{"id":8441,"date":"2021-01-04T09:50:00","date_gmt":"2021-01-04T08:50:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=8441"},"modified":"2021-11-16T10:29:05","modified_gmt":"2021-11-16T09:29:05","slug":"voluntad-como-motor-y-voluntad-como-corazon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/voluntad-como-motor-y-voluntad-como-corazon\/","title":{"rendered":"Voluntad como motor y voluntad como coraz\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>En los \u00faltimos a\u00f1os es frecuente o\u00edr hablar sobre los riesgos del voluntarismo en la educaci\u00f3n moral y espiritual de las personas, especialmente de los j\u00f3venes. Se trata de un tema importante, porque la voluntad es la facultad con la que ejercemos nuestra libertad. Si educar consiste en ense\u00f1ar a usar la libertad, lo primero es formar bien la voluntad.<\/p>\n\n\n\n<p>Se suele se\u00f1alar el pensamiento de Guillermo de Ockham como el origen de esa deformaci\u00f3n de la vida moral que es el voluntarismo. En efecto, el te\u00f3logo ingl\u00e9s propuso el llamado voluntarismo divino que, para lo que aqu\u00ed interesa, se podr\u00eda resumir as\u00ed: algo es bueno o malo <em>porque<\/em> Dios lo dice, y no al rev\u00e9s. En este planteamiento, la raz\u00f3n no es capaz de conocer cu\u00e1l es el bien que alcanza al seguir la ley moral, m\u00e1s all\u00e1 de saber que con su voluntad est\u00e1 obedeciendo a Dios. Sin embargo, y al margen del desarrollo hist\u00f3rico concreto de la teolog\u00eda moral, considero que esta asociaci\u00f3n entre Ockham y el voluntarismo oscurece m\u00e1s que ilumina el sentido actual que se da a este fen\u00f3meno espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>En mi opini\u00f3n, ayudar\u00eda distinguir entre el \u201cvoluntarismo teol\u00f3gico\u201d (de Ockham, sobre por qu\u00e9 un acto es bueno o debido), el \u201cvoluntarismo espiritual\u201d (que se refiere a cierto modo de experimentar el esfuerzo por ser mejor) y el \u201cracionalismo\u201d o intelectualismo moral (que considera que es suficiente con conocer el bien para hacerlo). El racionalismo se opone claramente al voluntarismo teol\u00f3gico, pues considera que lo decisivo es la capacidad de la raz\u00f3n humana de conocer el bien. La ley moral se cumple <em>porque<\/em> manda lo bueno y porque obedecer a Dios <em>es<\/em> bueno. Lo llamativo es que, en este esquema, el \u201cvoluntarismo espiritual\u201d est\u00e1 m\u00e1s cerca del intelectualismo moral que de la postura de Ockham.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La persona voluntarista es m\u00e1s bien racionalista, ya que su raz\u00f3n es la que dirige \u2013de modo desp\u00f3tico\u2013 la voluntad. Tiene claro qu\u00e9 es lo bueno y lo hace, aunque no le atraiga ese bien concreto. Lo que falta es desarrollar la capacidad de amar lo bueno. Por tanto, el problema no es de inflaci\u00f3n, sino de atrofia de la voluntad. El voluntarista necesita m\u00e1s voluntad, pero en el sentido que explicar\u00e9 a continuaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Siguiendo una venerable tradici\u00f3n que se remonta, al menos, hasta san Agust\u00edn, pueden distinguirse dos dimensiones de voluntad que llamar\u00e9 la voluntad \u201ccomo motor\u201d y la voluntad \u201ccomo coraz\u00f3n\u201d.Ambas son necesarias para el crecimiento personal, pero cada una tiene una funci\u00f3n propia. Si las consider\u00e1ramos como dos extremos, tendr\u00edamos que si alguien solo desarrollara la voluntad como motor tendr\u00eda una concepci\u00f3n t\u00e9cnica del ser humano, centrada en la eficacia de conseguir lo que se propone, sin necesitar a nadie. Desde el punto de vista moral, lo que buscar\u00eda es la propia perfecci\u00f3n. En el otro extremo, cultivar la voluntad como coraz\u00f3n llevar\u00eda a comprender la persona como alguien encarnado, interesado en que su vida sea fecunda, sabedor de que lo realmente valioso solo se puede recibir como don gratuito de los dem\u00e1s o de Dios. En lo moral, su meta ser\u00eda el amor.<\/p>\n\n\n\n<p>La distinci\u00f3n sirve para explicar que el problema del voluntarismo espiritual consiste en reducir la funci\u00f3n de la voluntad a ser motor, es decir, a la capacidad de realizar acciones correctas. Por su parte, el riesgo de entender la voluntad solo como coraz\u00f3n ser\u00eda acabar en alg\u00fan un tipo de quietismo espiritual, como si no hiciera falta esforzarse para lograr el bien y crecer moralmente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La voluntad como coraz\u00f3n no debe entenderse de un modo \u201csentimental\u201d, cambiante o superficial, sino tal y como lo hace, por ejemplo, Hildebrand en <em>El coraz\u00f3n<\/em>. All\u00ed se refiere al coraz\u00f3n como el centro espiritual de la persona y \u00f3rgano de su afectividad. Precisamente lo que necesita el voluntarista es cultivar sus afectos, de modo que no solo realice el bien porque <em>sabe<\/em> que es lo correcto, sino porque lo <em>ama<\/em> y se va identificando con \u00e9l. Esto es posible porque el bien siempre lleva el nombre de alguien: lo bueno son acciones que realizamos para o con otras personas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El voluntarismo espiritual lleva a organizar la propia vida sin \u2013en el fondo\u2013 necesitar de los dem\u00e1s. En cambio, quien cultiva la voluntad como coraz\u00f3n afronta las dificultades <em>junto<\/em> con los dem\u00e1s, contando con su ayuda. Conf\u00eda especialmente en Dios, seg\u00fan explica Torell\u00f3 en \u00c9l nos am\u00f3 primero. El voluntarista se desanima con facilidad, porque comprueba las limitaciones de su motor. Necesita crecer en esperanza, que es la virtud que prepara a la voluntad para recibir plenamente el don de Dios, la gracia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La clave de la educaci\u00f3n de la voluntad es que la persona descubra que los bienes (la amistad, el amor, el servicio o la justicia) llenan su vida y colman su coraz\u00f3n. Ciertamente, se trata de un proceso en el que, especialmente al comienzo, es muy necesaria la fuerza de voluntad (el motor). Pero ella sola no basta para mantenerse en el bien, sobre todo cuando pasa el tiempo. Los motores envejecen y se estropean. En cambio, si se consigue la identificaci\u00f3n afectiva con los bienes de la propia vida, cada vez requerir\u00e1 menos esfuerzo mantenerse fiel a ellos. <\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En los \u00faltimos a\u00f1os es frecuente o\u00edr hablar sobre los riesgos del voluntarismo en la educaci\u00f3n moral y espiritual de las personas, especialmente de los j\u00f3venes. Se trata de un tema importante, porque la voluntad es la facultad con la que ejercemos nuestra libertad. 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