Una mirada católica a la actualidad

La valentía de anunciar la verdad. Domingo XX del tiempo ordinario (C)

Joseph Evans nos comenta las lecturas del domingo XX del tiempo ordinario (C) correspondiente al día 17 de agosto de 2025.

Joseph Evans

14 de Agosto de 2025

La primera lectura de hoy nos presenta al profeta Jeremías metido hasta la cintura en el barro tras haber sido arrojado a un pozo sin agua: “Jeremías se hundió en el lodo del fondo, pues el aljibe no tenía agua”. ¿Qué había hecho para merecer esto? A menudo se describe al pobre Jeremías como el profeta que se queja y, en su defensa: tenía mucho de qué quejarse. Tenía una misión muy dura: advertir a Israel que se arrepintiera, pues de lo contrario sería invadido por los babilonios, la gran potencia de la época, y Jerusalén sería destruida. Sin embargo, el pueblo se negó a escucharle, la invasión se produjo y Jerusalén quedó reducida a escombros.

Jeremías no era perfecto y tenía algunas rabietas, pero cumplió fielmente su misión. Dijo lo que Dios le dijo, advirtió al pueblo. Pero fue víctima de lo que suele suceder a los que dicen la verdad, y que de hecho también le sucedió a Nuestro Señor Jesús: sus palabras fueron tergiversadas. En lugar de escucharle y tomarse a pecho su advertencia, la gente prefirió tergiversar lo que decía precisamente para no convertirse. Un hombre, una mujer, que sigue las leyes de Dios y dice lo que Dios quiere que diga, provocará necesariamente una reacción hostil, porque el diablo se encargará de suscitar oposición.

El Evangelio nos habla del celo de Cristo por salvar almas, un celo que debemos compartir. También nosotros debemos arder en el amor de Dios. Pero Jesús nos advierte que esto provocará resistencias, e incluso divisiones en las familias. Jesús es el Príncipe de la Paz, pero Satanás es precisamente el Adversario (que es lo que significa la palabra “Satanás”). No es Jesús quien provoca la división sino aquellos que, movidos por el diablo, se resisten a la gracia y a la verdad de Cristo. No debemos ser ingenuos. Podemos y debemos presentar la fe de la forma más atractiva posible, pero siempre habrá personas que la rechacen, incluso dentro de nuestras propias familias. A veces pensamos: “si tan sólo pudiera explicar las cosas razonablemente, la gente entraría en razón”. Pero nos olvidamos del diablo y de su acción. El diablo no es razonable.

Necesitamos valor para hablar claro, para decir la verdad, pero siempre conscientes de nuestras limitaciones y de que, con la mejor voluntad del mundo, podemos actuar o hablar de forma torpe. Pero, en general, si vivimos bien nuestra fe, atraeremos a la gente, que verá nuestra bondad y nuestra misericordia. Sin embargo, Jesús fue el hombre más misericordioso que ha existido y es también el que ha provocado más resistencia.

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