Una mirada católica a la actualidad

Veinte años de la Consagración del mundo a la Divina Misericordia

La Consagración del mundo a la Divina Misericordia realizada por Juan Pablo II hace dos décadas ha acrecentado con fuerza la devoción impulsada por santa Faustina Kowalska.

奥姆内斯

18 de 8 月 de 2022

Foto: Santuario de la Divina Misericordia. ©Aleksandr Petukhov

«Dios, Padre misericordioso […] a Ti confiamos hoy el destino del mundo y de cada hombre» -dijo Juan Pablo II hace 20 años en Cracovia. Este evento tuvo una dimensión global. Y no ha perdido su relevancia.
El actual Santuario de la Divina Misericordia en Cracovia-Łagiewniki es el lugar donde vivió y murió Sor Faustina Kowalska durante los últimos años de su vida. Sus restos mortales están enterrados allí. A través de esta sencilla monja, el Señor Jesús recordó al mundo su misericordia.

Un mensaje oportuno

En agosto de 2002, el Papa Juan Pablo II vino a Polonia por última vez. Uno de los principales objetivos de su viaje fue la consagración de un nuevo santuario, ya que la antigua y pequeña iglesia ya no era suficiente para la multitud de peregrinos que llegaban allí. El 17 de agosto, una multitud de fieles se reunió en el santuario y en el amplio recinto del mismo.

«¡Cuánto necesita el mundo de hoy la misericordia de Dios! En todos los continentes parece surgir un grito de misericordia desde las profundidades del sufrimiento humano. Donde hay odio, deseo de venganza, donde la guerra trae dolor y muerte a los inocentes, se necesita la gracia de la misericordia que calma las mentes y los corazones humanos y genera paz. Donde hay una falta de respeto por la vida y la dignidad humana, se necesita el amor misericordioso de Dios, a la luz del cual se revela el valor indecible de cada ser humano. La misericordia es necesaria para que toda injusticia en el mundo encuentre su fin en el esplendor de la verdad», dijo entonces el Papa enfermo. ¡Cuán relevantes son estas palabras hoy en día!

«Por eso hoy, en este Santuario, quiero hacer un acto solemne de encomendar el mundo a la misericordia de Dios. Lo hago con el ferviente deseo de que el mensaje del amor misericordioso de Dios, proclamado aquí a través de sor Faustina, llegue a todos los habitantes de la tierra y llene sus corazones de esperanza. Que este mensaje se extienda desde este lugar a nuestra querida patria y al mundo entero», con estas palabras Juan Pablo II expresó el propósito de consagrar el mundo a la misericordia de Dios.

Unas palabras enigmáticas

También recordó las misteriosas palabras del Diario de santa Faustina en las que señala que de Polonia ha de salir «la chispa que preparará al mundo para la venida final de Cristo» (cf. Diario, 1732). Juan Pablo II también nos dejó a todos una tarea: «Hay que encender esta chispa de la gracia de Dios. Es necesario transmitir el fuego de la misericordia al mundo. En la misericordia de Dios, el mundo encontrará la paz y el hombre la felicidad. Os confío esta tarea a vosotros, queridos hermanos y hermanas, a la Iglesia de Cracovia y de Polonia, y a todos los devotos de la misericordia de Dios que vienen aquí de Polonia y de todo el mundo. Sed testigos de la misericordia».

El Papa de la misericordia

La difusión del culto a la Divina Misericordia es uno de los frutos del pontificado del Papa polaco. Era, por así decirlo, una prolongación de la labor que había iniciado como metropolitano de Cracovia. En ese momento, encargó un análisis del «Diario» a efectos del proceso de beatificación de Sor Faustina. Esto requería un análisis diligente porque la Santa Sede había prohibido la difusión del culto a la Divina Misericordia según las formas transmitidas por Sor Faustina en 1959. La prohibición se retiró en 1978, incluso antes de la elección de un Papa polaco.

El cardenal Wojtyla cerró el proceso en la etapa diocesana. Ya como Papa, Juan Pablo II declaró a Sor Faustina beata y luego santa. El día de su canonización, en abril de 2000, estableció para toda la Iglesia la fiesta de la Divina Misericordia, fijada para el primer domingo después de Pascua. Anteriormente, esta fiesta ya se celebraba en Polonia. Juan Pablo II también contribuyó a difundir la devoción a la misericordia de Dios mediante la publicación de la encíclica Dives in misericordia en 1980.

La entrega del mundo a la misericordia de Dios en 2002 fue, por así decirlo, el toque final para recordar este mensaje a la Iglesia y a todos los hombres. No es casualidad que Juan Pablo II falleciera el sábado, la víspera de la fiesta de la Divina Misericordia.

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