{"id":62815,"date":"2026-06-30T06:00:00","date_gmt":"2026-06-30T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/?p=62815"},"modified":"2026-06-29T13:40:02","modified_gmt":"2026-06-29T11:40:02","slug":"disculpa-que-no-pide-perdon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/disculpa-que-no-pide-perdon\/","title":{"rendered":"La disculpa que no pide perd\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">Ha pasado mucho tiempo desde que ocurri\u00f3. A\u00f1os, tal vez. Las personas da\u00f1adas siguieron con sus vidas como pudieron; algunas lo lograron, otras no del todo. Y entonces, en alg\u00fan momento \u2014una entrevista, una campa\u00f1a, una rehabilitaci\u00f3n p\u00fablica en proceso\u2014 el pol\u00edtico aparece ante las c\u00e1maras con gesto compungido y voz pausada: \u201cSi alguien se ha sentido ofendido por mis palabras o mis decisiones, le pido disculpas\u201d. Ese condicional no es inocente. \u201c Si alguien se ha sentido \u201d : es decir, quiz\u00e1s nadie deber\u00eda haberse sentido; quiz\u00e1s el problema no est\u00e1 en lo qu e hice sino en c\u00f3mo lo recibiste. La disculpa transfiere la responsabilidad al ofendido. T\u00fa sufriste, yo no caus\u00e9 el sufrimiento. Y el da\u00f1o \u2014concreto, documentado, con nombres y apellidos\u2014 queda flotando en el aire sin que nadie lo haya asumido. Eso no es pedir perd\u00f3n. Ni siquiera llega al umbral de lo que el perd\u00f3n requiere: reconocer que hice da\u00f1o a alguien concreto, no a quien eventualmente haya sido demasiado sensible.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Disculpas huecas<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La escena dice bastante sobre el clima moral en que vivimos. Nunca hab\u00edamos tenido un radar tan fino para detectar agravios, exclusiones, faltas de respeto&#8230; El <a href=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/firmas\/lenguaje-batallas-culturales\/\" type=\"post\" id=\"24953\">lenguaje <\/a>del da\u00f1o est\u00e1 por todas partes. Sabemos identificar muy bien lo que nos hiere, y, en medio de esa sensibilidad exacerbada, se ha vuelto m\u00e1s dif\u00edcil hablar de culpa con un m\u00ednimo de claridad, pues todo el mundo se siente herido, pero casi nadie parece dispuesto a admitir que ha herido. Todo ofende, pero casi nada se reconoce como objetivamente ofensivo. Por eso abundan tanto las disculpas huecas: no nacen de la conciencia de haber hecho mal, sino de la necesidad de apagar un incendio reputacional.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El problema es que, sin esa conciencia, tampoco hay verdadero perd\u00f3n. Para que el perd\u00f3n exista tiene que haber algo que perdonar. Tiene que poder decirse, sin eufemismos, que aqu\u00ed hubo una injusticia, una deslealtad, una crueldad, una humillaci\u00f3n, una mentira. El perd\u00f3n no empieza rebajando la falta, sino nombr\u00e1ndola. Por eso irritan tanto esas f\u00f3rmulas p\u00fablicas hechas de condicionales y vaguedades. Piden pasar p\u00e1gina sin haber le\u00eddo la p\u00e1gina anterior.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La soberbia del culpable<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Deteng\u00e1monos un momento en el otro lado de la escena, no en el ofendido sino en quien pide perd\u00f3n. Tambi\u00e9n ah\u00ed hay una confusi\u00f3n muy contempor\u00e1nea. Se ha extendido la idea de que pedir disculpas equivale, de alg\u00fan modo, a ce rrar el episodio. \u201c Ya ped\u00ed perd\u00f3n, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s quieren? Ya hice mi parte; ahora te toca a ti absolverme, devolverme la tranquilidad \u201d . Pero reconocer de verdad el da\u00f1o causado no da derecho a ser perdonado en el plazo que uno considere razonable. Si he h echo da\u00f1o, puedo admitirlo y reparar en lo posible, pero no puedo administrar la reacci\u00f3n ajena. No puedo exigir que el otro deje de estar herido para que yo me sienta moralmente a salvo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algo parecido ocurre con las instituciones. Tambi\u00e9n ellas pueden reconocer humildemente el da\u00f1o causado; lo que no pueden hacer es convertir esa confesi\u00f3n in un t\u00edtulo para exigir rehabilitaci\u00f3n. Y si la opini\u00f3n p\u00fablica no restituye inmediatamente la confianza, tampoco hay derecho a presentarse como v\u00edctima. Haber pedido <a href=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/recursos\/educar-para-el-perdon-el-perdon-de-dios\/\" type=\"post\" id=\"39693\">perd\u00f3n <\/a>no convierte toda cr\u00edtica posterior en una injusticia. Hay una forma bastante reconocible de soberbia en el culpable que, despu\u00e9s de reconocer su falta, empieza a lamentarse porque el da\u00f1o sigue teniendo consecuencias. Le molesta que no se le crea enseguida, que la confianza tarde en recomponerse. Se presenta a s\u00ed mismo como v\u00edctima de una dureza excesiva, cuando en realidad lo que le incomoda es comprobar que una disculpa no borra autom\u00e1ticamente los efectos de lo que hizo. El arrepentimiento sincero tiene algo de humillante porque obliga a reconocer la propia culpa y a esperar. A aceptar que el otro quiz\u00e1 no pueda perdonar todav\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El perd\u00f3n cristiano: un acto de la voluntad<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El cristianismo nunca ha confundido el perd\u00f3n con una amnesia moral. Perdonar es negar la gravedad de lo ocurrido, renunciar a la justicia ni volver a confiar de inmediato en quien ha traicionado esa confianza. C. S. Lewis observ\u00f3 que todos pensamos que el perd\u00f3n es una idea excelente&#8230; hasta que tenemos algo que perdonar. Es entonces cuando descubrimos que el problema no consiste en entender qu\u00e9 significa perdonar, sino en querer hacerlo. Lo que s\u00ed implica el perd\u00f3n es la decisi\u00f3n concreta de negarse a vivir instalado en el rencor, alimentando el deseo de venganza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tendemos a pensar el perd\u00f3n en clave sentimental, como si solo pudiera decir \u201cte perdono\u201d quien ya no siente rabia o pena. Pero el perd\u00f3n cristiano se juega primero en el terreno de la voluntad. Uno puede seguir dolido y, aun as\u00ed, perdonar. Puede seguir recordando con tristeza lo ocurrido y, sin embargo, renunciar a devolver mal por mal. Puede necesitar tiempo, prudencia, incluso distancia, y al mismo tiempo haber dado ya ese paso interior por el cual deja de desear el mal del otro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/escriva.org\/es\/camino\/452\/\" type=\"link\" id=\"https:\/\/escriva.org\/es\/camino\/452\/\">San Josemar\u00eda<\/a> lo formul\u00f3 con su habitual falta de sentimentalismo: \u201cEsfu\u00e9rzate, si es preciso, en perdonar siempre a quienes te ofendan, desde el primer instante\u201d. La frase vale la pena precisamente por ese \u201csi es preciso\u201d. No idealiza el coraz\u00f3n humano ni supone que el perd\u00f3n brota espont\u00e1neamente en cuanto uno ha entendido la teor\u00eda. Da por supuesto que habr\u00e1 veces en que habr\u00e1 que arranc\u00e1rselo al orgullo, a la memoria herida. Habr\u00e1 que perdonar quiz\u00e1 antes de sentir ganas de hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Escuela de la libertad interior<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En otro punto, san Josemar\u00eda resum\u00eda la respuesta cristiana ante la ofensa en una secuencia muy sencilla: rezar, callar, comprender, disculpar. No es una receta m\u00e1gica ni un consejo para almas blandas. Es una peque\u00f1a escuela de libertad interior. Rezar, porque cuando uno est\u00e1 herido no ve con claridad. Callar, porque las primeras respuestas suelen ser las peores. Comprender, no en el sentido de justificar el mal, sino de resistirse a la caricatura f\u00e1cil del otro. Y disculpar, que no significa decir que no pas\u00f3 nada, sino decidir que el mal recibido no va a gobernar mi conducta.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El perd\u00f3n como gracia y don inmerecido<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aun as\u00ed, el cristiano sabe que no basta con proponerse perdonar. Hay heridas que no ceden solo porque uno haya tomado una decisi\u00f3n razonable. Hay traiciones que parec\u00edan superadas y reaparecen a\u00f1os despu\u00e9s con una fuerza intacta. En esos casos, la idea moderna de que todo se resuelve co n fuerza de voluntad empieza a hacer agua. Uno puede querer perdonar sinceramente y descubrir, con bastante verg\u00fcenza, que no puede. Entonces aparece una de las realidades m\u00e1s profundas del cristianismo: el perd\u00f3n no es solo una tarea moral, tambi\u00e9n es una gracia que se pide. No se trata solo de un mandato, sino de un don. El Padrenuestro lo dice con una naturalidad que casi nos impide percibir lo que est\u00e1 diciendo: \u201cPerdona nuestras ofensas, como tambi\u00e9n nosotros perdonamos a los que nos ofenden\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pedimos perd\u00f3n y, al mismo tiempo, pedimos poder perdonar. Es una s\u00faplica exigente porque nos compromete; pero tambi\u00e9n es una confesi\u00f3n de pobreza: no siempre podemos solos. Hay veces en que lo \u00fanico honesto que uno puede decir delante de Dios es: quiero perdonar, pero no me sale; dame lo que me pides. \u00bfDebe el cristiano perdonar? S\u00ed; el Evangelio no deja mucho margen de duda. Pero el mandato no nace del derecho del culpable, sino de la misericordia recibida. El cristiano perdona porque sabe que \u00e9l mismo vive de un perd\u00f3n inmerecido. Por eso el perd\u00f3n no queda a merced de los sentimientos ni depende de que alg\u00fan d\u00eda desaparezcan el dolor o la rabia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La necesidad del perd\u00f3n<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esto no vale solo para la vida privada. Una sociedad en la que todos est\u00e1n listos para sentirse ofendidos y nadie est\u00e1 dispuesto a reconocer culpa, pedir perd\u00f3n con humildad o concederlo, acaba volvi\u00e9ndose irrespirable. Cada error se transforma en estigma, cada palabra desafortunada en una condena sin fecha de t\u00e9rmino. Hablamos mucho de convivencia, de respeto, de inclusi\u00f3n. Pero una comunidad humana no se sostiene solo con normas y protocolos. Se sostiene tambi\u00e9n sobre la capacidad de decir \u201che hecho mal\u201d sin atenuantes, y la de responder \u201cte perdono\u201d sin trivializar el mal, pero sin quedar encadenados a \u00e9l. Quiz\u00e1 por eso el perd\u00f3n nunca puede reducirse a una f\u00f3rmula correcta ni a una disculpa bien administrada. Exige verdad para llamar al mal por su nombre, y libertad para que ese mal no decida para siempre la relaci\u00f3n con el otro.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ha pasado mucho tiempo desde que ocurri\u00f3. A\u00f1os, tal vez. Las personas da\u00f1adas siguieron con sus vidas como pudieron; algunas lo lograron, otras no del todo. 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