{"id":58846,"date":"2026-03-02T06:00:00","date_gmt":"2026-03-02T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/?p=58846"},"modified":"2026-02-27T11:30:57","modified_gmt":"2026-02-27T10:30:57","slug":"el-cirineo-silencioso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/el-cirineo-silencioso\/","title":{"rendered":"El Cirineo silencioso\u00a0"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">La existencia humana tiene algunos pozos insondables a los que cuesta asomarse. Son aquellos que nos hacen experimentar el v\u00e9rtigo, la inseguridad de qui\u00e9n no conoce las aristas y las formas punzantes que esculpen su abrupto brocal. El misterio del dolor es uno de estos pozos. Quiz\u00e1s uno de los m\u00e1s profundos e ininteligibles, donde la raz\u00f3n pierde la batalla en muchas ocasiones y, parad\u00f3jicamente, el que devuelve el reflejo m\u00e1s certero de cada uno de nosotros.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Toda vida tiene dolor, del dolor nace la vida y a\u00fan as\u00ed, el hombre siente una repulsi\u00f3n natural hacia algo que, vivido sin sentido no encuentra explicaci\u00f3n dentro de la llamada a la plenitud que se entrevenera en el alma humana como imagen de Dios que es. Por eso es a Dios al que se dirige la eterna pregunta sobre el sentido del dolor, como se\u00f1alaba san Juan Pablo II en la Carta Apost\u00f3lica <em>Salvifici Doloris<\/em>: \u201c<em>\u00bfPor qu\u00e9 el mal? Ambas preguntas son dif\u00edciles cuando las hace el hombre al hombre como tambi\u00e9n cuando el hombre las hace a Dios. En efecto, el hombre no hace esta pregunta al mundo, aunque muchas veces el sufrimiento provenga de \u00e9l, sino que la hace a Dios como Creador y Se\u00f1or del mundo. Cristo da la respuesta al interrogante sobre el sufrimiento y sobre el sentido del mismo, no s\u00f3lo con sus ense\u00f1anzas, es decir, con la Buena Nueva, sino ante todo con su propio sufrimiento\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para quienes piensen que los cristianos \u201cpersiguen el dolor\u201d o para aquellos que, por el contrario, los acusan de esconder la cara menos amable del mundo en una especie de consuelo beat\u00edfico, la cruz sigue siendo la respuesta. Esa respuesta fue la que recibi\u00f3 Sim\u00f3n de Cirene, ese que \u201cpasaba por ah\u00ed\u201d, y al que le \u201cforzaron\u201d a llevar la Cruz de Cristo. No se recoge en los evangelios ninguna palabra del Cirineo, ni de queja, ni de lo contrario. Es el hombre del silencio, el que acompa\u00f1\u00f3 los pasos de una condenaci\u00f3n que no era suya\u2026 pero era por \u00e9l.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Vida de Dios pasa por la cruz, pero no como un s\u00edmbolo de muerte, de desesperanza, sino como llave de Vida. Como reza ese punto de meditaci\u00f3n que acompa\u00f1a la II estaci\u00f3n del <em>Via Crucis<\/em> escrito por san Josemar\u00eda <em>\u201cHay en el ambiente una especie de miedo a la Cruz, a la Cruz del Se\u00f1or. Y es que han empezado a llamar cruces a todas las cosas desagradables que suceden en la vida, y no saben llevarlas con sentido de hijos de Dios, con visi\u00f3n sobrenatural. \u00a1Hasta quitan las cruces que plantaron nuestros abuelos en los caminos&#8230;! En la Pasi\u00f3n, la Cruz dej\u00f3 de ser s\u00edmbolo de castigo para convertirse en se\u00f1al de victoria. La Cruz es el emblema del Redentor: <\/em>in quo est salus, vita et resurrectio nostra<em>: all\u00ed est\u00e1 nuestra salud, nuestra vida y nuestra resurrecci\u00f3n\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vida y muerte. Cruz y luz. Dolor y alegr\u00eda. Ant\u00f3nimos de la vida humana que es, en s\u00ed, la paradoja contradictoria de dos que son uno. El cristiano sabe que no se trata de \u201cbuscar\u201d el dolor sino, m\u00e1s bien, de aceptar el que viene y acompa\u00f1ar y aliviar al que sufre: de ser, en definitiva, Cirineo silencioso. <\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La existencia humana tiene algunos pozos insondables a los que cuesta asomarse. Son aquellos que nos hacen experimentar el v\u00e9rtigo, la inseguridad de qui\u00e9n no conoce las aristas y las formas punzantes que esculpen su abrupto brocal. El misterio del dolor es uno de estos pozos. 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