Una mirada católica a la actualidad

Globalizar la solidaridad: ética y humanidad en la política internacional

“Globalizar la solidaridad” propone un enfoque humanista de la política internacional, centrado en la ética, la dignidad humana y la cooperación frente a los desafíos globales.

Redacción Omnes

19 de Gennaio de 2026

Globalizar la solidaridad

«Globalizar la solidaridad. Ética política internacional» es fruto de la experiencia y reflexión personal del autor tras diez años como Jefe de Estudios de la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores (España). Por su formación filosófica y teológica (fue, además, profesor en  la Univ. Eclesiástica S. Dámaso de Filosofía y en el CEU S. Pablo de Doctrina Social de la Iglesia), más sus estudios y práctica profesional en Relaciones Internacionales, resulta un volumen interdisciplinar de pensamiento humanista muy inspirado en la visión social católica. Aunque propiamente no se trata de un estudio teológico sino de reflexión teórica e historia de la Política Internacional. 

El resultado es un volumen sugerente y estimulante para abordar el análisis y el estudio del panorama internacional -y más hoy- desde claves como la ética, la solidaridad, la dignidad personal y la unidad del género humano, tan queridas para la tradición occidental y cristiana. A lo que se añade una visión más esperanzada y moderadamente optimista de lo habitual. En este sentido, siempre sitúa en el centro a la persona y su intrínseca dimensión trascendente como fundamento del posible abordaje conjunto de los retos planteados a la comunidad humana global, en continuidad con la tradición hispánica de la Escuela de Salamanca e hitos posteriores. 

Promover la paz

En este orden, se desarrolla con cierto detalle dos ideas subrayadas por San Juan Pablo II (la globalización de la solidaridad) y por el Papa Francisco (la cultura del encuentro). Sobre estos dos ejes pivota la obra. Digamos que inspirada en ellas, desarrollo sus fundamentos desde las ciencias humanas y sociales. Hace pocas semanas Susana Tamaño, la exitosa escritora italiana, urgía a los intelectuales a respaldar el propósito de León XIV de promover una paz “desarmada y desarmante” y esta monografía es un buen ejemplo.

Si nos atenemos a la etimología por solidaridad hemos de entender aquello que es sólido, lo que es compacto. Y en esa dirección debiera apuntar la globalización (mundialización en francés) para construir una comunidad humana global más cohesionada de cara a los grandes retos que se le presentan: IA, cambio climático, migraciones masivas, graves tensiones bélicas, etc. No se puede dejar de citar el interesante capítulo inicial, en el que se enmarca el constante deseo histórico de unidad del género humano desde la Antigüedad clásica hasta nuestros días (gobernanza global, democracia planetaria, etc.) junto con la acertada mención a la tradición hispánica -que fue una concreción del proyecto de monarquía universal soñado por Dante- e inspirado en una visión antropológica más equilibrada que la luterana y protestante adoptada posteriormente por el mundo anglosajón.

La razón moral frente a los desafíos globales

El camino propuesto en esta obra es el ejercicio de la razón moral frente a la mera razón técnica (diagnóstico que ya señaló la Escuela de Frankfurt) y, frente a una concepción pesimista fruto de la comprensión del orden mundial como el ámbito del caos, el poder, la violencia o la amoralidad. Se plantea un «idealismo sin ilusiones» (en afortunada expresión de G. Weygel, biógrafo de S. Juan Pablo II) que ofrece una mejor razón de la política internacional que el puro realismo (Realpolitik) o el voluntarista idealismo utópico.

No se queda el libro en meras ensoñaciones ilusorias sino que argumenta con éxito y demuestra con hechos históricos que esta apuesta de comprensión de la compleja política global es más correcta, más acertada, y que, además, permite afrontar con moderado y cauto optimismo el futuro de la Humanidad y del planeta. No se trata en este caso de buenos deseos sino de constatar que la comunidad humana posee recursos éticos, ya comprobados y puestos en juego en el pasado reciente, que le pueden permitir actuar conjuntamente de cara a ciertos retos inquietantes. En este orden de cosas, se expone con acierto la evolución positiva del desarrollo humano, concebido ahora como integral, la mayor sensibilidad hacia la necesidad de la paz y las necesarias limitaciones de las guerras (ius ad/in bellum), la relevancia de la solidaridad internacional o el papel pacificador de las diferentes culturas, religiones y cosmovisiones -en especial de la occidental-. En definitiva, razones se ofrecen de peso para ver algo de luz en un panorama internacional que, a menudo, se nos presenta demasiado sombrío y convulso.

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