inclusión de estas personas en la Iglesia y en la sociedad brindĆ”ndoles facilidades para hacerlo.
AsĆ surgió la Alianza Nacional Católica Sobre la Discapacidad (NCPD, por sus siglas en inglĆ©s). Se fundó en 1982 como una institución sin fines de lucro para promover la plena participación de las personas con discapacidad y sus familias en la Iglesia y en la sociedad. Desde su fundación hasta hoy la NCPD ha publicado diversos documentos con ese fin, entre ellos un manual para promover la participación de personas con discapacidad en la parroquia, la creación de parroquias accesibles, guĆas para la celebración de los sacramentos, especialmente las Ā«Misas amigables a los sentidosĀ».
Asimismo, ha participado en diversos seminarios y conferencias internacionales. La labor de la NCPD sigue adelante. Actualmente ofrece cursos y talleres en lĆnea sobre prĆ”cticas catequĆ©ticas, misas amigables a los sentidos y talleres dirigidos a agentes de pastoral, seminaristas y clĆ©rigos.
Para conocer mĆ”s acerca de esta institución, Omnes conversó con su directora Charleen Katra, directora ejecutiva, y con la encargada de los asuntos en espaƱol, Esther GarcĆa. Antes de asumir sus funciones como directora, Charleen Katra trabajó cerca de veinte aƱos como responsable del Ministerio para personas con discapacidad en la Arquidiócesis de Galveston, Houston.
¿Qué discapacidades se contemplan en la formación que ofrecen?
ā [Charleen Katra]: Se contemplan discapacidades fĆsicas, intelectuales, conductuales y emocionales. Una excepción es el ministerio para sordos, ya que hay una oficina católica nacional dedicada. Sin embargo, colaboramos con ellos.
ĀæCuĆ”les son los desafĆos que enfrenta la Iglesia en la formación para personas con discapacidades?
ā[Charleen Katra]: El reto principal es cómo enseƱar la fe a gente con discapacidades intelectuales y del desarrollo; por ejemplo gente con sĆndrome de Down, o autismo. El diagnóstico de este Ćŗltimo ha aumentado tanto en el mundo como en la Iglesia. La mayorĆa de nuestro pĆŗblico objetivo son personas dĆ©biles visuales, cenestĆ©sicos visuales y tĆ”cticos.
Otra Ć”rea que abordamos son personas con enfermedades mentales. Vivir con una enfermedad mental es algo mĆ”s que depresión y ansiedad. Hay gente con diagnóstico de esquizofrenia o trastorno bipolar. Nosotros brindamos cursos y talleres para adaptar las clases de catecismo o las misas para esta audiencia. Por ejemplo, cómo hacer una lección con un enfoque multisensorial o cenestĆ©sico tĆ”ctil con signos y sĆmbolos. En ese sentido, la iglesia es un lugar ideal porque ya los tenemos. Cuanta mĆ”s variedad de formas se tengan para enseƱar, mĆ”s allĆ” de las palabras, ayudarĆ” mĆ”s.
¿CuÔles son los principales programas que ofrecen?
ā[Charleen Katra]: Tenemos cursos de capacitación en lĆnea. Les llamamos Ā«Cursos PremierĀ». Cualquier persona puede tomar los cursos. TambiĆ©n contamos con cursos presenciales. Esther GarcĆa ofrece las clases en espaƱol. Diferentes miembros de nuestro ComitĆ© de discapacidades mentales y bienestar ofrecen entrenamientos y conferencias en esos temas. Asimismo, trabajamos con las editoriales que nos lo piden. Recientemente realizamos algunas adaptaciones y modificaciones a su programa de cursos de catecismo.
En cuanto a la formación, hay algunos cursos centrados en la celebración de los sacramentos o la catequesis para personas con necesidades especiales. Es un curso dirigido para todo pĆŗblico, pero es Ćŗtil especialmente para los diĆ”conos y sacerdotes pues hablan de la preparación y celebración de los sacramentos, en particular la EucaristĆa, la Confirmación y la Reconciliación. En ese aspecto hay grandes diferencias que es necesario contemplar para personas con autismo. En esos casos, es posible que necesiten un traductor o un aparato electrónico para comunicarse. Para cosas aparentemente simples como santiguarse, muchos de ellos necesitarĆ”n aprender el proceso durante meses antes de poder hacerlo.
ĀæQuĆ© adaptaciones se tendrĆan que implementar a una Misa Ā«regularĀ» para hacerla amigable o accesible a personas con discapacidad?
ā[Charleen Katra]: Todos somos seres sensoriales. Estamos rodeados de ellos: la silla en la que estamos sentados, las luces encima de nosotros, el ventilador, nuestro automóvil. Experimentamos una gran cantidad de información sensorial diferente, pero hay personas que tienen un proceso muy intenso. Cuando el cerebro de una persona no procesa los sentidos de forma Ā«normalĀ», se vuelve un asunto muy complicado y a veces no pueden resolverlo. Sin embargo, todos nosotros podemos ayudarlos y minimizar sus obstĆ”culos.
En el paĆs estĆ” aumentando la implementación de lo que se llaman Ā«Misas amigables a los sentidosĀ». EstĆ” dirigida a personas y sus familiares con discapacidades. Acudir a Misa para muchas personas con necesidades especiales es prohibitivo debido a que estas se pueden convertir en algo muy abrumador para ciertas personas. Hay que pensar en niƱos autistas sensibles a la mĆŗsica de alto volumen, al exceso de luces, a las muchedumbres. Son asuntos muy problemĆ”ticos para personas con autismo.
Una Misa amigable para los sentidos, «baja sensorialmente», implica, por ejemplo, encender solo la mitad de las luces, reducir el número de cantos para responder solo verbalmente, colocar rosarios en la entrada de la iglesia (para fomentar la concentración de niños autistas o con ansiedad), escoger lecturas cortas, predicar brevemente y tratar de que las ceremonias no excedan mÔs de una hora. Son ejemplos de algunas modificaciones y adaptaciones menores. Para implantarlas hay que preparar a la comunidad de antemano pues de otra manera pueden confundir. A veces nos volvemos muy posesivos y pensamos que es «nuestra Misa» e incluso «nuestro sitio, nuestro asiento». Hay que educar a la gente enseñÔndole que en una Misa especial asistirÔn personas diferentes. Si se educa a la gente, comprenden y se vuelven mucho mÔs receptivos.
¿CuÔntas diócesis en los EUA estÔn afiliadas con la NCPD?
ā[Charleen Katra]: DirĆa que cerca del 50 % de las diócesis cuentan al menos una persona con esa responsabilidad. Servimos a cerca de 15 millones de católicos. Hay diócesis que probablemente tengan algĆŗn ministerio dedicado, pero no tienen conexión con nosotros. Me gustarĆa que todas la tuvieran. AquĆ la puerta estĆ” abierta. Aunque nuestro punto de contacto principal son las cancillerĆas de las diócesis, tambiĆ©n asesoramos a miembros del clero, a los lĆderes del consejo parroquial, etc. Estamos aquĆ para servir a cualquiera en la Iglesia. Pero como dije, el liderazgo diocesano es nuestra audiencia principal.
¿Qué recursos ofrecen para los católicos hispanos?
ā[Esther GarcĆa]: EmpecĆ© a trabajar con NCPD en 2016. ComencĆ© como miembro del Consejo en 2014 y luego tuve que trabajar con las diócesis para establecer relaciones y conectar el ministerio de discapacidad con el ministerio hispano. Nos aseguramos de contar con recursos en inglĆ©s y espaƱol. Yo traduzco y reviso los materiales para que tengan la misma calidad, el mismo formato que en inglĆ©s. Hay varios recursos tales como cursos y seminarios. Ayudamos a los EUA, pero tambiĆ©n hemos recibido solicitudes de Ecuador, Chile y Europa.
ĀæPodrĆan compartirnos alguna historia especial que haya tocado su corazón?
ā[Charleen Katra]: Hay muchas, pero pienso en una. Fue un correo electrónico de un seƱor que nos habla de la necesidad de contar con la presencia de la comunidad de personas con discapacidad en la Misa. Su correo electrónico describe lo que Ć©l vivió en una Misa.
Al momento de iniciar la homilĆa, esta persona fue honesta y me dijo que se distrajo. Mirando alrededor vio a un niƱo en silla de ruedas. A su lado estaba un padre cuidando de Ć©l. Con un trapo le limpiaba la saliva que le escurrĆa, pero lo hacĆa con tal ternura, compasión y alegrĆa, que dejaba ver todo lo que un padre estĆ” dispuesto a hacer por un ser querido. Esa fue la mejor homilĆa para ese seƱor que me envió el correo, pues era el Evangelio Ā«encarnadoĀ», el mensaje que Dios le dio. En este ejemplo podemos ver cómo una persona con discapacidad evangeliza a otros cuando estĆ”n juntos. AhĆ el cuerpo de Cristo estĆ” completo. Todos juntos en una inclusión plena.
ā[Esther GarcĆa]: Se trataba de una niƱa adolescente en silla de ruedas. No podĆa hablar por una condición especial. Estaba sentada en una mesa afuera de la Iglesia. Supe que no habĆa hecho la primera comunión y a su edad ya debĆa recibir la confirmación. PensĆ© que podĆa ayudarla preparĆ”ndola con clases personales. Uno de sus familiares me dijo que no, pues alguien en la iglesia le habĆa negado los sacramentos por su condición. En ese momento reconocĆ que como comunidad eclesial algo estaba mal. No era correcto. Y decidĆ intervenir y ayudarla.
Iniciamos las clases de preparación para los sacramentos. Después de un tiempo, la chica recibió la reconciliación, primera comunión y confirmación. La madre y sus familiares estaban felices. Pienso que muchas veces como agentes pastorales tenemos que ser conscientes de las necesidades de personas con discapacidades. Parecen invisibles. No se ven porque muchas veces no les hemos abierto las puertas. Debemos hacerlos no solo en la comunidad eclesial, sino también en las Misas.