Una mirada católica a la actualidad

Líderes cristianos de Tierra Santa condenan la idea de continuar la guerra “hasta la victoria”

El patriarca de Jerusalén, el cardenal Pizzaballa, denuncia en una importante carta pastoral que la violencia se haya aceptado como el modo de resolución de conflictos

何塞·玛丽亚·纳瓦尔波特罗

23 de 5 月 de 2026

圣地
Vista de Jerusalén el 14 de mayo de 2026 (OSV News photo / Ilan Rosenberg, Reuters)

“Hoy escuchamos amenazas de que la guerra continuará ‘hasta la victoria’. Nos preguntamos, ¿qué tipo de victoria? ¿La muerte, la destrucción, la desolación? A quienes promueven la guerra como el único camino, les decimos: la guerra no es el camino. Reiteramos nuestro llamado a poner fin al derramamiento de sangre y a la destrucción”. Un conjunto de líderes religiosos de diferentes Iglesias cristianas en Tierra Santa ha hecho pública una carta en la que exigen el fin de la guerra que afecta Israel, Estados Unidos, Líbano, Irán y Palestina.

La carta se ha hecho pública con motivo del aniversario de la Nakba palestina (el fin del Mandato británico en 1948) el 15 de mayo, y la firma un destacado grupo de líderes cristianos, entre los cuales está el patriarca emérito de Jerusalén Michel Sabbah, el arzobispo greco-ortodoxo, y el obispo luterano emérito, entre otros.

El texto recuerda que “si realmente buscamos el fin de la guerra en el Medio Oriente, debemos enfocarnos en el problema central: la difícil situación del pueblo palestino, que viene sufriendo desde 1948. Después de octubre de 2023, la catástrofe que enfrentan se ha intensificado en medio de una guerra en curso en Gaza, librada para borrar a Palestina y a los palestinos. Y la guerra se ha extendido a Cisjordania, el Líbano y más allá”.

“Nuestra Tierra Santa anhela igualdad, justicia y paz. La paz de la que hablamos es una paz que garantiza la libertad y la dignidad de cada ser humano”, subrayan los líderes cristianos.

Pastoral del patriarca Pizzaballa

El texto coincide con algunas de las consideraciones expresadas hace unas semanas, el 25 de abril, por el actual patriarca católico de Jerusalén, el cardenal Pizzaballa en una extensa y clara carta pastoral en la que insistía igualmente en la necesidad de la paz: “Rechazamos toda complicidad con la cultura de la violencia. Venga de donde venga, la violencia nunca es un camino evangélico”.

La larga carta del cardenal, titulada “Volvieron a Jerusalén con gran alegría”, de impacto entre los católicos de Tierra Santa, supone una revisión del estado actual de la Iglesia Católica allí. Sin análisis políticos, el cardenal se muestra firme al condenar la guerra, que obliga a “replantear formas y tiempos de nuestro ministerio” y se pregunta, más allá de “análisis y denuncias necesarias”, “qué nos pide el Señor en este momento”.

El texto señala que el 7 de octubre de 2023 y la posterior guerra en 环形 han cerrado una época. Según el patriarca, para los palestinos este periodo representa “la última y dramática fase de una larga historia de humillaciones y éxodos», mientras que para los israelíes ha supuesto “algo inédito: una violencia que ha revivido los horrores ocurridos en Europa hace ochenta años”. 

El Patriarca denuncia que el uso de la fuerza se haya consolidado como el método principal de resolución de disputas: «Estamos asistiendo al resurgimiento del uso de la fuerza como instrumento considerado decisivo para la resolución de los conflictos… La guerra se ha convertido en objeto de un culto idólatra».

Factores de la crisis actual

他 cardenal Pizzaballa señala algunas consecuencias principales de lo que califica como “caos” que hoy reina en Tierra Santa:

  • Dolor, odio y desconfianza: La carta habla de una “dolorosa deshumanización del otro: cuando este se convierte solo en ‘el enemigo’, todo se vuelve lícito”. “La violencia no ha destruido solo ciudades y hogares, personas y esperanzas: ha marcado las conciencias, ha envenenado el lenguaje público”. Se crea una desconfianza entre todos que hace difícil la reconciliación.
  • Fragmentación y miedo: el cardenal señala un fenómeno preocupante: “la creciente polarización. No solo entre israelíes y palestinos -que conocemos bien-, sino en el interior de ambos tejidos sociales, donde solo se encuentran personas que piensan del mismo modo, que hablan el mismo lenguaje”.
  • Desgaste del lenguaje: para el patriarca, ahora, términos como “diálogo”, “justicia” o “dos Estados” han perdido vigencia en el discurso público.
  • Dificultad del diálogo interreligioso: a consecuencia del conflicto, “los Lugares Santos, que deberían ser espacios de oración, se convierten en campos de batalla identitarios. Se invocan los textos sagrados para justificar la violencia, las ocupaciones y el terrorismo”. Sentencia el cardenal: “Creo que este abuso del nombre de Dios es el pecado más grave de nuestro tiempo”. 

Sin embargo, señala, “el diálogo es nuestra vocación y nuestro destino. Es una de las formas en que nuestra fe se manifiesta y se alimenta”.

Gaza, Palestina e Israel

El patriarca latino pasa revista al estado de diferentes territorios del patriarcado: Gaza, “en una situación de extrema tribulación” y en 巴勒斯坦, donde “la situación se deteriora día a día”; así como en Israel, donde “la sociedad está traumatizada desde el 7 de octubre, y este trauma ha generado recelo hacia todo lo relacionado con el mundo árabe, con la consiguiente desconfianza creciente entre ambas poblaciones”.

Un aspecto relevante de la carta es la mención al uso de la Inteligencia Artificial en el conflicto. El cardenal plantea las implicaciones éticas de la automatización de la guerra: “¿Qué sucede cuando quien decide quién vive y quién muere es una máquina? ¿Qué responsabilidad le queda al hombre?”

El documento concluye con una llamada a la convivencia. «No hay alternativa. Esta Tierra es el hogar de todos», afirma el Cardenal, quien sostiene que la misión de la Iglesia allí debe ser convertirse en espacio de reconciliación.

“Redimir las consecuencias del conflicto – el odio, el miedo, la ‘memoria tóxica’- es la tarea específica y sublime de la Iglesia de Jerusalén para el mundo entero”, apunta. Advierte que “los cristianos de Tierra Santa no son un tercero incómodo, ni un amortiguador neutral entre israelíes y palestinos, ni un grupo separado de sus hermanos no cristianos. Son, más bien, sal, luz y levadura dentro de las sociedades a las que pertenecen de pleno derecho. Comparten la historia, la lengua, las heridas y las aspiraciones de sus pueblos. No están llamados a encerrarse en un enclave protegido, ni a huir, sino a vivir hasta el fondo su vocación: permanecer dentro de la sociedad, compartiendo su destino, para fermentarla desde dentro con una visión del hombre -y de la sociedad- arraigada en el Evangelio”.

El cardenal hace finalmente un llamamiento a la comunidad internacional: “tiene el deber y el derecho de interesarse por Jerusalén, porque es de todos. El corazón del mundo está en Jerusalén y lo que allí ocurre afecta a miles de millones de creyentes”.

“La Iglesia de Jerusalén, pequeña y resiliente, se encuentra viviendo aquí y ahora el estilo de la Jerusalén celestial: ser un lugar acogedor, luz pascual que ilumina las tinieblas del rencor; ser una casa de puertas abiertas, instrumento de sanación en el mundo. Este es su sueño, su misión, su don a la humanidad”, concluye.

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