Una mirada católica a la actualidad

Un Cristo sin brazos

Un Cristo sin brazos transmite un mensaje que no deja indiferente a nadie: nos abraza aún en su carencia e invita a abrazar a los demás. Jesucristo tiene necesidad de nosotros para continuar su misión en la tierra.

Miriam Lafuente

3 de abril de 2026

Foto: Cristo sin brazos de St. Ludgeri. ©Wikimedia

En la iglesia de una pequeña aldea alemana, se conservaba un Cristo de notable belleza y valor. Era un crucificado por el que los lugareños sentían una profunda devoción. Desgraciadamente, durante la Segunda Guerra Mundial, el estallido de una bomba le arrancó ambos brazos.

Al finalizar la contienda, los habitantes del pueblo se plantearon restaurarlo, hasta que alguien sugirió dejarlo tal como estaba: sin brazos. La propuesta fue aceptada y se añadió una inscripción que rezaba: “Vosotros sois ahora mis brazos”.

En Milán, visito con frecuencia otra iglesia que alberga un Cristo similar. En este caso, la figura de madera quedó abandonada en un desván, donde las polillas consumieron sus extremidades; tras el hallazgo, se consideró conveniente no restaurarla.

Un Cristo sin brazos transmite un mensaje que no deja indiferente a nadie: nos abraza aún en su carencia e invita a abrazar a los demás. Jesucristo tiene necesidad de nosotros para continuar su misión en la tierra.

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