Meditar sobre la vida de los santos siempre ha sido una riqueza para los cristianos. Su testimonio alienta siempre a mirar hacia arriba, poniendo todo el acento en la obra que Dios va haciendo, a su ritmo, en nosotros. De la mano de dos jóvenes sacerdotes burgaleses y con este convencimiento en el corazón nacen los oratorios.