Una mirada católica a la actualidad

Primera Comunión

Cómo de nervioso está Jesús también! Lleva diecinueve años esperando esta primera comunión.

加布里埃尔·佩雷斯-米兰达

5 de 5 月 de 2026

Es ilusionante (qué palabra, es un vendaval) ir a la primera Comunión de un amigo de la uni. Te reconcilia con la realidad.

Las mejores historias no llenan telediarios. Las mejores noticias son, precisamente, las que nadie cuenta. Las de fuera de foco. Y no nos damos cuenta cuando, a veces, pasan por la puerta de al lado. Pero son las que más falta hacen. Por eso, érase una vez la primera Comunión de Diego, a los diecinueve años.

Ahí está Diego nervioso, mientras entramos al aparcamiento, decidiendo si terminar de trepar las escaleras de la iglesia (es la hora ya) o bajarlas rápido para saludarnos. El sacerdote le llama, tiene que pasar, y nos hace un gesto con la mano mientras sube corriendo. Él juega de titular hoy. Partido ilusionante.

Del otro lado, Jesús. ¡Cómo de nervioso está también! Lleva diecinueve años esperando, y ya por fin. Me lo imagino como un partido de fútbol: Jesús sabe que sale de suplente revulsivo, cuando llegue la consagración. Y está calentando a conciencia, como el jugador confiante en que va a marcar el gol decisivo.

Ilusionante, confiante, que no ilusionado ni confiado. El participio activo es mil veces mejor que el participio pasivo.

Ahí estamos nosotros, repartidos en los bancos, rezando por Diego. A veces, cuando juega tu equipo y lo ves por la tele, involuntariamente te sale un movimiento del cuerpo como intentando acompañar un cabezazo de tu delantero o una estirada de tu portero. Y nadie te quita el convencimiento de que has ayudado a marcarla, a pararla. Todos a una.

Y todos ya nerviosos, porque se acerca el final de la Misa, prácticamente el descuento. Son esos minutos tensos. Hasta el gol.

Todo se estremece: Diego recibe a Dios.

Jesús y Diego corren a celebrar, se felicitan, agitan los puños, se abrazan. Todo el mundo festeja, es la felicidad máxima. Diecinueve años de espera, y al fin este equipo lo ha conseguido. Nada de lo que se reza se pierde. Diego ha comulgado, por primera vez.

Una conversión es como un gol. Y los goles se celebran con toda la afición. Qué locura poder comulgar. Qué ilusionante, cada vez. Cada Comunión.

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