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Álvaro Moreno: «Si no es para la gloria de Dios, ¿para qué estamos aquí?”

El empresario sevillano Álvaro Moreno habla en esta entrevista de su vida de fe, su confianza en Dios y su forma de agradecer a Dios todos los dones que le ha dado.

Maria José Atienza·5 de abril de 2025·Tiempo de lectura: 6 minutos
Álvaro Moreno: "Si no es para la gloria de Dios, ¿para qué estamos aquí?”

Foto: Álvaro Moreno junto al equipo y el sacerdote que bendijo la tienda abierta en Madrid ©Cortesía de Álvaro Moreno

¡Sea para gloria de Dios!  Esta era la frase jaculatoria que, impresa en una pancarta de unos 3×5 metros podía leerse en una de las calles más céntricas de Madrid, poco antes de las Navidades de 2024. Era la llegada de la tienda de Álvaro Moreno al corazón de la capital madrileña y, ya en sus previas, la clave estaba recogida en esa pancarta que agradecía a la ciudad su acogida, a los compañeros y trabajadores su entrega y, sobre todo, a Dios. “Porque todo es para su gloria”. 

Dice Álvaro Moreno al iniciar nuestra conversación que “no tiene don de palabra”. Quizás no sea un erudito, pero lo que queda claro tras una hora de charla, es que habla de Dios con una pasión y una sencillez que muchos predicadores querrían tener.

Si para santa Teresa de Jesús, “Dios andaba entre los pucheros”, para Álvaro lo hace entre camisas y pantalones, facturas y proveedores.

Dios le “vino a buscar” y le recordó “quién era”. Por eso no quiere robarle el protagonismo: “Cuando abro una tienda digo que sea para gloria de Dios, porque si no es para Su gloria, ¿para qué estamos aquí?”

«Dios me buscó a través de su Madre»

El Álvaro “nuevo” comenzó en tiempos de pandemia, aunque las restricciones por movilidad eran ya más relajadas. “Escuché las campanas llamando a misa de 9 y, sin saber por qué, me metí en la iglesia”. Era el convento de San Pedro, de carmelitas que hay en Osuna, localidad sevillana en la que nació y vive Álvaro Moreno junto a su familia.

“Entre ‘porque sí’ y algo cambió. Cuando salí de aquella misa pensé ‘esto a mi no me puede faltar’. Dios en su infinita misericordia, me regaló una vida nueva”. 

“Cuando se vive inmerso en el yo, en esa miseria que todos tenemos, todo sufre: la familia, los empleados… yo vivía con una crispación terrible”, recuerda el empresario, “esa soberbia que hace que te levantes ya como enfadado con el mundo y ese malestar lo llevas a una reunión…  El Señor es todo lo contrario. El Señor te llama; y cuando el Señor toca el corazón como a mí me lo ha tocado, todo cambia”. 

Álvaro dice estas palabras “convencidisimo”: “A mi Dios me buscó a través de su Madre, de nuestra señora del Carmen, de unas campanas para una Misa.

“Cuando abro una tienda digo que sea para gloria de Dios, porque si no es para Su gloria, ¿para qué estamos aquí?”

Álvaro Moreno

Un camino de gracia 

Aunque Álvaro había vivido, siempre, en un entorno culturalmente católico, aquella misa en tiempos de COVID, supuso el inicio de su vivencia integral de la fe que fue cambiando su manera de actuar y de tratar a los de su alrededor. “Él me llama y yo a partir de ahí no puedo ser igual que antes. Porque yo sigo siendo pecador pero descubro que en el pecado está mi muerte y voy descubriendo, poquito a poquito, todos los dones que la Iglesia nos regala”. 

El paso de Álvaro es el de vivir la fe “social” por un lado, y la vida laboral, personal… por otro: “Antes era de los que iba a la Iglesia, pero esto era un mundo y luego después entraba en mi vida e iba ‘por otro lado’”. 

Álvaro Moreno ©Cortesía de Álvaro Moreno

El “click” se produce cuando se da cuenta que  “iba a Misa y el Señor, por medio de la Palabra, de la comunión eucarística…, poco a poco vas aborreciendo ese pecado, aunque ya te digo que salgo de Misa y me falta ‘el canto de un duro’ para volver a caer”, afirma con gracia. “Y además tenemos todo lo que nos ofrece la Iglesia, como la confesión, que el señor vino para eso, para perdonarnos”.

“Todos esos dones son los que me puedo llevar al trabajo”, declara contundente, “Un ‘¡buenos días!’, al llegar a la nave, o no empezar a ‘apretar’ en una reunión desde que llegas. Yo mismo me doy cuenta que se llega más lejos con el amor que con la crispación. Y ahora también caigo en esas conductas, ¿eh?, que me pilla el demonio muchas veces. Pero por lo menos, lo vas detectando y ves las ‘telarañas’ que el diablo te va tejiendo. Yo lo noto hasta físicamente.» 

“Sigo siendo un pecador”, subraya Moreno, «pero ahora tengo los sacramentos y a través de ellos, el Señor nos va dando esas dosis de amor y eso lo notas día a día y los demás lo notan también. El cristianismo no es que te lo puedas llevar a tu vida, a tu familia, es que es una forma de vivir”. 

Sea para gloria de Dios

Antes de abrir una nueva tienda, como la de Madrid o la última abierta en el centro de Sevilla, los escaparates de Álvaro Moreno se cubren con un mensaje de agradecimiento y una “declaración” sin ambages: Sea para gloria de Dios. 

Lejos de ocultar su condición de católico, Moreno lo declara en su tarea profesional y, si le preguntas, responde de manera sencilla: “todo lo que tengo es gracias a Dios y por gracia de Dios. Soy un ejemplo claro. No tengo estudios, los pecados capitales me dan fuerte: soy inconstante, impulsivo… cosas que no ‘casan’ con un modelo perfecto”.

En los últimos años, su compañía ha crecido mucho: “Tenemos 71 tiendas y yo lo único que puedo decir es ‘Dios mio, ¡gracias!’. Gracias porque ha puesto esto en nuestras manos, por tantas personas que luchan cada día porque esta empresa vaya como va. Todo es gracias a Dios. Y también le doy gracias por poder dar ese testimonio. ¡Que Dios no permita que yo me vaya a esconder de una cosa que es de Él!”. 

Otra de las características de las tiendas de Álvaro Moreno es que, en muchas de ellas, varios de sus trabajadores son chicos y chicas con Síndrome de Down. Forman parte de su proyecto Tiendas con alma, una iniciativa que nació hace más tiempo para “devolver a la sociedad lo que nos da” y que, en los años que lleva ha resultado ser un canal de bendiciones para todos los empleados.

“ Veo a nuestros compañeros con Síndrome de Down y ¡es una gracia tan grande la que nosotros tenemos con ellos!, que son una bendición del cielo” destaca Moreno.

También las familias numerosas tienen especial trato en Álvaro Moreno con un descuento permanente en sus tiendas.

Modos diversos de “devolver” lo que reciben y que, eso sí, Moreno no quiere usar de “medalla” porque “se quedarían vacías si fuese sólo una manera de glorificarnos a nosotros mismos”.

“Dios no me ve como el empresario, sino como Álvaro, como marido, padre de mis cuatro hijos, compañero de mis compañeros»

Álvaro Moreno

“Le pido al Señor que me quite el yo”

¿Cómo reza Alvaro Moreno?, ¿qué pide al Señor una persona que dirige una empresa de la que dependen tantas personas? La pregunta no es fácil, aunque la respuesta es sencilla: “Muchas veces digo, Señor… ¡Hay qué ver!..  No te dejo hablar”, responde Álvaro Moreno.

“Muchos domingos, en el convento de San Pedro de aquí se Osuna, me pongo a hablar con el Señor y le empiezo a pedir, a pedir… Me doy cuenta que sólo le pido y le digo ‘háblame tú algo, Señor. ¡Venga’! Dime cómo podría yo también consolar un poquito tu corazón, cómo te podría ayudar… , y a los pocos minutos, ¡estoy otra vez pidiendo y dando gracias!”. 

“Yo le pido al Señor que me quite el ‘yo’”, añade Álvaro Moreno, “porque siempre tendemos mucho a ponernos por delante, y al final es contraproducente. Me doy cuenta que, cuando me quito yo (mi yo) estoy también más pendiente de los demás”. 

Moreno no ha dejado de ser el chaval de Osuna que empezó a trabajar en la empresa familiar “porque no me gustaba nada estudiar”. En el escaparate del mundo, Moreno es hoy un empresario de éxito, pero esto no es la base de su fe: “Yo no quiero al Señor porque me vaya bien. Cuando yo entré en esa misa, estaba en un momento bastante malo. Estaba perdido. Yo siempre, como empresario he sido muy precavido, no arriesgo. Y vino el COVID, los barcos venían, había que pagarlos  y veíamos cómo se iban los euros de la cuenta”.

Fue en ese momento, cuando se sentía “roto” cuando Dios vino a buscarle por medio de la Virgen y “me regaló una vida nueva. En esa vida es en la que Dios te da la humildad para pedir perdón, cosa que antes, no hacía y me mataba a mí y a los demás”.

Por eso, el empresario de éxito se queda a un lado ante el Sagrario, “Dios no me ve como el empresario, sino como Álvaro, como marido, padre de mis cuatro hijos, compañero de mis compañeros y es así como me quiere. Me quiere como una ovejilla de su rebaño, a la que conoce bien”. 

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