A Catholic perspective on current events

La luz al final del tĂșnel

En Estados Unidos se percibe una nueva normalidad, debido principalmente a los programas de vacunación masiva. La respuesta de la Iglesia estå siendo tremendamente solidaria, y busca maneras para que los feligreses vuelvan con total tranquilidad a los templos.   

Gonzalo Meza

23 de February de 2021

Foto: Marlon Nartea/ Unsplash

En Estados Unidos ya se ve la luz al final del tĂșnel. A mediados de enero del 2021, la curva epidemiolĂłgica iniciĂł su descenso en Estados Unidos. Algo que no habĂ­a sucedido desde septiembre. Ello se atribuye primordialmente al programa de vacunaciĂłn masiva que se ha estado implementando (con sus pros y contras).

La gestiĂłn para la investigaciĂłn y fabricaciĂłn de la vacuna fueron parte de la estrategia del expresidente Trump. Esta iniciĂł en la primavera del 2020 con la operaciĂłn “Operation Warp Speed” coordinada por el ejecutivo federal y ejecutada por  el Departamento de Defensa, el de Salud y Servicios Sociales asĂ­ como otras agencias del gobierno.

Bajo este programa se otorgaron apoyos econĂłmicos para la investigaciĂłn en la vacuna contra el Covid-19 y se preveĂ­a tener 300 millones de dosis para inicios del 2021. A mediados de febrero del 2021 se han administrado mĂĄs de 50 millones de dosis en los EE. UU. Y el ritmo de vacunaciĂłn sigue aumentando.

Dos programas de estĂ­mulo

Otra parte fundamental de dicha estrategia implementada por el exmandatario norteamericano, en conjunción con el Congreso, fueron dos programas masivos de estímulo económico: por un lado, el programa de ayuda económica de emergencia y cuidado médico para familias y empresas afectadas por el Coronavirus (CARES Act, por sus siglas en inglés), aprobado en marzo del 2020. Y por otro, la Ley de Asignaciones Suplementarias (Consolidated Appropriations Act), aprobado en diciembre del 2020.

CARES es un estímulo económico de 2.2 billones dólares el cual incluyó 300 mil millones en forma de estímulo económico para los contribuyentes fiscales. Eso se tradujo en un cheque de 1,200 dólares que recibieron la mayor parte de los ciudadanos norteamericanos que presentaron su declaración de impuestos el año fiscal precedente. El programa también incluyó un fondo de 350 mil millones de dólares (luego se incrementaría a 669 mm) en forma de préstamos para las empresas.

El segundo programa de ayuda masivo fue la Ley de Asignaciones. Se trata de una ley de apoyo econĂłmico de 2.3 billones de dĂłlares, el cual combina 900 mil millones en estĂ­mulos econĂłmicos para los adultos contribuyentes fiscales y 1.4 billones en gastos gubernamentales en los tres niveles de gobierno. Este programa incluye un segundo estĂ­mulo econĂłmico para los contribuyentes de 600 dĂłlares. Como en el primer estĂ­mulo, este estĂ­mulo puede ser mayor o menor dependiendo de varios factores entre ellos los ingresos y el nĂșmero de dependientes econĂłmicos. 

La generosidad de los fieles

La pandemia tambiĂ©n afectĂł severamente la economĂ­a de las parroquias, las cuales dependen de la generosidad de los feligreses. Algunas tuvieron que reducir su personal y recortar gastos y eliminar proyectos. El golpe econĂłmico fue drĂĄstico pero no tan severo como en otros paĂ­ses, esto debido a la ayuda que algunas parroquias recibieron  del gobierno federal bajo CARES.

El apoyo econĂłmico gubernamental ha incluido a empresas y corporaciones, y por ello muchas denominaciones cristianas, incluyendo algunas diĂłcesis catĂłlicas, recibieron fondos que tenĂ­a como finalidad evitar despidos masivos en las empresas. A pesar de la crisis econĂłmica que afectĂł a la Iglesia catĂłlica norteamericana, esta nunca dejĂł de atender a la poblaciĂłn mĂĄs vulnerable.

Durante la pandemia, la Iglesia se movilizĂł para distribuir una cantidad mayor de alimentos y recursos para la poblaciĂłn desfavorecida y nuevos desempleados a causa del COVID. Esto se hizo a travĂ©s de sus cientos de centros de ayuda manejados por la Catholic Relief Services (que forma parte de Caritas) y organizaciones de caridad como San Vicente de Paul. 

ÂżY cuĂĄl fue la respuesta de la Iglesia?

En EE. UU., como en otros países, las iglesias cerraron sus puertas. En unos estados, como Georgia o Texas, el cierre duró solo unas semanas. Posteriormente se volvieron a abrir bajo rigurosas medidas sanitarias y límite de aforo. En otros estados, como California o New York, los lugares de culto se mantuvieron cerrados durante meses, y aunque en esos lugares se permitió abrir algunos negocios considerados “esenciales” (incluyendo las tiendas de venta de licor) las iglesias no lo pudieron hacer y cuando se les permitió, el límite máximo impuesto fue absurdamente reducido.

Dos casos paradigmĂĄticos se observaron en San Francisco, CA y Brooklyn, NY.  Aunque la catedral de San Francisco, Santa MarĂ­a de la AsunciĂłn, tiene  capacidad para acoger fĂĄcilmente hasta mil personas (bajo los protocolos sanitarios y de distanciamiento), la alcaldesa de esa ciudad solo permitiĂł el culto en los recintos religiosos hasta el 25% de su capacidad y teniendo como lĂ­mite mĂĄximo 25 personas. Ello provocĂł que muchas iglesias protestantes cristianas manifestaran su inconformidad y llevaran el caso hasta los tribunales de la Corte Suprema de la NaciĂłn.

En defensa de la libertad de culto

El 5 de febrero del 2021, la Corte dictaminĂł eliminar la prohibiciĂłn de llevar a cabo ceremonias religiosas dentro de los lugares de culto en California. La Corte considerĂł que las medidas implementadas, entre otros, por el gobernador Gavin Newson, violaban el libre ejercicio de la religiĂłn, el cual estĂĄ amparado en la primera enmienda de la constituciĂłn. Un caso similar se dio en Brooklyn, NY.

En noviembre del 2020, el obispo de esa diócesis, Nicholas DiMarzio, protestó porque el estado prohibió las ceremonias religiosas que tuvieron mås de 10 personas (podían ser hasta 25 en sitios grandes). También en ese caso, la Corte Suprema falló en contra de las restricciones impuestas por el estado de Nueva York pues se consideró que dichas medidas constituían una violación de la libertad religiosa. Y así volvieron en esas jurisdicciones eclesiåsticas, las iglesias reabrieron sus puertas siguiendo siempre las indicaciones y protocolos sanitarios y de distanciamiento.

Con la tecnologĂ­a y el ingenio

A pesar de los cierres de las iglesias, la Iglesia se sirvió de la tecnología y el ingenio para llevar a Dios a todos los rincones del país. De esa forma, cada casa y habitación se pudieron convertir en iglesias domésticas. Cada parroquia, desde el lugar mås remoto hasta las mås importantes megalópolis norteamericanas transmitieron misas, rosarios, devociones y grupos de oración en diversas plataformas como Youtube o Facebook. Otras tantas hicieron convenios con las radios o televisoras locales para transmitir la misa dominical. Las clases de catecismo, de formación en la fe, de Biblia, las reuniones parroquiales fueron por Zoom u otras plataformas.

Y aunque no es lo ideal, sĂ­ sirviĂł como un alivio temporal y una forma de descubrir la evangelizaciĂłn por medio de la tecnologĂ­a.  En este tiempo tambiĂ©n aflorĂł el ingenio y varias iniciativas. En algunos lugares los grandes estacionamientos de las parroquias se convirtieron en iglesias al aire libre, en donde se montaron escenarios y plataformas con bocinas para asistir a Misa sin salir del auto. Estos altares se usaron no solo para misas sino para diferentes devociones como la adoraciĂłn al SantĂ­simo.

Hacia la nueva normalidad

Las parroquias de los EE. UU. poco a poco irĂĄn regresando a lo que es la nueva normalidad. Aunque en la mayor parte de las diĂłcesis americanas, los obispos han mantenido desde marzo del 2020 la dispensa de la obligaciĂłn de asistir a misa dominical, algunas jurisdicciones ya la han levantado parcialmente y han fomentado a su feligresĂ­a a regresar a las parroquias al menos para la misa dominical (siempre y cuando se trata de adultos sanos que no presenten riesgos graves de contagio).

A pesar de esto, muchos aun se muestran reticentes a salir de sus casas. Una de las tareas que tendrĂĄ la iglesia aquĂ­ y en otros lugares, una vez que la pandemia se controle, serĂĄ el traer de vuelta a los feligreses a las parroquias. Las dispensas no serĂĄn perpetuas y al final de cuentas el verdadero culto divino y por ende los sacramentos no pueden ser sino fĂ­sicamente, en persona. 

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