Una mirada católica a la actualidad

Parroquias renovadas: parroquia y vocaciones

El autor reflexiona sobre la inquietud de las parroquias por las vocaciones sacerdotales.

Juan Luis Rascón Ors

31 de Marzo de 2022

El domingo 20 de marzo celebrábamos el día del Seminario. A día de hoy, en España hay unos 1.200 seminaristas mayores. El número de nuevos sacerdotes por año ronda los 120, que no son suficientes para reemplazar a los sacerdotes que mueren. Podemos hablar de una crisis de vocaciones en España. ¿Es que Dios no llama ya? ¿Es que ha dejado de tener sentido la vida sacerdotal? ¿Es que no logramos transmitir la belleza de la vocación?

Quizá tenemos que pensar en todo eso, y examinarnos. Quizá una Iglesia que parece dedicarse más al activismo social que a una verdadera misión sobrenatural no sea tan atrayente. Pero se puede profundizar más. No disminuyen las vocaciones, disminuye la Iglesia. ¿Qué quiere decir esto?

Sin hacer un estudio demasiado exhaustivo es evidente, en primer lugar, que la población está envejeciendo; se llega a hablar de un suicidio demográfico. Una primera conclusión que podemos sacar es que el número de “candidatos” a recibir la vocación sacerdotal se ha reducido. Hay menos donde elegir. Si en 1950 había en España unos 8.000 seminaristas mayores, también es verdad que aquel año aproximadamente un 20 % de la población (masculina) tenía entre 0 y 19 años; hoy no llega a 10 %. Pero además hay otros factores que se suman a esta escasez de jóvenes. ¿Cuántos matrimonios religiosos había en 1.950, y cuántos hay ahora? ¿Cuántos bautizos? ¿Cuántos divorcios? ¿Cuántas parejas sin casar? El descenso no sólo es demográfico, disminuye también la fe y disminuye la Iglesia, y por eso disminuyen las vocaciones. 

Ahora me atrevo a introducir una perspectiva distinta. Aunque hayamos visto disminuir dramáticamente el número de seminaristas en términos absolutos, a lo mejor la disminución no es tanta en términos relativos. Es decir, el porcentaje de seminaristas con respecto al número de familias cristianas y comunidades de fe vibrantes no solo no ha disminuido, sino que a lo mejor incluso hasta ha aumentado. Lo que ha disminuido, además de la población “candidata”, son las familias cristianas y las comunidades vibrantes. Como la estructura de la Iglesia —diócesis, parroquias— no ha adelgazado, entonces se produce el colapso: no hay suficientes vocaciones para mantener la estructura que tenemos. Pero ¿y si dejamos de preocuparnos por el mantenimiento de la estructura y nos preocupamos de evangelizar? Tenemos y tendremos vocaciones suficientes.

Se oye decir: “¡Hay que buscar vocaciones!”. Vale, pero primero hay que evangelizar.

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