{"id":60863,"date":"2026-05-18T06:00:00","date_gmt":"2026-05-18T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/?p=60863"},"modified":"2026-04-29T12:05:16","modified_gmt":"2026-04-29T10:05:16","slug":"estambul-antigua-constantinopla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/estambul-antigua-constantinopla\/","title":{"rendered":"Estambul: la antigua Constantinopla"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">Este art\u00edculo sigue a los dedicados a Meteora y al <a href=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/actualidad\/athos-republica-de-la-oracion\/\" type=\"post\" id=\"59632\">Monte Athos<\/a>, completando as\u00ed el recorrido por lo que he denominado el \u201ctri\u00e1ngulo espiritual\u201d greco-ortodoxo, cuyos tres v\u00e9rtices son: la Rep\u00fablica Mon\u00e1stica del Athos, los monasterios de Tesalia y, el m\u00e1s importante, Constantinopla, la madre, la ciudad de donde todo parte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es una ciudad que ha cambiado de nombre tres veces a lo largo de dos mil setecientos a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image alignright size-large is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/471715137_122133272162497230_7517006778425573259_n-1024x768.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-60868\" style=\"width:244px;height:auto\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">El estrecho del B\u00f3sforo<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En un principio fue Bizancio (\u201cByzantion\u201d), una ciudad griega fundada por Byzas y colonos de Megara, en un promontorio triangular donde el Cuerno de Oro se une con el B\u00f3sforo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s tarde pas\u00f3 a llamarse Constantinopla cuando, en el a\u00f1o 330 d. C., Constantino I decidi\u00f3 establecer una nueva capital para su imperio, que se desplazaba cada vez m\u00e1s hacia Oriente. Eligi\u00f3 Bizancio por su ubicaci\u00f3n privilegiada, la mand\u00f3 reconstruir a escala monumental y la rebautiz\u00f3 como \u201cNova Roma\u201d, pero este nombre nunca cuaj\u00f3 entre la poblaci\u00f3n: todos llamaban a la ciudad \u201cKostantinoupolis\u201d, la ciudad de Constantino, y as\u00ed permaneci\u00f3 durante m\u00e1s de mil a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El nombre Estambul, por el contrario, tiene una historia particular porque, contrariamente a lo que se cree, no fue impuesto por un conquistador. De hecho, ya se utilizaba incluso antes de que la ciudad cayera en manos otomanas, en 1453. Los griegos de aquella zona, de hecho, utilizaban la expresi\u00f3n \u201cis tin polin\u201d (que en pronunciaci\u00f3n cl\u00e1sica ser\u00eda \u201ceis ten polein\u201d) para indicar el movimiento \u201chacia la ciudad\u201d, el ir a la ciudad. Y la ciudad por excelencia era precisamente Constantinopla. Esa expresi\u00f3n, por una contracci\u00f3n y una modificaci\u00f3n de la \u201cp\u201d en \u201cb\u201d, se convirti\u00f3 en Istinbolin y luego en <a href=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/actualidad\/turquia-vecino-incomodo\/\" type=\"post\" id=\"38584\">Estambul<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mahoma II, que conquist\u00f3 la ciudad entrando a caballo en Santa Sof\u00eda el 29 de mayo de 1453, sigui\u00f3 utilizando ese nombre, junto con \u201cConstantinopla\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No fue hasta el 28 de marzo de 1930 cuando el Gobierno de la reci\u00e9n creada Rep\u00fablica Turca de Atat\u00fcrk, mediante un comunicado oficial, estableci\u00f3 que Estambul ser\u00eda, a partir de ese momento, el \u00fanico nombre de la metr\u00f3poli, que ya no era la capital.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El embarcadero<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como europeo, llegar a Estambul \u2014o Constantinopla\u2014 atravesando Asia es algo singular, pero es otra de las particularidades de esta ciudad, que, de hecho, se encuentra a caballo entre dos continentes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es 2010, el viaje me llevar\u00e1 primero all\u00ed y luego al Monte Athos. El vuelo m\u00e1s barato desde Roma, sin embargo, no aterriza en el aeropuerto principal, sino en Sabiha G\u00f6k\u00e7en, en la parte asi\u00e1tica. Durante la aproximaci\u00f3n, observo con asombro, sobre el mar de M\u00e1rmara, un pu\u00f1ado de islotes con villas blancas y ocres de los ricos de Estambul que dan al agua. Luego, la pista de asfalto, el aterrizaje y una extra\u00f1a sensaci\u00f3n que me acompa\u00f1ar\u00e1 durante toda mi estancia en la Nueva Roma: la de ser extranjero, pero no del todo ajeno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde el aeropuerto asi\u00e1tico, cojo un autob\u00fas hasta la terminal de ferris y embarco rumbo a la orilla europea. La tarde es fresca, parece que ha llovido bastante, y sobre el B\u00f3sforo sopla el viento del Mar Negro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La orilla europea que se acerca se me muestra en todo su esplendor: mezquitas, campanarios, el laberinto de tejados de G\u00e1lata. Desde el muelle, un taxi me lleva hasta el peque\u00f1o apartamento de los frailes dominicos de G\u00e1lata, justo debajo de la torre.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>De G\u00e1lata a Santa Sof\u00eda<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image alignright size-large is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/471858268_122133271796497230_2235274988458772587_n-768x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-60873\" style=\"aspect-ratio:0.750063694267516;width:209px;height:auto\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Torre de G\u00e1lata<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">G\u00e1lata, conocida anteriormente como Pera, a\u00fan conserva las huellas de la colonia genovesa que domin\u00f3 esta parte de la ciudad durante siglos: los frailes dominicos est\u00e1n presentes all\u00ed desde el siglo XIII, y la torre que se divisa desde casi cualquier punto de Estambul fue construida precisamente por los genoveses en 1348, con el nombre de Torre de Cristo. Nada m\u00e1s llegar, subo las escaleras, a pesar del cielo nublado: desde lo alto, la ciudad se extiende en todas direcciones, el Cuerno de Oro a un lado, el B\u00f3sforo al otro, y los minaretes que salpican el horizonte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al d\u00eda siguiente, salgo de G\u00e1lata, cruzo el puente sobre el Cuerno de Oro y cojo el tranv\u00eda hasta Santa Sof\u00eda, que es, literalmente, indescriptible. Puede que hayas visto las fotos, le\u00eddo las descripciones o conozcas su historia, pero nada se puede comparar con la sensaci\u00f3n de tenerla ante ti en una templada ma\u00f1ana de junio, con sus colores claros y la imponencia de su estructura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al entrar, lo que m\u00e1s impresiona es la c\u00fapula, suspendida a cincuenta y cinco metros del suelo y sostenida por cuarenta ventanas; se trata de la obra maestra de ingenier\u00eda y teolog\u00eda del emperador Justiniano I, construida entre los a\u00f1os 532 y 537 por los matem\u00e1ticos Isidoro de Mileto y Antemio de Tralles. Se cuenta que Justiniano, en la inauguraci\u00f3n, exclam\u00f3: \u201cSalom\u00f3n, te he superado\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El reto era enorme: nadie hab\u00eda construido jam\u00e1s una c\u00fapula similar sobre una base cuadrangular en lugar de circular. El punto de referencia era el Pante\u00f3n de Roma, terminado por Adriano en el siglo II, con sus 43 metros de di\u00e1metro: una estructura que mantuvo el r\u00e9cord durante casi mil a\u00f1os. En Santa Sof\u00eda, la c\u00fapula es m\u00e1s peque\u00f1a, pero descansa sobre cuatro pilares en lugar de sobre una pared circular continua, lo que la hace m\u00e1s audaz desde el punto de vista de la ingenier\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El primer intento fracas\u00f3: la c\u00fapula se derrumb\u00f3 en el a\u00f1o 558, veinte a\u00f1os despu\u00e9s de su inauguraci\u00f3n, y fue reconstruida por el sobrino de uno de los dise\u00f1adores originales, seis metros m\u00e1s alta y con el peso mejor distribuido a lo largo de las paredes. La que vemos hoy es la segunda. Y se mantiene en pie desde hace mil cuatrocientos a\u00f1os (aunque es m\u00e1s peque\u00f1a que la del Pante\u00f3n, que solo Brunelleschi logr\u00f3 superar con la c\u00fapula de Santa Maria del Fiore, en Florencia, en 1436).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El ambiente en el interior es de solemnidad y asombro. Uno se siente peque\u00f1o entre los mosaicos cristianos que emergen junto a los grandes medallones de caligraf\u00eda \u00e1rabe con los nombres de Al\u00e1 y de los califas, a\u00f1adidos tras la conquista otomana de 1453. En la planta superior, me quedo embelesado ante la Deesis, el mosaico del Cristo entronizado entre la Virgen y Juan el Bautista, del siglo XIII. Y el rostro de Cristo, consumido por el tiempo, te mira con esa expresi\u00f3n de \u00ab\u201dmperturbabilidad\u201d que explica visualmente la inscripci\u00f3n en griego \u201cO \u03a9N\u201d (o on, \u201cel que es\u201d), como diciendo \u201csiempre he estado aqu\u00ed y siempre estar\u00e9\u201d.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-large is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/471962802_122133272102497230_404504137835887602_n-1024x768.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-60876\" style=\"width:580px;height:auto\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Interior de Santa Sof\u00eda<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La Mezquita Azul y el descanso sobre la alfombra<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tras la larga visita a Santa Sof\u00eda y un peque\u00f1o refrigerio a base de sirope de cereza amarga, recorro el barrio de S\u00fcltanhamet, el centro hist\u00f3rico de la ciudad, bajando hasta las ruinas del gran hip\u00f3dromo construido por Septimio Severo en el a\u00f1o 203 d. C. y ampliado por Constantino. Hoy es una plaza con un obelisco egipcio en el centro: casi nada de lo que fue. Lo que m\u00e1s me impresiona es saber que los famosos Caballos de San Marcos de Venecia se encontraban aqu\u00ed, en la torre de salida de las carreras, hasta 1204, cuando los soldados de la Cuarta Cruzada saquearon la ciudad y se los llevaron. Y fue tambi\u00e9n aqu\u00ed, en el a\u00f1o 532, donde Justiniano mand\u00f3 masacrar a treinta y cinco mil rebeldes que hab\u00edan devastado la capital y quemado la primera bas\u00edlica de Santa Sof\u00eda, posteriormente reconstruida en su forma actual.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-large is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/471775909_122133272258497230_1846589547055803946_n-1024x768.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-60870\" style=\"width:543px;height:auto\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Interior de la Mezquita Azul<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Despu\u00e9s de comer, a descansar! Pero no en una cama, sino sobre la gran alfombra de la mezquita, construida entre 1609 y 1616, a pocos pasos de Santa Sof\u00eda: seis minaretes, cincuenta mil azulejos de Iznik azules y azulados, una luz que entra por doscientas sesenta ventanas y que no ilumina, sino que suaviza cada superficie. Y aqu\u00ed se respira paz de verdad. Me siento en la zona lateral, con la espalda apoyada en la pared y a poca distancia de algunos hombres postrados en oraci\u00f3n y de otros sentados en peque\u00f1os grupos, conversando en voz baja. La mezquita, al igual que la sinagoga, no es un templo en el sentido estricto del t\u00e9rmino, un lugar donde habita lo sagrado. De hecho, en \u00e1rabe,\u201dmasjid\u201d significa \u201clugar donde uno se sienta\u201d, y sinagoga en griego, al igual que \u201cbet ha-kneset\u201d en hebreo, significa \u201ccasa de reuni\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Por las calles de Constantinopla<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image alignright size-large is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/471726909_122133271802497230_4872635082338812368_n-1024x768.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-60869\" style=\"width:264px;height:auto\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Escultura de la cabeza de Medusa en la Cisterna Bas\u00edlica (la imagen est\u00e1 dada la vuelta para poder apreciar la escultura)<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante los d\u00edas siguientes recorro la ciudad palmo a palmo, entre Europa y Asia, a pie, en metro, en barco, en tranv\u00eda: bajo tierra, en la Cisterna Bas\u00edlica, donde las trescientas treinta y seis columnas de m\u00e1rmol sostienen una b\u00f3veda en medio del silencio y el goteo del agua, con dos cabezas de Medusa que sirven de base a otras tantas columnas que miran de reojo; en la superficie, donde el Palacio de Topkapi, con su Puerta Sublime, se extiende sobre un promontorio entre el Cuerno de Oro y el B\u00f3sforo como un laberinto de patios y pabellones, con el har\u00e9n revestido de azulejos azules.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre las cosas que m\u00e1s me impresionan est\u00e1n la iglesia de San Salvador en Chora, con sus magn\u00edficos mosaicos del siglo XIV sobre la vida de la Virgen y la infancia de Cristo, y los famosos ba\u00f1os de Sinan, con sus b\u00f3vedas salpicadas de \u00f3culos que filtran la luz como estrellas mientras un hombre corpulento y musculoso te enjabona en\u00e9rgicamente la espalda.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-large is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/471850576_122133272168497230_4400645969727094700_n-1024x768.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-60871\" style=\"width:506px;height:auto\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Cristo Pantocr\u00e1tor en una iglesia de Estambul<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una noche, en las callejuelas de G\u00e1lata, ceno en un peque\u00f1o restaurante <a href=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/actualidad\/georgia-el-primer-el-dorado\/\" type=\"post\" id=\"41637\">georgiano<\/a>: dentro, la due\u00f1a, cantante y pianista, interpreta canciones del C\u00e1ucaso en un ambiente que parece un sal\u00f3n privado, y su marido sirve las mesas entre una canci\u00f3n y otra. Aqu\u00ed pruebo por primera vez los khinkali, unos raviolis rellenos de carne y caldo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En Fanar, el barrio de la linterna, el Patriarcado Ecum\u00e9nico de Constantinopla sobrevive con no pocas dificultades en un peque\u00f1o complejo situado alrededor de la iglesia de San Jorge, de 1720. \u00a1Aqu\u00ed me encuentro por casualidad con el patriarca Bartolom\u00e9 I, a quien confundo con un conserje mientras le pido informaci\u00f3n! Se detiene a charlar conmigo primero en ingl\u00e9s y luego, al descubrir que soy italiano, en mi idioma. Solo despu\u00e9s descubro de qui\u00e9n se trata, cuando una mujer a la entrada de la iglesia me mira con la expresi\u00f3n de quien acaba de presenciar algo divertido: \u201c\u00bfsabes qui\u00e9n era?\u201d. No lo sab\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las tardes las paso en los tejados de G\u00e1lata, en una terraza desde la que se ven las luces encenderse una a una hacia el Cuerno de Oro mientras el cielo cambia de color. Un d\u00eda, incluso me top\u00e9, en un callej\u00f3n del Gran Bazar, con algunos miembros de la comunidad jud\u00eda sefard\u00ed, con quienes intercambiamos unas palabras en espa\u00f1ol (yo en espa\u00f1ol, ellos en judeoespa\u00f1ol), tras la traves\u00eda que nos lleva, en Asia, hasta el \u00faltimo asentamiento <a href=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/actualidad\/armenia-la-primera-nacion-cristiana\/\" type=\"post\" id=\"27840\">armenio <\/a>de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image alignright size-large is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/471675571_122133273620497230_6155211575153149087_n-768x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-60877\" style=\"aspect-ratio:0.7500197957082905;width:261px;height:auto\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Interior del Gran Bazar de Estambul<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La \u00faltima tarde, antes de subir al tren hacia Sal\u00f3nica, me quedo un rato en el puente de G\u00e1lata. Los pescadores est\u00e1n alineados con las ca\u00f1as en el agua y el sol se pone sobre la ciudad, ti\u00f1endo de rojo los minaretes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El puente es una larga pasarela de dos pisos sobre las tranquilas aguas. El aire huele a mar y la ciudad resplandece de luz y colores. Unos chicos en ba\u00f1ador se zambullen en el mar, mientras una marea de gente llega desde la plaza de la Mezquita Nueva tras la oraci\u00f3n. En las aceras, los vendedores de pescado al horno invitan a probar un poco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y aqu\u00ed, en medio del bullicio de gaviotas y gente, bajo el sol rojo fuego que desciende perezosamente sobre el Cuerno de Oro, me asomo a la barandilla y veo a un anciano solitario, con un fez rojo con un lazo de seda negra en la cabeza, y en el rostro una extra\u00f1a mezcla de felicidad y melancol\u00eda. Parece que todos los estados de \u00e1nimo se funden en su rostro oscuro y arrugado en una \u00fanica expresi\u00f3n, un poco como la que tienen todos los ancianos despu\u00e9s de haber visto tantas, demasiadas cosas en la vida, ya sean feas, de las que no quieren volver a recordar, o bellas, a las que, por el contrario, intentan aferrarse con todas sus fuerzas para no olvidarlas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al igual que Estambul, la ciudad de los dos continentes y de los distintos nombres, de los distintos pueblos y de los millones de historias que desbordan sus calles.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este art\u00edculo sigue a los dedicados a Meteora y al Monte Athos, completando as\u00ed el recorrido por lo que he denominado el \u201ctri\u00e1ngulo espiritual\u201d greco-ortodoxo, cuyos tres v\u00e9rtices son: la Rep\u00fablica Mon\u00e1stica del Athos, los monasterios de Tesalia y, el m\u00e1s importante, Constantinopla, la madre, la ciudad de donde todo parte. 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