Vitaminas y minerales (I)

Las vitaminas son micronutrientes que cumplen una función reguladora: por ejemplo, la vitamina C tiene un papel antioxidante, la vitamina D fortalece los huesos, etc. Una dieta variada suele bastar para garantizar su aporte.

Omnes

10 de marzo de 2017

Los micronutrientes son sustancias esenciales para el organismo, pero se requieren sólo en muy pequeñas cantidades. Incluyen las vitaminas y los minerales, ambos con una esencialmente función reguladora, pues ayudan en la metabolización de los otros nutrientes (por ejemplo, son necesarios para que la glucosa se queme y produzca energía). 

En este momento nos referiremos a las vitaminas, dejando a los minerales para un artículo posterior.

Las vitaminas se clasifican en liposolubles (las vitaminas A, D, E, K) e hidrosolubles, que son el resto: las vitaminas B1 o tiamina, B2 o riboflavina, B3 o niacina, B5 o ácido pantoténico, B6 o piridoxina, B12 o cianocobalamina, ácido fólico y vitamina C.

La vitamina C está relacionada con los procesos de óxido-reducción celular, en los que juega un papel antioxidante. 

La vitamina A tiene tanto una función antioxidante como otra de mantenimiento de los epitelios y las mucosas. 

Las vitaminas del grupo B actúan principalmente como reguladoras del metabolismo intermediario de los carbohidratos y de las proteínas. 

Por su parte, la vitamina B12 está relacionada con la síntesis de glóbulos rojos y con la función cerebral. Se encuentra en alimentos de origen animal, y por lo tanto en vegetarianos estrictos puede producirse una carencia. También tienen un cierto riesgo de carencia de vitamina B12 los ancianos y las personas que consumen de forma continuada (durante años) ciertos fármacos como metformina (para la diabetes) y omeprazol (para el estómago); el cuadro clínico es de anemia megaloblástica (llamada así porque los glóbulos rojos son más grandes de lo normal) y alteración del funcionamiento cerebral (demencia), e incluso de parálisis de los miembros.

La vitamina D se forma en la piel por acción de los rayos ultravioleta del sol. Está involucrada en el metabolismo fosfo-cálcico: favorece la absorción del calcio, y ayuda a formar y mantener los huesos fuertes. 

Tiene, además, otras funciones. Por ejemplo, es importante para que los músculos funcionen adecuadamente y así contribuye a reducir las caídas en ancianos; y algunos estudios sugieren que puede ayudar a prevenir la diabetes mellitus, hipertensión y muchos cánceres. 

Asimismo interviene en la función inmunológica, y es capaz de destruir el bacilo de la tuberculosis. Quizás ésta sea la razón por la que a los pacientes con tuberculosis, antes de la era antibiótica, se les exponía al sol. A pesar de todo, alrededor del 35 % de los adultos jóvenes y hasta el 60 % de los adultos de mayor edad presentan deficiencias de esta vitamina. A ello contribuyen la falta de exposición a la luz solar en los meses de invierno (¡a pesar de encontramos en un país tan soleado como el nuestro!), el uso de cremas con factor de protección muy elevado y las dietas bajas en vitamina D. 

Finalmente, la vitamina E es un importante antioxidante, y la vitamina K está involucrada en los procesos de coagulación.

Las fuentes alimentarias de las principales vitaminas se muestran a continuación:

  • Vitamina A: se encuentra en la mantequilla, la yema de huevo, la leche entera y las frutas;
  • Vitamina D: se ingiere con los aceites de pescado, el salmón, el arenque, loa huevos, la leche fortificada y el aceite de hígado de bacalao; también se puede formar en la piel por la acción de los rayos ultravioleta;
  • Vitamina E: la aportan los aceites vegetales, los frutos secos y las verduras;
  • Vitamina K: contenida en vegetales, cereales, carne y leche;
  • Vitamina C: la aportan las frutas (principalmente cítricos) y las hortalizas;
  • Vitaminas del grupo B: se encuentran en legumbres, huevos, cereales, levadura de cerveza;
  • Ácido fólico: vegetales, carne, huevos;
  • Vitamina B12: carne, huevos, pescado, leche.