Una mirada católica a la actualidad

La gran JMJ que nos espera

Jóvenes y mayores podemos vivir la Jornada Mundial de la Juventud, la JMJ, abriendo los oídos a las palabras que el Santo Padre nos va a dar y el corazón a lo que el Espíritu Santo nos dirá a través de él.

Antonio Moreno

1 de Agosto de 2023

jmj

La celebración, esta semana, en Lisboa, de la Jornada Mundial de la Juventud despertará, en muchos, sentimientos de nostalgia. ¡Quién volviera a tener 20 años! Pero, pensándolo bien, ser joven no es para tanto.

La eterna juventud es uno de esos ídolos con pies de barro que, desde que el hombre es hombre, ha engañado, humillado y esclavizado a millones de personas. Querer ser lo que no se es convierte al individuo en una veleta incapaz de dirigir el rumbo de su vida pues dependerá para todo de la opinión de los demás. La obsesión por parecer jóvenes, por no cumplir años, tiene mucho que ver con el miedo a la muerte propio de una cultura que ha enterrado esta realidad humana para evitar la pregunta trascendente, y con el miedo a ser rechazado propio de una sociedad materialista y pansexualizada que prima el atractivo físico sobre el resto de cualidades de la persona. ¡El miedo a envejecer es miedo a vivir!

No estoy de acuerdo con esa opinión generalizada de que la juventud es la mejor época de la existencia, porque los jóvenes también sufren cada uno por lo suyo. Desde la perspectiva que me da mi casi medio siglo de vida puedo decir que cada etapa puede ser maravillosa si nos adaptamos racionalmente a las particularidades de cada tramo de edad, sin saltarnos pasos ni quedarnos estancados. En cada momento hay ventajas e inconvenientes.

La feliz inconsciencia de la infancia suele venir acompañada por complejos o traumas; la brillante primavera de la adolescencia y juventud viene con la consiguiente crisis afectiva; la edad adulta, en plenitud física y mental, trae consigo la dureza de los inicios de la vida laboral y familiar; en la madurez, cuando uno parece tener ya la vida controlada, vienen los problemas con los hijos; y cuando llega la edad de la jubilación y uno empieza a tener tiempo para sí y para disfrutar de sus aficiones, vienen también los primeros achaques.

¿Y después? Pues los segundos, terceros y cuartos, pero también la serenidad y el disfrute que la sabiduría ofrece ante los pequeños detalles de la vida. ¡Cuánta alegría y esperanza he visto en los mayores que, desde la fe, esperan sin miedo el futuro que aguardan y que no tiene fin!

Entonces, ¿cuál es la mejor época? Aquella en la que uno acepta todo lo que le viene con gratitud, tanto lo bueno, como lo que nos parece malo. Porque Dios está siempre presente, acompañándonos, alegrándose con nosotros y sufriendo a nuestro lado. Y es que, como nos recuerda el Concilio, «el hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre». Esto es, con todo bebé, con todo niño, con toda adolescente, con todo joven, con toda mujer adulta o madura, con todo anciano…

Estamos llamados a santificar junto a Él cada momento de nuestra vida, con sus riquezas y carencias, con sus virtudes y sus defectos. La felicidad consiste en ser capaces de elevar cada etapa a nivel Dios, como hizo Jesús.

Así que, jóvenes que os preparáis para vivir la JMJ, aprovechad el momento, abrid los oídos a las palabras que el Santo Padre os va a dar y el corazón a lo que el Espíritu Santo os dirá a través de él. No tenéis que esperar a mañana, no tenéis que esperar a crecer para llegar a la plenitud de la vida ni de la felicidad. Ahora es una oportunidad única, no la tiréis por la borda.

¿Y los que ya no somos jóvenes? ¿Nos vamos a quedar arrinconados como pretenden algunos haciéndonos sentir culpables de cumplir años? ¿O vamos a hacer el ridículo convirtiéndonos en eternos adolescentes? ¡Nada de eso! Aprovechemos también la oportunidad que nos da el momento vital en el que nos encontremos cada uno.

Y los que llegan a mayores, no pierdan la esperanza. Que busquen la voz de Dios detrás de cada arruga, de cada dolor de rodilla, de cada pelo que se les caiga o se les blanquee. Son la preparación para celebrar el mejor y más multitudinario encuentro mundial de la historia, son señales de la convocatoria a la gran JMJ que nos espera, en la que empezaremos ya todos juntos a vivir en la eterna juventud.

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