Una mirada católica a la actualidad

«Cónclave»: una fantasía sesgada

Cónclave es una película técnicamente destacable, pero con una visión sesgada de la Iglesia, reducida a intrigas políticas y carente de toda dimensión espiritual. Su polémico desenlace refuerza un mensaje ideológico que busca desacreditar la postura católica.

Javier García Herrería

19 de febrero de 2025

Cónclave película
Fotograma de la película. @OSV News/Focus Features

El domingo 16 de febrero tuvo lugar la entrega de los BAFTA, los premios del cine británico. Cónclave, la película de Robert Harris, se alzó con el galardón a la mejor película. Desde el punto de vista técnico posee notables méritos, avalados por importantes reconocimientos: ha ganado el Globo de Oro al mejor guion, ha sido galardonada con cuatro premios BAFTA y cuenta con ocho nominaciones a los premios Óscar. Con un presupuesto de 20 millones de dólares, hasta ahora ha generado cinco veces esa cantidad.

Cónclave cuenta la historia de la elección de un nuevo Papa tras la muerte del pontífice. A medida que los cardenales se reúnen en el Vaticano para votar, surgen intrigas, alianzas secretas y luchas de poder que revelan la influencia de intereses terrenales en un proceso supuestamente guiado por intereses más espirituales. Mientras el suspense crece, la película explora la tensión entre tradición y cambio dentro de la Iglesia, hasta llegar a un desenlace inverosímil y polémico.

Falta de realismo

Con independencia de sus virtudes técnicas, la película ofrece una visión de la Iglesia sesgada y completamente mundana. Presenta la idea de que su futuro depende de aceptar el relativismo moral y asumir la agenda woke, lo que implica el rechazo del modelo de familia tradicional, la aceptación del divorcio, la anticoncepción y la ideología de género.

Los cardenales retratados en el film carecen de fe, esperanza y caridad. Son personajes solitarios, marcados por crisis espirituales o morales, impulsados únicamente por la ambición, la mezquindad y el afán de poder. Sus conversaciones no reflejan preocupaciones pastorales ni una visión cristiana del bien de la Iglesia, sino que giran exclusivamente en torno a maniobras políticas e intereses personales. En definitiva, cualquier rastro de perspectiva sobrenatural está completamente ausente.

Si la Iglesia estuviera compuesta únicamente por pecadores tan depravados como los que se retratan no podría sobrevivir a sus propios líderes. Es el error habitual de hablar de los pecadores de la Iglesia y olvidarse por completo de los santos, que sí realizan acciones heroicas y dignas de ser llevadas a la gran pantalla. Cónclave lo que ofrece es la típica caricatura malintencionada que, tras un relato dinámico y entretenido, busca desacreditar las ideas católicas.

Un final fantasía y ridículo

La trama es tan poco creíble que hasta una persona alejada por completo de la religión, como es Carlos Boyero, crítico cinematográfico de El País, señalaba en su crítica que «a medida que se va acercando el final, percibes que este va a ser complicado, que al prestidigitador ya no le quedan palomas o conejos debajo del sombrero. Y el final es un disparate vacío. No voy a hacerles espóiler (cómo detesto este término tan abusivamente usado), pero sufro un ataque de pasmo y de risa ante la osada tontería con la que han resuelto la larga y tormentosa intriga».

Y es que el final del film es ridículo (ojo spoiler): el Papa elegido resulta ser intersexual y su designación simboliza la idea de que la Iglesia solo podrá superar sus divisiones internas mediante una figura que encarne en sí misma las diferencias de nuestra época.

A pesar de los premios que la película ha ido recogiendo y el indudable esfuerzo de marketing y producción que la acompaña, Cónclave no ofrece nada nuevo, ni interesante, ni tan siquiera plausible, en su empeño por dibujar una Iglesia a la medida de las ideologías más o menos dominantes del panorama social actual. 







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