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El contexto importa: La misión de la Madre Teresa en Calcuta

El nombre de la Madre Teresa de Calcuta, antaño sinónimo de santa compasión, se ha convertido en las últimas décadas en objeto de un intenso escrutinio. Aunque no estuvo exenta de defectos, reducir a la Madre Teresa a unas acusaciones entraña el riesgo de pasar por alto el profundo impacto que ella y su comunidad han tenido en millones de personas.

Omnes Editorial Staff

22 de March de 2025

Madre Teresa
La Madre Teresa de Calcuta (Foto CNS / cortesĆ­a MotherTeresaMovie.com)

En el corazón de Vilna (Lituania), en la calle Šv. Stepono 35, las Misioneras de la Caridad gestionan un comedor modesto pero esencial. Tres veces a la semana, las puertas se abren para acoger a las personas sin hogar y hambrientas, ofreciéndoles no sólo una comida, sino un momento de dignidad. Desde hace años, invito a mis amigos a colaborar conmigo en esta obra de servicio. Algunos aceptan con entusiasmo, mientras que otros dudan, a menudo enarcando una ceja cuando se enteran de que el centro estÔ dirigido por la orden fundada por la Madre Teresa de Calcuta.

Su nombre, antaƱo sinónimo de santa compasión, se ha convertido en las Ćŗltimas dĆ©cadas en objeto de un intenso escrutinio. Sus crĆ­ticos, entre los que destaca Christopher Hitchens en ā€œHell ‘s Angelā€ (1994) y ā€œThe Missionary PositionĀ» (1995), la acusan de malversar fondos, prestar una atención mĆ©dica deficiente y glorificar el sufrimiento en lugar de aliviarlo. El peso de estas acusaciones, amplificado por los medios de comunicación modernos, ha moldeado la percepción pĆŗblica, llevando a algunos a cuestionar la integridad de su misión.

Sin embargo, un examen mÔs detenido revela una realidad mÔs compleja. Aunque la Madre Teresa no estuvo exenta de defectos, reducir todo su legado a una lista de acusaciones entraña el riesgo de pasar por alto el profundo impacto que ella y su comunidad han tenido en millones de personas. Las Misioneras de la Caridad continúan su labor en algunas de las zonas mÔs desamparadas del mundo, a menudo sin fanfarria y en condiciones que pocos soportarían.

Este artículo no estÔ escrito desde la admiración ciega, sino desde el compromiso con la verdad. ¿Hasta qué punto se sostiene la crítica? ¿Y justifica el escepticismo que ahora rodea su nombre? Al explorar estas cuestiones, también reconocemos a las miles de hermanas que llevan a cabo su misión hoy en día, incluidas las de Vilna (Lituania), cuyo trabajo diario desafía silenciosamente la narrativa de la mera controversia.

La naturaleza del trabajo de la Madre Teresa

Un malentendido clave es la creencia de que la Madre Teresa dirigía hospitales. Las Misioneras de la Caridad, la orden que fundó, no gestionan hospitales, sino hogares para moribundos, comedores sociales, dispensarios, orfanatos y centros para personas sin hogar, discapacitados y víctimas de catÔstrofes. La distinción es crucial. Los hospitales se centran en tratamientos curativos, mientras que los hospicios ofrecen consuelo y dignidad a los moribundos. Según lo establecido por el Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE.UU., los cuidados paliativos son para aquellos con enfermedades terminales cuyos médicos creen que les quedan seis meses o menos de vida.

Cuando la Madre Teresa abrió su primer hospicio en 1952, aĆŗn no existĆ­an los cuidados paliativos modernos. El primer hospicio moderno (que incluĆ­a cuidados paliativos) no fue fundado hasta 1967 por la enfermera britĆ”nica Cicely Saunders. El propio tĆ©rmino ā€œcuidados paliativosā€ no se acuñó hasta 1974, y la Escalera AnalgĆ©sica en Tres Pasos de la OMS, que estandarizaba el tratamiento del dolor, no se introdujo hasta 1986, 34 aƱos despuĆ©s de que la Madre Teresa hubiera comenzado su labor.

La labor de la Madre Teresa debe entenderse en el contexto de la India posterior a la independencia, que sufría los efectos devastadores de la partición civil, el colapso económico y la pobreza generalizada. Calcuta se enfrentaba a un grave declive económico, con el cierre de las principales industrias, lo que provocó un desempleo masivo y la falta de vivienda. Muchos de los moribundos a los que atendió ya habían sido rechazados por los hospitales.

La antigua Madre Superiora de las Misioneras de la Caridad, Sor Mary Prema Pierick, aclara el asunto diciendo: ā€œLa Madre nunca tuvo hospitales; tenemos hogares para los que no son aceptados en el hospital… La atención de las hermanas y los voluntarios se centra en alimentar y vendar, porque muchos llegan con heridasā€.

Lejos de dirigir ā€œprisiones mĆ©dicasā€, la Madre Teresa proporcionaba cuidados cuando nadie mĆ”s lo hacĆ­a. Su misión nunca consistió en curar enfermedades, sino en garantizar a los abandonados y moribundos dignidad, amor y consuelo en sus Ćŗltimos momentos. Evaluar su trabajo con los criterios actuales es un anacronismo.

Las condiciones en Calcuta

La afirmación de Hitchens de que las instalaciones de la Madre Teresa eran antihigiĆ©nicas y carcelarias ignora el contexto histórico de la India posterior a la independencia. Calcuta, sobre todo en las dĆ©cadas de 1970 y 1980, se enfrentaba a graves dificultades económicas, agravadas por la partición de 1947, que dejó millones de desplazados. Como observó la corresponsal extranjera Mary Anne Weaver, la ciudad tenĆ­a uno de los niveles de vida urbanos mĆ”s bajos del mundo, con mĆ”s del 70 % de la población viviendo en la pobreza. Las familias sobrevivĆ­an con apenas 34 dólares al mes, mientras 200.000 mendigos luchaban por un espacio en las aceras junto a 20.000 rickshaws tirados a mano. 

Los hospitales de la región a menudo se negaban a admitir a los indigentes, dejÔndoles sin ningún lugar al que ir. Los hogares de la Madre Teresa ofrecían una alternativa: un lugar donde la gente podía recibir comida, cobijo y dignidad. Que no fueran instituciones médicas modernas es irrelevante; nunca se pretendió que lo fueran.

La polƩmica de los analgƩsicos

Una acusación común es que la Madre Teresa ocultó deliberadamente analgésicos a los moribundos para hacerles sufrir. Esta afirmación la originó Hitchens presentando un artículo del Dr. Robin Fox en The Lancet, en el que observaba la falta de analgésicos fuertes en sus hogares. Sin embargo, Fox también elogió a las Misioneras de la Caridad por su política de puertas abiertas, higiene y atención compasiva. Reconoció que antes muchos pacientes eran rechazados por los hospitales.

Fox no afirmó que se denegara deliberadamente el alivio del dolor, sino que no se disponĆ­a de analgĆ©sicos potentes. Las razones eran sistĆ©micas. El Gobierno indio habĆ­a ido reforzando gradualmente sus leyes sobre el opio despuĆ©s de la independencia (1947), restringiendo el opio de uso general y casi mĆ©dico. A partir de la Conferencia de Toda la India sobre el Opio de 1949, se produjo una rĆ”pida supresión del opio entre 1948 y 1951 en virtud de la Ley de Drogas Peligrosas (1930) y la Ley de Drogas y CosmĆ©ticos (1940). En 1959 se prohibió totalmente la venta de opio, salvo para usos cientĆ­ficos o mĆ©dicos. Posteriormente, la Ley de Estupefacientes y Sustancias Psicotrópicas (1985) restringió fuertemente el uso de opiĆ”ceos, incluso con fines mĆ©dicos. La morfina y otros analgĆ©sicos similares escaseaban, incluso en los hospitales. 

Los profesionales médicos que respondieron a la crítica de Fox en The Lancet destacaron que las opciones de alivio del dolor en India eran limitadas debido a la falta de médicos y enfermeras formados en cuidados paliativos, las restricciones gubernamentales a la distribución de opiÔceos y las pocas alternativas disponibles para el tratamiento del dolor.

Lejos de ser sƔdicos, la Madre Teresa y sus monjas hicieron lo que pudieron con los recursos de que disponƭan. El uso de analgƩsicos mƔs dƩbiles, como el paracetamol, desmiente la idea de que el sufrimiento se prolongara intencionadamente.

El sufrimiento redentor mal interpretado

Hitchens cita con frecuencia una cita atribuida a la Madre Teresa: ā€œCreo que es muy hermoso que los pobres acepten su suerte, que la compartan con la pasión de Cristoā€. Esto, argumenta, prueba que ella glorificaba el sufrimiento. Sin embargo, la teologĆ­a católica sobre el sufrimiento suele malinterpretarse.

El concepto de sufrimiento redentor sostiene que el dolor, cuando se une al sufrimiento de Cristo, puede tener mérito espiritual. Sin embargo, esto no significa que el sufrimiento deba buscarse o infligirse. Las Misioneras de la Caridad dedican su vida a aliviar el sufrimiento, ofreciendo comida, cobijo y cuidados a los abandonados. Si la Madre Teresa creía que el sufrimiento debía soportarse sin alivio, ¿por qué administraba analgésicos en sus casas?

La hermana Mary Prema Peierick aclaró aĆŗn mĆ”s este asunto: ā€œMadre nunca quiso que una persona sufriera por sufrir. Al contrario, Madre hacĆ­a todo lo posible por aliviar su sufrimientoā€. La idea de que ella retenĆ­a el alivio del dolor para intensificar el sufrimiento es una distorsión de sus creencias y de su obra.

La denuncia de hipocresƭa en su tratamiento mƩdico

Otra acusación es que, mientras los pobres a su cuidado recibían un tratamiento deficiente, la propia Madre Teresa buscaba atención médica de primera clase. Esta afirmación no se sostiene.

Navin B. Chawla, su biógrafo y antiguo Comisario Electoral Jefe de la India, recuerda que cuando cayó enferma en 1994, fue hospitalizada en un centro público de Delhi. Lejos de buscar cuidados de élite, se resistió a ser hospitalizada. Los médicos dudaban en tratarla por temor a ser considerados responsables si moría bajo su cuidado. Líderes mundiales le ofrecieron tratamiento en el extranjero, pero ella lo rechazó.

Sunita Kumar, su compañera de toda la vida, lo corrobora. Cuando médicos de Nueva York y San Diego la visitaban para ver cómo estaba, era por voluntad propia. Era reacia a aceptar intervenciones médicas y sólo lo hacía cuando se veía presionada por su entorno.

La Dra. Patricia Aubanel, que atendió a la Madre Teresa en sus Ćŗltimos aƱos, la describió como ā€œla peor paciente que he tenidoā€ porque no le gustaba descansar y se resistĆ­a al tratamiento mĆ©dico. En una ocasión, se negó a utilizar un respirador artificial hasta que la convencieron apelando a su devoción por Nuestra SeƱora de Guadalupe.

Si de verdad fuera una hipócrita que buscaba tratamientos médicos de lujo, no se habría resistido a la hospitalización y a los cuidados avanzados con tanta fiereza como lo hizo.

La realidad tras las crĆ­ticas

Las críticas de Hitchens se basan en pruebas selectivas e interpretaciones sensacionalistas. Se ignora el contexto mÔs amplio, las luchas económicas de la India, la anticuada infraestructura sanitaria y las restricciones gubernamentales. Sus argumentos se basan en la aplicación de las normas médicas occidentales contemporÔneas a una ciudad empobrecida y poscolonial.

La labor de la Madre Teresa nunca consistió en proporcionar asistencia médica de alta tecnología, sino en asegurarse de que los abandonados y los moribundos no se quedaran solos en las calles. Sus hogares no eran hospitales, ni pretendían serlo. No buscaba hacer sufrir a la gente, ni les negaba el alivio del dolor cuando estaba disponible. La idea de que vivía en la hipocresía es refutada por quienes trabajaron estrechamente con ella.

En un mundo en el que la ideología puede moldear los relatos, es vital separar la realidad de la ficción. El legado de la Madre Teresa no debe juzgarse por las cínicas distorsiones de sus críticos, sino por las innumerables vidas que tocó. Su misión, en esencia, era de amor, compasión y servicio, principios que permanecen inquebrantables frente a las críticas.

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