{"id":62652,"date":"2026-07-01T06:28:00","date_gmt":"2026-07-01T04:28:00","guid":{"rendered":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/?p=62652"},"modified":"2026-07-01T11:09:28","modified_gmt":"2026-07-01T09:09:28","slug":"ratzinger-egoismo-concilio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/ratzinger-egoismo-concilio\/","title":{"rendered":"J. Ratzinger: \u00abLa locura del ego\u00edsmo humano oculta la locura del amor de Dios\u00bb"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEl catolicismo despu\u00e9s del <a href=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/etiqueta\/concilio-vaticano-ii\/\" type=\"post_tag\" id=\"967\">Concilio<\/a>\u00ab: he ah\u00ed\u00a0 un tema que, a primera vista, lleva consigo una cierta imprecisi\u00f3n inherente al concepto mismo de \u00abcatolicismo\u00bb. En este concepto la noci\u00f3n teol\u00f3gica de la Iglesia y de su catolicidad est\u00e1 unida a elementos pol\u00edticos y sociol\u00f3gicos, de tal modo que la realidad cristiana aparece en \u00e9l bajo un signo muy caracter\u00edstico de nuestra \u00e9poca: las palabras que terminan en \u00abismo\u00bb expresan la forma actual de llevar a cabo la fusi\u00f3n y de establecer las relaciones entre la realidad ideal y la realidad sociol\u00f3gica. Esta fusi\u00f3n se denomina hoy d\u00eda com\u00fanmente \u00abideolog\u00eda\u00bb, con un sentido peyorativo la mayor\u00eda de las veces. As\u00ed, la palabra \u00abcatolicismo\u00bb significa que se entiende a la Iglesia, en cuanto forma comunitaria de la fe, como un fen\u00f3meno de ideolog\u00eda, fen\u00f3meno que resulta m\u00e1s familiar al esp\u00edritu contempor\u00e1neo. En otros t\u00e9rminos: en la medida en que esta palabra es empleada por los cat\u00f3licos para designarse a s\u00ed mismos \u2014y esto vale tambi\u00e9n para los protestantes, pues sobre este punto no existe apenas diferencia entre las confesiones\u2014 se comprende hasta qu\u00e9 punto, sin darse cuenta, los cat\u00f3licos se definen a s\u00ed mismos con categor\u00edas ideol\u00f3gicas del pensamiento moderno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este sentido se podr\u00eda decir que la palabra \u00abcatolicismo\u00bb traduce, en su forma actual, la fusi\u00f3n entre Iglesia y sociedad y, por consiguiente, entre la Iglesia y las concepciones y las formas de vida de nuestro tiempo; lo que da continuidad, bajo otro aspecto, a la confusi\u00f3n con lo temporal, tal como exist\u00eda en el imperio cristiano de la Edad Media y que ahora se critica con tanta frecuencia. Si partimos de este punto de vista, el problema consistir\u00e1 en preguntarse de qu\u00e9 manera esta fusi\u00f3n de Iglesia y mundo, expresada en la palabra \u00abcatolicismo\u00bb aparece como realidad positiva despu\u00e9s del Concilio, y si el Concilio la ha estudiado de un modo cr\u00edtico o positivo. Esta cuesti\u00f3n ser\u00eda importante y aleccionadora, y adem\u00e1s corresponder\u00eda a un relevante aspecto de la problem\u00e1tica conciliar, puesto que el Concilio se ha interesado por estos problemas en la Declaraci\u00f3n sobre la Libertad religiosa, en la reflexi\u00f3n fundamental de la Constituci\u00f3n pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual y tambi\u00e9n, aunque de modo m\u00e1s vacilante en principio, en el Decreto sobre los medios de comunicaci\u00f3n social. El concepto de \u00abcatolicismo\u00bb en sentido estricto ha sido el objeto de sus preocupaciones.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Malestar en la Iglesia<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La cuesti\u00f3n consiste en saber cu\u00e1les han sido las consecuencias del Concilio para los cat\u00f3licos y cu\u00e1l es la situaci\u00f3n espiritual de la Iglesia despu\u00e9s del Concilio y como consecuencia del mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dig\u00e1moslo sin rodeos: reina un cierto malestar, un sentimiento de desencanto y aun de desilusi\u00f3n, como ocurre con frecuencia despu\u00e9s de los momentos de alegr\u00eda y entusiasmo en que parece que el mundo ha cambiado de repente y en los que, en medio de la monoton\u00eda de todos los d\u00edas, brilla por un instante la esperanza de algo nuevo y completamente distinto que va a sacarnos de las costumbres fastidiosas, para en seguida darnos cuenta, m\u00e1s penosamente a\u00fan, de que lo habitual es nuestro destino y de que lo cotidiano sigue siendo lo cotidiano. Durante un momento el mundo, asombrado, hab\u00eda prestado o\u00eddo atento al Concilio, hacia el que dirigi\u00f3 su cordial simpat\u00eda. Pero hace tiempo que ha vuelto a sus asuntos. La Iglesia, a fin de cuentas, ha continuado siendo la Iglesia, y la fe se ha hecho m\u00e1s dif\u00edcil, porque ha quedado m\u00e1s expuesta y menos protegida. El hecho es \u00e9ste, sea porque en el entusiasmo de 1962 resonase una secreta aspiraci\u00f3n \u2014lo sobrenatural y lo eterno, tan velados, iban a poder comprenderse mejor, a estar m\u00e1s cerca, a estar menos ocultos tras la valla de millares de prescripciones y menos encubiertos por el peso de un pasado que gravita sobre lo que se nos presenta como revelado por Dios\u2014, o sea porque se hayan sentido algunos confirmados en un secularismo y llevados por eso a esperar la secularizaci\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Adem\u00e1s, los fieles est\u00e1n menos unidos que antes. Para unos el Concilio ha hecho demasiado poco, se ha quedado en todo a mitad de camino, no es m\u00e1s que un conjunto de soluciones de compromiso llenas de precauciones, una victoria de la prudencia diplom\u00e1tica frente a la tempestad del Esp\u00edritu Santo que no desea s\u00edntesis complicadas, sino la simplicidad del Evangelio. Para otros, el Concilio es un esc\u00e1ndalo, la Iglesia se ha entregado al esp\u00edritu nefasto de una \u00e9poca que ya no conoce las cosas de Dios porque se ha encerrado obstinadamente en las cosas de la tierra. Contemplan, con consternaci\u00f3n, c\u00f3mo vacila lo que hab\u00eda para ellos de m\u00e1s sagrado. Desorientados se desv\u00edan de una renovaci\u00f3n en la que ven un cristianismo disminuido, una disoluci\u00f3n donde hubiera hecho falta un acrecentamiento de la fe, la esperanza y la caridad.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00bfConversi\u00f3n o perversi\u00f3n?<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con escepticismo y aprensi\u00f3n comparan esta reforma \u2014llena de concesiones y de ataques a la inmensa gravedad y al car\u00e1cter absoluto del servicio a Cristo\u2014 con las renovaciones llevadas a cabo en el pasado, por ejemplo, con la que va unida al nombre de la gran Santa Teresa. Antes de su conversi\u00f3n viv\u00eda en un convento de vanguardia, donde desde hac\u00eda tiempo las reglas \u00e1speras y anticuadas de la clausura se interpretaban con esp\u00edritu amplio y moderno y donde se recib\u00edan toda clase de visitas. Viv\u00eda en un convento moderno en el que el ascetismo de la vieja regla hac\u00eda tiempo que hab\u00eda sido reemplazado por una forma de vida \u00abm\u00e1s razonable\u00bb, que respond\u00eda mejor al esp\u00edritu de los hombres del comienzo de los tiempos modernos. Estaba en un claustro moderno abierto al mundo y que se esforzaba en tener contactos amistosos en todas partes. Pero un d\u00eda qued\u00f3 embargada interiormente por la proximidad de Cristo; el Evangelio se alz\u00f3 ante su alma con toda su inexorable realidad, despojado de todas las frases que lo disfrazan; sinti\u00f3 que todo este modo de vida moderno era una intolerable huida ante la grandeza de la verdadera misi\u00f3n y de la necesaria conversi\u00f3n; se alz\u00f3 y \u00abse convirti\u00f3\u00bb, es decir: dej\u00f3 de lado el \u00abaggiornamento\u00bb para emprender una renovaci\u00f3n que no era concesi\u00f3n, sino exigencias de entrega a la desposesi\u00f3n escatol\u00f3gica por Cristo, exigencia de dejarse expropiar completamente por Jes\u00fas Crucificado y de pertenecer totalmente a todo el Cuerpo de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los fieles de que hablamos se preguntan : \u00bfno ha tomado el Concilio el camino inverso? \u00bfNo vuelve la espalda a la conversi\u00f3n para ir hacia la perversi\u00f3n de la Iglesia? Ninguna de estas preguntas puede evitarse pura y simplemente. La gran tarea del posconcilio consistir\u00e1 en tener la fuerza suficiente para afrontarlas espiritualmente y responderlas. Naturalmente, esta labor no podr\u00e1 llevarse a cabo m\u00e1s que con la ayuda del Esp\u00edritu Santo. En este sentido, el alcance de las cuestiones planteadas por nuestro tema sobrepasa las posibles respuestas en el plano de la teor\u00eda. Ahora s\u00f3lo podemos tratar con mayor atenci\u00f3n de ciertos aspectos del malestar que hemos constatado como caracter\u00edstica de la Iglesia despu\u00e9s del Concilio y, al mismo tiempo, precisar las tareas que nos impone la hora presente.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La Iglesia y el mundo<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un aspecto del nuevo esp\u00edritu del Concilio ha herido las sensibilidades, hasta el punto de encender los esp\u00edritus; ha sido el intento llevado a cabo para volver a definir las relaciones de la Iglesia con el mundo y, en consecuencia, del cristiano con el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mario von Galli presenta, en su importante obra sobre el Concilio aparecida hace poco y conocida de todos, una imagen extremadamente sugestiva que muestra la catedral de San Patricio, de Nueva York, perdida como un islote del pasado en medio de gigantescos rascacielos. Esta imagen parece el s\u00edmbolo de la situaci\u00f3n de la Iglesia en el mundo actual. En otras \u00e9pocas las iglesias daban a los pueblos su fisonom\u00eda; los altos campanarios se elevaban por encima de la vida cotidiana como para indicar la eternidad. Hoy el hombre eleva monumentos a su propia grandeza: rascacielos modernos que aplastan con su altura los campanarios de las iglesias e impiden ver el cielo. O m\u00e1s bien ese cielo es presentado como dominio del hombre: un mundo que el hombre debe explorar y que intenta poner a su servicio. La catedral neog\u00f3tica, en medio de gigantes de acero de estilo arquitect\u00f3nico moderno, parece tambi\u00e9n alegar el testimonio abrumador de que el cristianismo es algo pasado que no consigue ya encontrar su expresi\u00f3n en el mundo actual, al que, por otra parte, no tiene ya nada que decir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde antes del Concilio los movimientos de juventud hab\u00edan manifestado el deseo de acabar con la imagen de un cristianismo como fuerza del pasado. Los cristianos estaban ya cansados de que, por su condici\u00f3n de tales, se les mirara como a gentes atrasadas y ajenos al mundo, y que \u00e9ste se burlara de ellos. Y exist\u00eda la decisi\u00f3n de vivir el cristianismo de acuerdo con este siglo y de sumergirlo en el mundo de nuestro tiempo. Quienes estaban animados de esta voluntad deb\u00edan, naturalmente, sentir una impresi\u00f3n penosa ante las Enc\u00edclicas pontificias, que estaban redactadas siempre en el estilo de la curia, con el lenguaje de la antig\u00fcedad decadente, y con las variantes a\u00f1adidas por la corte bizantina, la Edad Media o la \u00e9poca barroca, lo mismo que ante una liturgia y unos pontificales cuyo estilo evocaba la corte bizantina, la Edad Media o el barroco, que reflejaba un fausto desusado y aparec\u00edan como un museo viviente de la cultura y el culto a trav\u00e9s de los tiempos, no como la expresi\u00f3n de un culto pensado para el hombre de hoy; y tambi\u00e9n ante una teolog\u00eda cat\u00f3lica que parec\u00eda ligada a las formas de la Edad Media y que no dec\u00eda nada al hombre moderno. Y as\u00ed sucesivamente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfQui\u00e9n no se habr\u00e1 alegrado al ver que el Concilio se pon\u00eda de parte de los que quer\u00edan despejar el horizonte, abrir las ventanas para sacudir el polvo del pasado y dejar entrar un aire fresco? M\u00e1s tarde, cuando el Concilio, con la Constituci\u00f3n pastoral sobre la Iglesia en el mundo de nuestro tiempo, se dedic\u00f3 a formular una nueva actitud de los cristianos y de la Iglesia en relaci\u00f3n con el mundo, se ha podido ver que se trataba de algo m\u00e1s que dar de lado a formas polvorientas; se ha visto que la cuesti\u00f3n estaba planteada en t\u00e9rminos fundamentales y que se trataba de un debate m\u00e1s profundo que el que podr\u00eda plantearse entre rubricistas y defensores de la actualidad.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Encarnaci\u00f3n de la Iglesia<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el plano teol\u00f3gico se puede decir que el desarrollo ha sido hecho en dos fases que interfieren entre s\u00ed sin haber alcanzado su madurez y que, adem\u00e1s, se presentan bajo las formas m\u00e1s diversas, as\u00ed como bajo distintos signos, de modo que no se les puede aislar m\u00e1s de un modo esquem\u00e1tico. Podr\u00eda denominarse a la primera como la fase de la encarnaci\u00f3n. Se descubre de nuevo en la encarnaci\u00f3n un aspecto central del cristianismo y se hace de \u00e9l el punto de partida de toda la construcci\u00f3n teol\u00f3gica. El concepto de encarnaci\u00f3n define primeramente la relaci\u00f3n del cristiano con Dios, el sentido de su actitud hacia Dios. Dios se ha hecho carne y ello quiere decir que ha salido de s\u00ed mismo, que ha descendido y que ha entrado en la carne de este mundo. Dios no vive en el mundo de las ideas puras; no est\u00e1 como el mundo plat\u00f3nico de las ideas, separado por un abismo del mundo y de la materia, que ser\u00edan solamente una sombra de la realidad; \u00c9l se ha hecho carne. Se le encuentra en la medida en que se entra en ese movimiento que consiste en descender, en volverse hacia el mundo, pues es all\u00ed donde se encuentra al Dios que se humilla y desciende.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Dios de los cristianos, el Dios hecho Hombre, no es un Dios del otro mundo, sino precisamente un Dios de este mundo nuestro. El Reino de los cielos anunciado por Cristo es, en verdad, una acci\u00f3n de Dios que concierne a este mundo y no a un lugar situado m\u00e1s all\u00e1 de \u00e9l. As\u00ed la fe cristiana no tiene nada que ver con la impasibilidad de los estoicos ni con su desd\u00e9n resignado hacia el mundo. El Cristo que ha llorado sobre la tumba de L\u00e1zaro, que ha conocido la angustia en el huerto de los Olivos; el Cristo que se ha indignado con los mercaderes de objetos de piedad establecidos en el patio del templo y que, en las Bodas de Can\u00e1, ha participado en la alegr\u00eda de los invitados, no encuadra en el ideal estoico de la espiritualidad impasible. \u00c9l ha puesto toda la pasi\u00f3n del hombre verdaderamente humano al servicio de lo divino, al servicio de ese Dios celoso e irritable, pero que es siempre un Dios de amor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta toma de conciencia ha conducido a un cristianismo humano, vital, abierto al mundo, en una palabra, a lo que se ha dado en denominar un cristianismo encarnado: un cristianismo que no se agota en las mortificaciones, la huida del mundo y la espera del m\u00e1s all\u00e1, sino que se abre con simpat\u00eda al mundo y se inserta en la vida de hoy, se alegra de todo lo que es bello, noble y grande, y descubre en ello la huella de los valores cristianos que deben encarnarse de nuevo y realizarse como una responsabilidad de nuestra \u00e9poca. Se ven aparecer <em>slogans<\/em> como \u00abintegrar\u00bb, \u00abbautizar\u00bb: el pensamiento moderno debe ser bautizado, como Santo Tom\u00e1s bautiz\u00f3 a Arist\u00f3teles. Hoy se debe hacer algo parecido a lo que hizo la Edad Media utilizando cristianamente las energ\u00edas del mundo de entonces.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La cruz de Cristo<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero es en este punto sobre el que se aferra la cr\u00edtica y esto nos hace pasar a la segunda fase que podr\u00edamos llamar \u00abescatol\u00f3gica\u00bb. Pues, entre tanto, la teolog\u00eda ha tomado conciencia de que la idea de encarnaci\u00f3n no tiene en la Escritura esa posici\u00f3n absoluta que estaba a punto de conquistar en la espiritualidad cat\u00f3lica. En el Nuevo Testamento la fe cristiana comienza m\u00e1s bien por la fe en la resurrecci\u00f3n; la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica viene inmediatamente solo para prolongar el significado de los acontecimientos anteriores, despu\u00e9s reflexiona sobre la palabra del Jes\u00fas hist\u00f3rico (los sin\u00f3pticos) y, finalmente, sobre la idea de encarnaci\u00f3n (San Juan). As\u00ed \u00e9sta no aparece m\u00e1s que al t\u00e9rmino de la evoluci\u00f3n del Nuevo Testamento como fundamento del tema central de la resurrecci\u00f3n, que es inseparable del tema de la cruz. Contrariamente a lo que afirmaba el optimismo de la idea de encarnaci\u00f3n, en el Nuevo Testamento el tema de la cruz tiene clara prioridad sobre el de la encarnaci\u00f3n; aun m\u00e1s, en la Escritura el tema de la encarnaci\u00f3n es ya incluso una teolog\u00eda de la cruz, pues la encarnaci\u00f3n significa ya que Dios se entrega a s\u00ed mismo; es, pues, el primer paso, el paso decisivo, que conduce a la cruz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero este elemento corrector que se opone as\u00ed a la simpat\u00eda por el mundo tal como dimana de una pura teolog\u00eda de la encarnaci\u00f3n no hubiera podido ejercer r\u00e1pidamente una vasta influencia si otra nueva consideraci\u00f3n no hubiera venido a a\u00f1ad\u00edrsele. Comenzaba a preguntarse poco a poco si la idea del cristianismo encarnado, es decir, de una fe y una Iglesia comprometidas en las cosas terrestres, no conducir\u00eda finalmente a una restauraci\u00f3n de la Edad Media, en donde la imbricaci\u00f3n del sacerdocio y del imperio representaba un grado superior de encarnaci\u00f3n del cristianismo, pero que, precisamente a causa de esta imbricaci\u00f3n, se nos aparece hoy como extremadamente sospechoso y criticable. Y llegamos entonces progresivamente a las nociones de \u00abintegraci\u00f3n\u00bb y de \u00abbautismo\u00bb del mundo; la idea del mundo \u00abmundano\u00bb se pone de moda: la tarea de los cristianos se estimaba, no en cristianizar el mundo, sino mas bien liberarlo de su car\u00e1cter \u00abmundano\u00bb, reconocer al mundo como mundo, dejarlo como tal y respetarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con esto se relaciona una nueva visi\u00f3n de la historia que apareci\u00f3 en el discurso pronunciado por el Papa Juan XXIII en la apertura del Concilio. Hasta entonces se consideraba habitualmente a la Edad Media como la \u00e9poca cristiana ideal en la que la Iglesia y el mundo se relacionaban de una manera perfecta, considerada como el objetivo hacia el que hab\u00eda que tender; por el contrario, los tiempos modernos representaban como una gran deserci\u00f3n comparable a la del hijo pr\u00f3digo, que toma su parte de herencia y abandona la casa paterna para, en seguida (como durante la segunda guerra mundial), envidiar el alimento de los cerdos; en esta comparaci\u00f3n aparece tambi\u00e9n la esperanza de un pr\u00f3ximo retorno.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La autonom\u00eda del mundo<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y precisamente en este momento la tendencia moderna a la autonom\u00eda del mundo profano (que, por otra parte, tiene adem\u00e1s sus ra\u00edces incluso en la Edad Media) fue considerada como el acabamiento de la transformaci\u00f3n cristiana del mundo. Por eso la mirada cristiana se orient\u00f3 hacia adelante en vez de perderse en la nostalgia de la Edad Media. Es quiz\u00e1 en Juan XXIII en quien se encuentra la cr\u00edtica m\u00e1s acerba del romanticismo de la Edad Media, de esa tendencia a mirar hacia atr\u00e1s, a temer que las cosas se degraden siempre; tendencia que no ve ni los graves peligros de la confusi\u00f3n de la Iglesia y del mundo, ni las nuevas posibilidades de libertad para la fe que nacen de esta nueva orientaci\u00f3n. Todo esto conduce, en el Papa del Concilio, a una teolog\u00eda de la esperanza que a veces podr\u00eda aparecer como un optimismo ingenuo. \u201c&#8230;Una aurora resplandeciente se eleva sobre la Iglesia y los primeros rayos del sol naciente llenan ya nuestros corazones de dulzura\u00bb, dijo en una de aquellas asombrosas formulaciones de este discurso memorable que ha marcado de una manera decisiva el esp\u00edritu del Concilio. En Juan XXIII se trataba en verdad de un optimismo que nac\u00eda de la fe, pero que era f\u00e1cil de confundir con el optimismo del progreso, tan caro a nuestro tiempo. Tambi\u00e9n ahora era necesaria una discusi\u00f3n para precisar bien las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el Concilio, esta discusi\u00f3n no ha ido verdaderamente hasta el fondo de las cosas, principalmente porque las divergencias teol\u00f3gicas de las que aqu\u00ed se trata estaban casi completamente envueltas en una oposici\u00f3n teol\u00f3gicamente superficial, pero muy eficaz en la pr\u00e1ctica: la oposici\u00f3n entre la tradici\u00f3n de la curia y la teolog\u00eda moderna que ha impedido pr\u00e1cticamente a esta \u00faltima plantear sus problemas y sus interrogantes. Aunque las formulaciones del Concilio, que aclaran verdaderamente muchos puntos y permiten caminar hacia adelante, sean prudentes, el Concilio no ha sido m\u00e1s que un eco muy concreto de esa oposici\u00f3n de los dos frentes. En el Concilio no se distingu\u00eda m\u00e1s que la tendencia de la curia y la tendencia progresiva, y esta oposici\u00f3n estaba identificada con los t\u00e9rminos de cristianismo hostil al mundo y de cristianismo abierto al mundo (aunque en realidad la curia entiende muy bien los asuntos de este mundo y aunque su concepci\u00f3n pol\u00edtica del cristianismo forme parte de los reproches que se le hacen en otros terrenos). Esta simplificaci\u00f3n fue una de las causas principales de confusi\u00f3n; a menudo condujo a enga\u00f1arse respecto al Concilio, pero, al mismo tiempo, se\u00f1ala una fructuosa misi\u00f3n: luchar en\u00e9rgicamente por la espiritualidad cristiana en el mundo de nuestros d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El esc\u00e1ndalo de la cruz<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No pertenece a esta exposici\u00f3n, que se ha propuesto tratar sobre la situaci\u00f3n de la Iglesia despu\u00e9s del Concilio, entrar en los problemas que se plantean a este respecto. Pero, de todas formas, podemos decir: si para la Iglesia abrirse al mundo significa desviarse de la cruz, ello la conducir\u00eda no a una renovaci\u00f3n, sino a su fin. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando la Iglesia se vuelve hacia el mundo no puede ello significar que suprime el esc\u00e1ndalo de la cruz, sino \u00fanicamente que lo hace de nuevo accesible en toda su desnudez, separando los esc\u00e1ndalos secundarios que se han introducido para esconderlo y con los que desgraciadamente la locura del ego\u00edsmo humano recubre la locura del amor de Dios, dando un falso esc\u00e1ndalo que se refugia abusivamente detr\u00e1s del esc\u00e1ndalo del Maestro. En otros t\u00e9rminos, la fe cristiana es un esc\u00e1ndalo para el hombre de todos los tiempos: que el Dios eterno se preocupe de nosotros los hombres y nos conozca, que quien es inaccesible se haya hecho accesible en el hombre Jes\u00fas, que el que es inmortal haya sufrido en la cruz, que la resurrecci\u00f3n y la vida eterna nos sean prometidas a nosotros mortales, creer esto es una pretensi\u00f3n irritante para el hombre moderno.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El esc\u00e1ndalo de los cristianos<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Concilio no ha podido ni ha querido suprimir este esc\u00e1ndalo cristiano. Pero, debemos a\u00f1adir, este esc\u00e1ndalo primordial, que no puede ser suprimido sin suprimir al mismo tiempo el cristianismo, ha estado en la historia recubierto con frecuencia por el esc\u00e1ndalo secundario de los que predicaban la fe, esc\u00e1ndalo que no es en modo alguno esencial al cristianismo, pero que se deja voluntariamente confundir con el esc\u00e1ndalo primordial y gusta de tomar actitudes de m\u00e1rtir cuando en realidad no se es v\u00edctima m\u00e1s que de la propia estrechez y de la propia obstinaci\u00f3n. Hay esc\u00e1ndalo secundario, completo y culpable, cuando bajo pretexto de defender los derechos de Dios no se defiende m\u00e1s que una situaci\u00f3n social determinada y las posiciones de fuerza que en ella se han alcanzado. Hay esc\u00e1ndalo secundario, completo y culpable, cuando bajo pretexto de proteger la intangibilidad de la fe, no se defiende m\u00e1s que la propia nostalgia del pasado; cuando se defiende, no a la fe misma, que exist\u00eda antes que ese pasado y sus formas, sino las formas que ha tomado en el pasado en una leg\u00edtima preocupaci\u00f3n de responder a las necesidades de los tiempos, formas hoy caducadas y que de ning\u00fan modo pueden pretender ser eternas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay todav\u00eda otro esc\u00e1ndalo secundario, completo y culpable, cuando, bajo pretexto de garantizar la integridad de la verdad, se da un car\u00e1cter de eternidad a posiciones de escuela que se han impuesto en una \u00e9poca determinada, pero que desde hac\u00eda tiempo necesitaban ser revisadas y reconsideradas seg\u00fan las exigencias propias de lo que es original y aut\u00e9ntico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recorriendo la historia de la Iglesia se encontrar\u00edan muchos esc\u00e1ndalos secundarios de esta clase. No todos los valientes y firmes \u00abnom possumus\u00bb han sido un sufrimiento padecido por las fronteras inalterables de la verdad; hay muchas cosas en este terreno que no eran m\u00e1s que obstinaci\u00f3n en la propia voluntad, resistencia a la llamada de ese Dios que hace caer de las manos lo que se ha cogido sin su voluntad. Pero el riesgo est\u00e1 en que esos esc\u00e1ndalos secundarios se identifiquen sin cesar con el esc\u00e1ndalo primordial e impidan llegar a \u00e9l, porque las exigencias de sus mensajeros lo ocultan.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Volvemos a decirlo: no, el Concilio no ha podido ni ha querido descartar el esc\u00e1ndalo de la cruz; ha querido hacerlo con toda claridad m\u00e1s visible y accesible, tratando de separar los esc\u00e1ndalos secundarios. Este es el verdadero sentido del \u00abaggiornamento\u00bb del cristianismo. S\u00ed al esc\u00e1ndalo de Dios, s\u00ed al esc\u00e1ndalo de un amor que va tan lejos que llega a parecer imposible. No al esc\u00e1ndalo de los cristianos, esc\u00e1ndalo que quiere hacerse pasar por el esc\u00e1ndalo de Dios mismo y detr\u00e1s del cual los hombres se atrincheran con su propia voluntad. As\u00ed, pues, el Concilio no ha querido una fe cristiana disminuida, sino una fe m\u00e1s simple en el sentido profundo del t\u00e9rmino, sin quitarle nada de su aut\u00e9ntica dificultad, \u00fanica que puede conducir al hombre a su aut\u00e9ntica grandeza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es incre\u00edblemente sencillo, pero, al mismo tiempo, incre\u00edblemente dif\u00edcil para un hombre amar verdaderamente. Puede ser extremadamente complicado resolver un problema matem\u00e1tico o t\u00e9cnico determinado, pero esto no es dif\u00edcil en el sentido en que lo es el responder a la exigencia absoluta de un gran amor. Ahora bien, la fe pertenece al orden del amor. Si, a veces, a causa de todas las cosas caducas que se han a\u00f1adido a la misma, ha podido parecer complicada como una impenetrable ecuaci\u00f3n, el Concilio se ha esforzado en devolverle su verdadera simplicidad: la simplicidad de un gran amor que es a la vez lo m\u00e1s f\u00e1cil y lo m\u00e1s dif\u00edcil, pues lo que exige es ni m\u00e1s ni menos que nuestro propio ser.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cEl catolicismo despu\u00e9s del Concilio\u00ab: he ah\u00ed\u00a0 un tema que, a primera vista, lleva consigo una cierta imprecisi\u00f3n inherente al concepto mismo de \u00abcatolicismo\u00bb. 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