{"id":63015,"date":"2026-08-13T06:00:00","date_gmt":"2026-08-13T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/?p=63015"},"modified":"2026-07-03T10:39:06","modified_gmt":"2026-07-03T08:39:06","slug":"lecturas-del-domingo-xx-del-tiempo-ordinario-a","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/lecturas-del-domingo-xx-del-tiempo-ordinario-a\/","title":{"rendered":"La prueba de la fe: elevando el list\u00f3n. Domingo XX del tiempo ordinario (A)"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy se nos presenta una escena evang\u00e9lica que revela un aspecto de Jes\u00fas al que no estamos acostumbrados. A primera vista, puede sorprendernos e incluso desconcertarnos. Sin embargo, al reflexionar m\u00e1s profundamente, descubrimos una valiosa lecci\u00f3n sobre la fe y sobre la apertura de Dios a todos los pueblos, razas y naciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Evangelio relata la prueba de la fe de una mujer extranjera. Es como si Jes\u00fas fuera elevando progresivamente el list\u00f3n para ver hasta d\u00f3nde puede llegar su fe. La escena se asemeja a una competici\u00f3n de salto de altura: cada vez que el list\u00f3n se eleva, el atleta logra superar la nueva marca. Eso es precisamente lo que sucede en el Evangelio de hoy.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tres veces la mujer se encuentra con lo que parece ser un rechazo. Primero, es ignorada. Con respeto clama: \u201c<em>Ten compasi\u00f3n de m\u00ed, Se\u00f1or Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo<\/em>\u201d. Sin embargo, Jes\u00fas no le responde una sola palabra. Sin desanimarse, ella persevera. A trav\u00e9s de los disc\u00edpulos \u2014que se convierten en intercesores a su favor\u2014 contin\u00faa suplicando. Pero, incluso la intervenci\u00f3n de ellos recibe otra respuesta desalentadora: \u201c<em>Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llega entonces la prueba final, la m\u00e1s dif\u00edcil de todas. Jes\u00fas le dice: \u201c<em>No est\u00e1 bien tomar el pan de los hijos y ech\u00e1rselo a los perritos<\/em>\u201d. Muchos se habr\u00edan marchado heridos y ofendidos. Pero esta mujer se niega a rendirse. Con una humildad admirable responde: \u201c<em>Tienes raz\u00f3n, Se\u00f1or; pero tambi\u00e9n los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos<\/em>\u201d. En ese momento supera el list\u00f3n m\u00e1s alto. Ha pasado todas las pruebas de la fe. Su perseverancia, su humildad y su confianza conquistan el coraz\u00f3n de Cristo. No solo su hija queda curada, sino que adem\u00e1s recibe uno de los mayores elogios pronunciados por Jes\u00fas: \u201c<em>Mujer, qu\u00e9 grande es tu fe<\/em>\u201d. Vemos as\u00ed que Dios no es indiferente a nuestras necesidades ni a nuestras s\u00faplicas. El Evangelio nos anima a seguir pidiendo con humildad y perseverancia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que hace a\u00fan m\u00e1s impresionante la fe de esta mujer es que es extranjera: una cananea. Sin embargo, por medio de su fe deja de ser una extra\u00f1a. Resulta interesante que la mujer cananea permanezca an\u00f3nima. No conocemos su nombre. No podemos invocarla por su nombre como hacemos con Mar\u00eda Magdalena, Marta o Ver\u00f3nica. Sin embargo, precisamente su anonimato dirige nuestra atenci\u00f3n hacia lo que verdaderamente importa: la fe. Ella es recordada no por su condici\u00f3n social o sus logros, sino por su fe. En su fe contemplamos el don irrevocable de Dios, un don abierto a todos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy se nos presenta una escena evang\u00e9lica que revela un aspecto de Jes\u00fas al que no estamos acostumbrados. A primera vista, puede sorprendernos e incluso desconcertarnos. Sin embargo, al reflexionar m\u00e1s profundamente, descubrimos una valiosa lecci\u00f3n sobre la fe y sobre la apertura de Dios a todos los pueblos, razas y naciones. 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