{"id":61045,"date":"2026-05-07T06:29:00","date_gmt":"2026-05-07T04:29:00","guid":{"rendered":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/?p=61045"},"modified":"2026-05-05T16:49:28","modified_gmt":"2026-05-05T14:49:28","slug":"extraterrestres-algoritmos-y-alma-humana-una-lectura-cristiana-ante-inteligencias-no-humanas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/extraterrestres-algoritmos-y-alma-humana-una-lectura-cristiana-ante-inteligencias-no-humanas\/","title":{"rendered":"Extraterrestres, algoritmos y alma humana: una lectura cristiana ante inteligencias no humanas"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante la segunda mitad del siglo XX, la posibilidad de inteligencias no humanas se imagin\u00f3 frecuentemente en clave extraterrestre. Fue, ya de por s\u00ed, un fen\u00f3meno cultural llamativo: una combinaci\u00f3n de fascinaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, ansiedad geopol\u00edtica, expansi\u00f3n medi\u00e1tica y quiz\u00e1 el viejo deseo humano de no estar solos. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En plena era at\u00f3mica, cuando la t\u00e9cnica parec\u00eda capaz tanto de destruir el mundo como de inaugurar una nueva edad, los cielos comenzaron a poblarse de presencias ambiguas. Aquellas luces pod\u00edan ser armas secretas, visitantes remotos, errores perceptivos o simples rumores \u2014aunque ante todo fueron s\u00edmbolos\u2014.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La propia expresi\u00f3n hegem\u00f3nica en los a\u00f1os cincuenta y sesenta \u2014\u201cplatillos volantes\u201d, traducci\u00f3n de <em>flying saucers<\/em>\u2014 podr\u00eda proceder de una conocida distorsi\u00f3n period\u00edstica. En 1947 el piloto estadounidense Kenneth Arnold describi\u00f3 el movimiento de unos objetos en el cielo como platos rebotando sobre el agua, y la prensa transform\u00f3 aquella comparaci\u00f3n cin\u00e9tica en la forma de una nave; a\u00f1os m\u00e1s tarde, el propio testigo acabar\u00eda vinculado a la naciente cultura ufol\u00f3gica. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No deja de ser significativo que uno de los grandes mitos tecnol\u00f3gicos contempor\u00e1neos naciera de una mediaci\u00f3n defectuosa. Como sugiri\u00f3 Carl Jung en <em>Flying Saucers: A Modern Myth of Things Seen in the Skies <\/em>(1958), el inter\u00e9s duradero del fen\u00f3meno no depend\u00eda solo de la realidad material de los avistamientos, sino de su capacidad para condensar esperanzas, ansiedades y s\u00edmbolos colectivos\u2014muy jungiano, claro\u2014.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La ufolog\u00eda espa\u00f1ola<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Reducir el fen\u00f3meno OVNI a una patolog\u00eda cultural norteamericana vinculada a la Guerra Fr\u00eda ser\u00eda, sin embargo, insuficiente. Tambi\u00e9n en Espa\u00f1a cristaliz\u00f3 una recepci\u00f3n propia (<em>Spain is different<\/em>). Como mostr\u00f3 Ignacio Cabria en sus estudios hist\u00f3rico-antropol\u00f3gicos sobre la ufolog\u00eda espa\u00f1ola, los llamados platillos volantes llegaron en buena medida como producto de la cultura de masas estadounidense de posguerra, que permite interpretar la llegada del mito como una forma de colonizaci\u00f3n simb\u00f3lica junto con m\u00fasicas, im\u00e1genes y estilos de vida importados. Pero su arraigo espa\u00f1ol no fue mera copia. El mito se injert\u00f3 en un contexto espec\u00edfico \u2014franquismo tard\u00edo, modernizaci\u00f3n de la t\u00e9cnica, persistencia religiosa y creciente fascinaci\u00f3n por la astron\u00e1utica\u2014 hasta adquirir sabor propio.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El mismo autor propon\u00eda adem\u00e1s una distinci\u00f3n especialmente fecunda entre el OVNI en sentido estricto \u2014el objeto a\u00e9reo no identificado\u2014 y el \u201covni\u201d en sentido cultural: la figura ya cargada de expectativas y significados, convertida casi autom\u00e1ticamente en nave extraterrestre, visitante c\u00f3smico o inteligencia superior. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa diferencia permite entender que el fen\u00f3meno no consist\u00eda solo en avistamientos, sino en la formaci\u00f3n de una subcultura reconocible: investigadores aficionados, boletines especializados, divulgadores, creyentes, contactados y una intensa circulaci\u00f3n medi\u00e1tica. M\u00e1s all\u00e1 de la realidad o irrealidad del fen\u00f3meno lo cierto es que se extendi\u00f3 ofreciendo una nueva imagen del lugar del hombre en el cosmos y, para algunos, incluso una promesa de regeneraci\u00f3n espiritual.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Del platillo volante al algoritmo: dos mitos, una misma estructura<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La analog\u00eda con un fen\u00f3meno de nuestro tiempo resulta inmediata. Tambi\u00e9n conviene distinguir hoy entre la inteligencia artificial en sentido t\u00e9cnico \u2014grandes modelos ling\u00fc\u00edsticos, sistemas predictivos, visi\u00f3n computacional, automatizaci\u00f3n de tareas delimitadas\u2014 y la \u201cIA\u201d en sentido cultural: una entidad difusa a la que se atribuyen conciencia inminente, voluntad aut\u00f3noma, apariencia de omnisciencia operativa o capacidad de sustituir globalmente al ser humano. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Del mismo modo que muchos objetos no identificados fueron absorbidos por la imagen previa del platillo volante, innovaciones heterog\u00e9neas quedan hoy absorbidas por la figura m\u00edtica de una superinteligencia pr\u00f3xima, unas veces temida como amenaza civilizatoria y otras invocada como redentora soluci\u00f3n t\u00e9cnica.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n hoy buena parte de la imaginaci\u00f3n p\u00fablica sobre la inteligencia artificial nace menos del conocimiento directo de sus fundamentos matem\u00e1ticos que de demostraciones espectaculares, promesas empresariales y escenarios futuros extremos. Encuestas recientes muestran que una proporci\u00f3n relevante de la poblaci\u00f3n considera plausible que futuros sistemas artificiales lleguen a ser conscientes o desarrollen formas de autonom\u00eda\u00a0comparables a las humanas. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un sondeo internacional de 2023 se\u00f1alaba que cerca de un tercio de los encuestados ve\u00eda plausible la aparici\u00f3n de una IA consciente en las pr\u00f3ximas d\u00e9cadas. El dato recuerda otro clima\u00a0 cultural: en 1973 una encuesta de Gallup registraba que el 51% de los estadounidenses cre\u00eda en la realidad del\u00a0 fen\u00f3meno OVNI, y entre 1973 y 2019 entre el 47% y el 57% sostuvo que los ovnis eran \u201calgo real\u201d y no mera imaginaci\u00f3n. No se trata de fen\u00f3menos equivalentes, pero s\u00ed de una afinidad reveladora: la disposici\u00f3n peri\u00f3dica de sociedades tecnificadas a imaginar inteligencias no humanas actuando en su horizonte.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La amenaza de dejar de ser \u00fanicos<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ser\u00eda f\u00e1cil despachar ambos episodios \u2014el entusiasmo ufol\u00f3gico de ayer y la ansiedad algor\u00edtmica de hoy\u2014 como\u00a0simples oleadas de credulidad. M\u00e1s interesante resulta advertir lo que tienen en com\u00fan: en ambos casos aparece\u00a0la sospecha de que la <a href=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/foco\/por-que-la-inteligencia-artificial-revela-lo-mas-hondo\/\">humanidad<\/a>, o alguno de sus rasgos m\u00e1s \u00edntimos, podr\u00eda dejar de ser \u00fanico.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es una inquietud menor. Buena parte de la modernidad descans\u00f3, incluso cuando dej\u00f3 de expresarlo en lenguaje religioso, sobre la convicci\u00f3n de que el hombre ocupa una posici\u00f3n excepcional: animal racional en sentido aristot\u00e9lico, sujeto moral kantiano, autor de t\u00e9cnica, portador de conciencia reflexiva. Cuando surge la posibilidad de otra inteligencia \u2014proceda de otros mundos o de nuestros propios artefactos\u2014 esa autocomprensi\u00f3n entra en revisi\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La cuesti\u00f3n inmediata parece dirigirse hacia el exterior: \u00bfexisten ellos?, \u00bfpiensan realmente?, \u00bfpodr\u00edan superarnos? Pero la pregunta m\u00e1s profunda se dirige hacia dentro: \u00bfqu\u00e9 rasgo permanece espec\u00edficamente humano si la inteligencia deja de ser patrimonio exclusivo nuestro?\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estas reacciones pueden interpretarse desde la psicolog\u00eda en t\u00e9rminos de <em>human distinctiveness threat<\/em>: la incomodidad que surge cuando facultades consideradas distintivamente humanas \u2014lenguaje complejo, creatividad, deliberaci\u00f3n, autonom\u00eda o autoconciencia\u2014 parecen atribuibles a agentes no humanos. La cuesti\u00f3n no se reduce, por tanto, a la utilidad de una tecnolog\u00eda, sino al estatuto simb\u00f3lico de ciertas capacidades mediante las que una cultura se define a s\u00ed misma. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Cop\u00e9rnico, Darwin, Freud\u2026 y ahora<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En una l\u00ednea convergente, la investigaci\u00f3n sobre robots antropom\u00f3rficos y sobre el denominado <em>uncanny valley<\/em>, formulado inicialmente por Masahiro Mori, sugiere que las entidades casi humanas provocan con frecuencia una mezcla de familiaridad y rechazo: cuanto m\u00e1s se aproximan a nuestros rasgos sin coincidir plenamente con ellos, mayor puede ser la inquietud que suscitan. No defendemos solo funciones; defendemos l\u00edmites identitarios.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde una perspectiva hist\u00f3rica m\u00e1s amplia, el problema remite a una secuencia de descentramientos sucesivos de la imagen humana. Nicolaus Copernicus desplaz\u00f3 a la Tierra del centro del cosmos; Charles Darwin cuestion\u00f3 la frontera absoluta entre hombre y animal; Sigmund Freud insisti\u00f3 en que la conciencia no es transparente para s\u00ed misma. Los extraterrestres habr\u00edan puesto en cuesti\u00f3n nuestra centralidad c\u00f3smica; la inteligencia artificial interpela ahora nuestra centralidad cognitiva. Cada \u00e9poca teme perder el privilegio que considera m\u00e1s propio.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La tentaci\u00f3n de la inteligencia redentora<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No faltaron en los a\u00f1os cincuenta quienes esperaban de los visitantes del espacio una superioridad moral capaz de corregir las violencias terrestres. En buena parte del contactismo de posguerra, desde George Adamski \u2014 quien afirm\u00f3 haber conocido ocupantes de OVNIs, describi\u00e9ndolos como ben\u00e9volos alien\u00edgenas de rasgos n\u00f3rdicos, los llamados \u201cHermanos del Espacio\u201d, y asegur\u00f3 incluso haber viajado con ellos a la Luna y a otros planetas\u2014, hasta m\u00faltiples ep\u00edgonos europeos, los visitantes no llegaban como conquistadores, sino como admonitores \u00e9ticos que advert\u00edan contra la guerra nuclear, el materialismo o la decadencia espiritual. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nuestro tiempo reproduce la simetr\u00eda inversa: ciertos discursos presentan la inteligencia artificial como instancia neutral llamada a superar sesgos humanos o limitaciones cognitivas.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ambos casos se advierte la tentaci\u00f3n de atribuir a una inteligencia no humana aquello que echamos en falta en la nuestra. Ayer se proyect\u00f3 sobre civilizaciones avanzadas llegadas de Marte o Venus; hoy sobre sistemas de aprendizaje autom\u00e1tico. Pero tambi\u00e9n opera la tentaci\u00f3n contraria: proyectar en ellas nuestros miedos m\u00e1s profundos y los sesgos caracter\u00edsticos de cada \u00e9poca. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Buena parte del imaginario extraterrestre de mediados del siglo XX reprodujo ansiedades sexuales, jerarqu\u00edas raciales y fantas\u00edas de g\u00e9nero propias de su tiempo: no faltaron filmes de serie B (y no tan B) poblados por venusinas hipersexualizadas o invasores que agitaban el temor geopol\u00edtico de la Guerra Fr\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Del mismo modo, las narrativas actuales sobre la inteligencia artificial suelen reflejar obsesiones m\u00e1s contempor\u00e1neas: vigilancia total, p\u00e9rdida de empleo, manipulaci\u00f3n algor\u00edtmica, erosi\u00f3n\u00a0de la intimidad o sustituci\u00f3n afectiva. La alteridad imaginada rara vez es neutral; suele devolvernos, exagerados, los rasgos de nuestra propia \u00e9poca.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Expectativas salv\u00edficas sin Dios<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La sociolog\u00eda de la religi\u00f3n permite a\u00f1adir aqu\u00ed un matiz relevante. En sociedades secularizadas, ciertas expectativas salv\u00edficas no desaparecen necesariamente; cambian de objeto. Lo que antes se formulaba en lenguaje expl\u00edcitamente religioso reaparece a veces como confianza en visitantes c\u00f3smicos moralmente superiores o como fe en una tecnolog\u00eda capaz de resolver conflictos humanos persistentes. La promesa permanece, aunque muden sus s\u00edmbolos. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No deja de ser significativo que incluso tradiciones religiosas antiguas, como la cristiana, hayan pensado desde hace siglos la existencia de inteligencias no humanas \u2014\u00e1ngeles, por ejemplo\u2014, aunque en un registro metaf\u00edsico radicalmente distinto del extraterrestre o del algoritmo.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La respuesta cat\u00f3lica: ni p\u00e1nico ni entusiasmo<\/strong> <\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El pensamiento cat\u00f3lico reaccion\u00f3 a estas cuestiones de un modo m\u00e1s matizado de lo que suele suponerse. La hip\u00f3tesis extraterrestre no produjo una crisis doctrinal, sino un ejercicio de ampliaci\u00f3n intelectual, aunque no faltaron especulaciones ingenuas, excesos apolog\u00e9ticos y entusiasmos de escaso rigor. Junto a ocurrencias hoy olvidables, aparecieron reflexiones m\u00e1s serias. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Karl Rahner sostuvo que la universalidad de la gracia no depend\u00eda de la soledad biol\u00f3gica del hombre en el universo. Pierre Teilhard de Chardin, desde una cristolog\u00eda c\u00f3smica marcada por la evoluci\u00f3n, concibi\u00f3 a Cristo como centro convergente de la creaci\u00f3n entera, no de una sola especie aislada. D\u00e9cadas m\u00e1s tarde, el astr\u00f3nomo jesuita Jos\u00e9 Gabriel Funes recordar\u00eda p\u00fablicamente que la posibilidad de vida extraterrestre no contradice la fe cristiana y que un universo poblado no limitar\u00eda la libertad creadora de Dios. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En todos estos casos conviene subrayar lo obvio: se trataba menos de responder a un hecho demostrado que de explorar, con mayor o menor fortuna, las consecuencias te\u00f3ricas de una hip\u00f3tesis todav\u00eda enteramente abierta.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De ese debate emergieron, de manera esquem\u00e1tica, cuatro grandes modelos. El exclusivista sostiene que solo la humanidad participa directamente en la econom\u00eda de la redenci\u00f3n vinculada a la \u00fanica Encarnaci\u00f3n hist\u00f3rica de Cristo. El inclusivo propone que esa misma obra salv\u00edfica podr\u00eda extenderse tambi\u00e9n a otros seres racionales. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Otros autores imaginaron m\u00faltiples encarnaciones del Logos en distintos mundos, mientras una cuarta posici\u00f3n subraya simplemente la libertad divina para conducir a otras inteligencias por v\u00edas desconocidas para nosotros. Ninguna de estas hip\u00f3tesis ha sido definida dogm\u00e1ticamente por la Iglesia, lo que no sorprende: se discut\u00edan escenarios especulativos, no hechos establecidos.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Otros autores, como Ted Peters \u2014te\u00f3logo luterano y uno de los principales impulsores de la llamada <em>astrotheology<\/em>, dedicada a pensar las implicaciones religiosas de la vida extraterrestre\u2014 o Andrew Davison \u2014 te\u00f3logo anglicano y autor de <em>Astrobiology and Christian Doctrine<\/em>, quiz\u00e1 el estudio reciente m\u00e1s sistem\u00e1tico sobre la cuesti\u00f3n\u2014, han mostrado en tiempos recientes que el tema no obliga a elegir entre fide\u00edsmo ingenuo y p\u00e1nico apolog\u00e9tico. La intuici\u00f3n dominante, en todo caso, es clara: un eventual descubrimiento de vida inteligente exigir\u00eda desarrollo teol\u00f3gico, no colapso doctrinal. Son reflexiones intelectualmente sugerentes, aunque inevitablemente no verificables en sentido emp\u00edrico.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El problema de si hay alguien ah\u00ed<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algo semejante ocurre hoy ante la inteligencia artificial. La respuesta cat\u00f3lica reciente no se ha centrado tanto en negar capacidades t\u00e9cnicas futuras cuanto en precisar la diferencia entre rendimiento funcional y dignidad personal. Documentos impulsados por la Pontifical Academy for Life, como la <em>Rome Call for AI Ethics <\/em>(2020), insistieron en criterios de transparencia, responsabilidad e inclusi\u00f3n. M\u00e1s recientemente, la nota vaticana <em><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/documents\/rc_ddf_doc_20250128_antiqua-et-nova_sp.html\">Antiqua et nova<\/a> <\/em>(2025) ha subrayado que la inteligencia artificial, por sofisticada que llegue a ser, no equivale a la inteligencia humana entendida como facultad inseparable de corporeidad, libertad, juicio moral y apertura relacional. De ah\u00ed que ninguna decisi\u00f3n \u00e9ticamente relevante pueda abandonarse sin resto a sistemas autom\u00e1ticos. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La pregunta no es simplemente qu\u00e9 podr\u00e1n hacer las m\u00e1quinas, sino qu\u00e9 no puede quedar reducido a m\u00e1quina sin empobrecer la idea misma de lo humano.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aqu\u00ed la filosof\u00eda de la mente ofrece un paralelo instructivo. Desde el experimento mental de la \u201chabitaci\u00f3n china\u201d de John Searle hasta el \u201cproblema duro\u201d de la conciencia formulado por David Chalmers, buena parte del debate contempor\u00e1neo distingue entre procesamiento de informaci\u00f3n y experiencia subjetiva. Un sistema puede ejecutar tareas complejas, producir lenguaje convincente o aprender regularidades estad\u00edsticas sin que por ello&nbsp; quede resuelta la pregunta decisiva: si hay alguien ah\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Autores como Noreen Herzfeld \u2014una de las pioneras en el di\u00e1logo entre teolog\u00eda cristiana e inteligencia artificial,\u00a0 especialmente en torno a la noci\u00f3n b\u00edblica de imagen de Dios\u2014 han trasladado esta cuesti\u00f3n al \u00e1mbito teol\u00f3gico pregunt\u00e1ndose si una m\u00e1quina podr\u00eda ser considerada persona en sentido fuerte. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Otros, como Shannon Vallor \u2014referencia en \u00e9tica de la tecnolog\u00eda y autora de una influyente reformulaci\u00f3n contempor\u00e1nea de la \u00e9tica de la virtud aplicada al mundo digital\u2014, han subrayado que el problema no se limita a la conciencia artificial, sino a c\u00f3mo la tecnolog\u00eda reconfigura virtudes humanas b\u00e1sicas como la prudencia, responsabilidad, atenci\u00f3n y juicio pr\u00e1ctico. El debate serio sobre IA no se agota, por tanto, en si las m\u00e1quinas pensar\u00e1n como nosotros, sino en si nosotros seguiremos pensando humanamente con ellas.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Lo que ni los marcianos ni las m\u00e1quinas pueden quitarnos<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta distinci\u00f3n no implica desprecio alguno por la t\u00e9cnica. La Iglesia contempor\u00e1nea ha mostrado, pese a simplificaciones hist\u00f3ricas persistentes, una sostenida disposici\u00f3n a dialogar con la innovaci\u00f3n cient\u00edfica, como testimonia una larga tradici\u00f3n intelectual que ha procurado pensar el progreso t\u00e9cnico sin renunciar a las preguntas filos\u00f3ficas y morales que inevitablemente lo acompa\u00f1an. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que intenta preservar es algo m\u00e1s elemental: que la persona no se reduce a un agregado de procesos eficientes, que la dignidad no depende del rendimiento y que la libertad excede toda l\u00f3gica de c\u00e1lculo \u00f3ptimo. De ah\u00ed la insistencia en que la inteligencia artificial debe permanecer al servicio del hombre y no al rev\u00e9s. No se trata \u00fanicamente de prudencia normativa, sino de una determinada concepci\u00f3n de la realidad humana; en \u00faltimo t\u00e9rmino, de antropolog\u00eda filos\u00f3fica.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algo semejante cabr\u00eda decir retrospectivamente del episodio OVNI. El inter\u00e9s cat\u00f3lico por la posibilidad de otras inteligencias no respond\u00eda principalmente a curiosidad astron\u00f3mica, sino a la necesidad de pensar la universalidad del sentido. Si el cosmos estuviera habitado, \u00bfser\u00eda tambi\u00e9n un cosmos moral? \u00bfCompartir\u00edan otros seres alguna orientaci\u00f3n hacia la verdad y el bien? \u00bfExistir\u00eda entre criaturas radicalmente distintas comunidades m\u00e1s profundas que la mera biolog\u00eda? Formuladas as\u00ed, aquellas preguntas resultan menos extravagantes de lo que hoy parecen.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mirado desde cierta distancia, tanto los platillos volantes como los algoritmos avanzados pertenecen a la historia cambiante de nuestras figuraciones de la alteridad. El fen\u00f3meno OVNI acab\u00f3 integr\u00e1ndose en la cultura popular \u2014cine, literatura, iconograf\u00eda, humor, nostalgia\u2014 al tiempo que perd\u00eda buena parte de su intensidad social originaria. No es imposible que algo semejante ocurra con la IA: tras la fase inicial de p\u00e1nico y euforia, quiz\u00e1 termine convertida en infraestructura cotidiana, menos m\u00edtica y m\u00e1s banal, aunque no por ello menos influyente.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dicho con brevedad: la singularidad humana no se juega en poseer en exclusiva determinadas capacidades, siempre susceptibles de ser imitadas o superadas, sino en una forma de ser que incluye responsabilidad moral, apertura a la verdad, capacidad de amar y conciencia de la propia finitud. Si eso es cierto, ni los viejos marcianos ni las nuevas m\u00e1quinas nos desplazan: nos obligan a comprender mejor aquello que somos y a resistir dos simplificaciones opuestas, reaccionar con miedo autom\u00e1tico ante toda forma emergente de inteligencia no humana o celebrarla como instancia redentora. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El siglo pasado conoci\u00f3 ambas tentaciones respecto de los extraterrestres: amenaza invasora en unas narrativas, civilizaci\u00f3n superior llamada a rescatarnos en otras. Nuestro tiempo repite el esquema con la inteligencia artificial: para algunos anunciar\u00eda desempleo masivo, manipulaci\u00f3n total o p\u00e9rdida de control; para otros inaugura una era de abundancia cognitiva, medicina perfecta y administraci\u00f3n neutral de los conflictos humanos. Ninguna de las dos posturas suele pensar con suficiente calma.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tal vez esa sea, al final, la paradoja de estas inteligencias imaginadas o emergentes. Llegan como rivales, amenazas o salvadores, y terminan oblig\u00e1ndonos a una tarea mucho menos espectacular: conocernos mejor. Desde la mirada cristiana, la singularidad humana no depende de monopolizar ciertas capacidades \u2014siempre ampliables o imitables\u2014, sino de haber sido llamada a una relaci\u00f3n personal con la verdad, con los otros y con Dios.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante la segunda mitad del siglo XX, la posibilidad de inteligencias no humanas se imagin\u00f3 frecuentemente en clave extraterrestre. Fue, ya de por s\u00ed, un fen\u00f3meno cultural llamativo: una combinaci\u00f3n de fascinaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, ansiedad geopol\u00edtica, expansi\u00f3n medi\u00e1tica y quiz\u00e1 el viejo deseo humano de no estar solos. 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