Una mirada católica a la actualidad

El día que no viví el minuto heroico 

Hay muchos y muchas, más de los que se fueron, que hoy también han tenido su minuto heroico viviendo el espíritu del Opus Dei. Otros hemos apagado el despertador y nos hemos dado la vuelta en la cama…, y no pasa nada.

Maria José Atienza

12 de Febbraio de 2025

minuto heroico
Foto: Pexels

No quise levantarme. Mi cuerpo decía que no y esa vez decidí hacerle caso y no. No me levanté cuando sonó el despertador. No viví el minuto heroico, ese que se ha hecho tan famoso. Y no pasó nada.

Nadie me regañó, ni me violentó… ni siquiera me confesé de no hacerlo; porque no es pecado remolonear un día. Porque es eso, la caidita de un día.

La verdad es que yo me levanto a las 6:30 a.m. para hacer deporte. También intento hacer oración por las mañanas, pero mi falta de diligencia aquel día podía haber sido más terrible para el deportista comprometido que para el cristiano medio, sea o no del Opus

Una vez más, esta institución de la Iglesia vuelve a ser tema de postre.

Y no digo que no haya quien se haya sentido abandonado, herido (y no sin razón) dentro de la Obra, o de los carmelitas o de los camalduenses.

El pecado es así de terrible: las heridas que deja -en uno mismo y en el prójimo-, son incontrolables. Como dice el Papa Francisco: «el pecado corta siempre, separa, divide». Las personas a las que, a lo largo de nuestra vida, con o sin intención, hemos tratado o juzgado mal, muchas veces no logran sanar sus heridas y por ello, siempre hemos de pedir perdón. A ellas si tenemos la posibilidad, y sobre todo y siempre, a Dios.

Yo conozco mucha gente del Opus Dei, que sigue y vive cada día feliz y contenta. Célibes y no célibes. Que se mortifican (sí, porque eso es patrimonio común de la Iglesia) y que mete la pata. De los que conozco del Opus, hay unos pocos que me caen sinceramente mal – para qué lo voy a negar-, y hay muchos otros a los que puedo contar entre mis amigos más leales. 

Conozco también mucha gente que fue del Opus y se largó de la institución con calma y paz. Otras no.

Otras personas, a las que también quiero, salieron heridas porque faltaron explicaciones y entendimientos; porque realmente no tenían vocación y hubo quien no entendió que la entrega siempre es a Dios y no a sus obras, como decía el cardenal Van Thuan; porque se vivía de otro modo y chocaron la sensibilidad de unos y – a veces- el rigorismo de otros…, por mil razones. Porque razones hay siempre: para perserverar, y para dejarlo. 

Y he visto, entre muchas de esas personas que dejaron la Obra y quienes viven su espíritu a diario, una postura de diálogo, de sanación, de reparación si era necesario, que ha puesto en orden muchas ideas y restañado heridas en sus corazones. Incluso no pocas de estas personas han vuelto a vivir su vida cristiana siguiendo las enseñanzas de san Josemaría Escrivá

Hay muchos y muchas, más de los que se fueron, que hoy también han tenido su minuto heroico viviendo el espíritu del Opus Dei. Otros, como yo, hemos apagado el despertador y nos hemos dado la vuelta en la cama…, y no pasa nada. 

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