Una mirada católica a la actualidad

令人惊讶的«基督徒皈依基督教»

Tito Unda es uno de los muchos cristianos que creció rodeado de fe y nunca se alejó de ella, pero tampoco  era el centro de su vida. Hasta que su historia cambió y la cuenta en un libro disponible gratuitamente.

哈维尔·加西亚·埃雷里亚

24 de 6 月 de 2026

蒂托·乌达

Hay una pregunta que incomoda, precisamente, a quienes más motivos tienen para no tener que hacérsela: ¿puede alguien haber recibido una buena formación cristiana —en casa, en la escuela y la universidad— y no haber tenido todavía un encuentro personal con Jesucristo? La respuesta es sí. Y no es un caso raro ni marginal. Es, sin duda, un fenómeno habitual.

Miles de personas que han crecido en parroquias activas, en colegios católicos con buena doctrina, en parroquias, movimientos y realidades eclesiales con décadas de historia y frutos indudables, pueden llegar a la madurez con una fe intelectualmente sólida, ritualmente cumplidora y emocionalmente tibia. Una fe que sabe mucha teoría sobre Dios, pero que parece no haber tenido con Él un verdadero encuentro personal. Una fe que conoce el mapa del territorio, pero que no parece haber encontrado la perla preciosa escondida en el campo.

El contexto actual

En muchos países —también en España— la gente ya no alimenta su fe en un único lugar. Acude a realidades distintas, recorre caminos diversos y, en el momento más inesperado, la Gracia de Dios sorprende a uno cuando menos se lo esperaba. 

Y no siempre es en el lugar donde más tiempo pasó o más formación recibió, a veces es precisamente fuera de él. Esta es la historia de Tito Unda. Y en cierto modo, es también la de muchos. 

Por supuesto, esto no quiere decir que muchas personas sigan encontrando su camino espiritual en un único itinerario, con una sola espiritualidad o en la misma parroquia de toda la vida. Lo sorprendente es cómo Dios sigue saliendo al encuentro de cada alma en los recodos más inesperados del camino, muchas veces tras fracasos -al menos aparentes- o tras un viaje con muchas paradas en el camino.

Un cristiano con mucha formación 

Si hubiera que diseñar sobre el papel el perfil de alguien que debería haber tenido ya un encuentro profundo con Dios, ese perfil podría ser el de Tito. Estudió en un colegio del Opus Dei en Madrid. Asistió a medios de formación (círculos), retiros y convivencias en un centro de la Obra durante su adolescencia. 

Por parte materna, una parte de su familia era muy cercana al Camino Neocatecumenal y en ocasiones había participado en Misas y actividades de este iter eclesial. Y, por si esto fuera poco, también tenía una parroquia con bastante vida -San Ignacio, en Torrelodones- y una excelente relación con el párroco. 

Aquí no acaba el itinerario de conocimiento directo de instituciones eclesiales. Tito también conoció Comunión y Liberación cuando sus padres se acercaron al movimiento, en su casa acogieron a un joven de la Comunidad del Cenáculo, hizo un retiro de Effetá y peregrinó a Tierra Santa con Hakuna en los inicios de la asociación.

Un año especial 

Sin embargo, su auténtico encuentro con Dios no llegó en ninguno de esos contextos. Llegó a los 36 años, hace tan solo unos meses, después de un periodo en el que se sucedieron varias desgracias en su entorno más cercano: perdió a dos hijos a los pocos meses de embarazo; una amiga colombiana, casada y con una niña, murió de cáncer tras años de lucha; otros amigos perdieron a un hijo de 2 años de forma repentina; un sobrino, también pequeño, pasó semanas en una UCI; también una prima y después una buena amiga. 

Lo llamativo no es solo la acumulación de malas situaciones una detrás de otra, sin coincidir pero sin apenas descanso. No hubo enfado con Dios. No hubo crisis de fe. Tampoco fue un golpe dramático que lo dejara en el suelo y desde el que clamara hacia el cielo desesperado. 

Fue algo más sutil y profundo: “Yo no pensaba que estuviera hecho polvo, pero claramente la sucesión de todas esas cosas y el ejemplo de cómo las vivían los protagonistas me estaban ablandando muchísimo. Fueron doce meses que me hicieron ser más consciente de mi vulnerabilidad, de que hay cosas que tienes que poner en manos de Dios.”

La chica colombiana ocupa un lugar especial en su relato. La mujer de Tito se hizo amiga suya durante su enfermedad, empezaron a ir juntas a un grupo de adoración de Hakuna, y algo en ese proceso fue tirando de la cuerda también en él. “Tengo claro que ese fue el momento que catalizó mi ‘conversión’. Era una persona que tenía su fe, pero lo que te removía de ella era cómo sobrelleva la enfermedad con alegría, con aceptación. Lo más parecido a un ángel en la tierra que he conocido. Si me voy al cielo, la primera persona de la que tengo la certeza absoluta de que está ahí es ella”.

De la cabeza al corazón

Desde el punto de vista laboral, Tito es emprendedor y ha trabajado en varias startups tecnológicas, pero también tiene un marcado perfil intelectual. Es de esos adolescentes que habían leído a Dostoievski antes de los 18 años y, quizá por eso, tiene esa tendencia a procesar todo por la cabeza dándole muchas vueltas. 

La paradoja es que un hombre que había pasado su vida en entornos de formación cristiana, que había leído, estudiado, ido a Misa, que sabía perfectamente quién era Jesucristo en términos doctrinales, y que sin embargo no era algo vivo y real en su día a día.

Lo que hizo que su fe se encendiera como nunca hasta entonces fue realizar, junto a su mujer, un Seminario de Vida en el Espíritu de la Renovación Carismática Católica en octubre de 2025.

La clave, dice Tito, no estaba en recibir más contenido, más doctrina, más argumentos. La clave fue que la Gracia decidió tocar su corazón de una forma nueva, de forma que se sintió amado por Dios de un modo que nunca había comprendido. 

“Me había pasado la vida buscando a Dios, pero poniendo el acento en mí, en mi comprensión, pero Cristo no entra por la cabeza, la cabeza puede ayudar a anclar ciertas cosas. Pero la cabeza sola…, Cristo no es un argumento, es una persona viva. ”

Para él, uno de los descubrimientos más importantes fue descubrir la oración de alabanza: “una oración a la que tú no vas ni a pedir por una intención, ni a dar gracias, ni a pedir perdón. Y cuando haces eso, dejas de orar desde el yo, nada gira en torno a ti. Lo importante es Él. Apagas tus capacidades, te abres y le dejas actuar”.

Aprendió a abandonarse

Tito es el primero en reconocer que su formación anterior no fue un obstáculo. Fue, de hecho, una base necesaria. Lo que le faltaba no era saber más, sino ceder el control de su vida. Y eso, para alguien con un perfil muy racional, muy competente, acostumbrado a medir resultados en entornos empresariales, no es fácil.

Cuando empezó a preguntarse qué quería Dios de él —qué significaba todo este proceso, qué cambios implicaba— buscó dirección espiritual. Dio con un sacerdote del Opus Dei y tuvo una conversación que, según cuenta, lo dejó hecho polvo. “Salí de ahí desconcertado. Vine a buscar respuestas y me fui del revés. Me dijo que la voluntad de Dios no era que hagas cosas. Que la voluntad de Dios es conquistar mi corazón. Y yo estaba buscando un business plan con hitos concretos, algo medible que guiara mis pasos con seguridad”.

Esa tensión entre responsabilidad personal para asumir sus obligaciones y abandono en los brazos de Dios es uno de los hilos conductores de su proceso. De la Obra aprendió la cultura del esfuerzo y la responsabilidad y del Camino el amor gratuito de Dios. Sin embargo, la renovación carismática le ayudó a “conseguir integrar la responsabilidad y el abandono. Es muy fácil abandonarse en Dios cuando solo el milagro es posible, cuando una enfermedad no deja otra opción. Lo difícil es abandonar en Dios cosas que crees que dependen de ti”.

Más allá de los debates habitualmente estériles sobre si unos carismas son mejores que otros, quizá lo más razonable es reconocer la absoluta soberanía de la Gracia de Dios, que opera siempre al margen de las clasificaciones, tocando las fibras más íntimas del corazón de cada persona en el momento preciso y de la manera en que decide hacerlo. 

¿Cómo vive ahora?

Tito confiesa que vivió muchos años anclado más en el Antiguo Testamento que en el Nuevo. “Vivía más en la norma de los diez mandamientos que en la alegría de la resurrección”, y ahora confiesa que “vive más en los Hechos de los Apóstoles, los primeros siglos del cristianismo, las cartas de los apóstoles y los padres de la Iglesia”. 

Añade que no está mucho más loco que otros cristianos. “Todos afirmamos creer en la resurrección de Cristo, pero yo hasta hace poco no me daba cuenta de lo que implicaba eso en mi vida”.

Y no deja de ser llamativo que Dios no haya eclipsado la racionalidad que preside habitualmente la vida de Tito, más bien la ha potenciado: desde entonces lee la Escritura y el Catecismo con más atención; ha leído a santa Teresa y San Ignacio de Loyola, el Kempis y otros clásicos de espiritualidad. 

Hoy Tito va a alabanzas los martes con su mujer. Tiene tres hijos y espera el cuarto. Acaba de aceptar una nueva oferta de trabajo. Y cuando habla de Jesucristo en conversación corriente, ya no le suena raro.

Treinta y seis años no son un retraso. Son, a veces, el tiempo permitido por la Providencia para derramar su Gracia.


Disponible en Amazon, y gratuitamente en versión electrónica Apple Books, Google Play y Kindle

El milagro de la nieve

El «milagro de la nieve» que hoy recuerda Santa María la Mayor

特蕾莎·阿瓜多·佩尼亚

教皇圣母升天城堡

教宗在《圣母升天》中歌颂爱与灵魂的纯洁。

Omnes 编辑部

Eclipse

玛丽亚、日食和爱情的盲目

安东尼奥·莫雷诺

Merydemaría

MerydeMaria, joyas católicas de una joven emprendedora: «La Virgen María es la protagonista absoluta»

特蕾莎·阿瓜多·佩尼亚

Coronación de la Virgen

El día que el Cielo se quedó sin aliento

帕洛玛·洛佩兹·坎波斯

verano

纽约最佳餐厅能教会你什么,才能在夏天更快乐

哈维尔·加西亚·埃雷里亚

灵性导师

“灵性导师最多只能提出建议和提问,但最终的决定权在被指导者手中。”

哈维尔·加西亚·埃雷里亚

阿雷利亚诺·托雷西乌达德

在等待梵蒂冈的决定期间,亚历杭德罗·阿雷利亚诺主教将主持在托雷西乌达举行的家庭日活动。

哈维尔·加西亚·埃雷里亚

victimismo

受害者陷阱:为什么信徒会觉得自己比实际遭受的迫害更多?

哈维尔·加西亚·埃雷里亚

耶稣基督的诫命

«《耶稣基督的诫命》,一颗小小的灵性宝石

哈维尔·加西亚·埃雷里亚