{"id":58538,"date":"2026-03-05T06:00:00","date_gmt":"2026-03-05T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/?p=58538"},"modified":"2026-02-18T09:51:57","modified_gmt":"2026-02-18T08:51:57","slug":"lecturas-del-iii-domingo-de-cuaresma-a","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/lecturas-del-iii-domingo-de-cuaresma-a\/","title":{"rendered":"La sed de Cristo. III domingo de Cuaresma (A)"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">El agua y la sed dominan la liturgia de este tercer domingo de Cuaresma. En la primera lectura, el pueblo de Israel, que vaga por el desierto, murmura contra Mois\u00e9s y, en un nivel m\u00e1s profundo, contra Dios mismo: \u201c<em>\u00bfPor qu\u00e9 nos has sacado de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?<\/em>\u201d. A pesar de haber sido testigos de las grandes obras de Dios, lo ponen a prueba. El lugar recibe el nombre de Mas\u00e1 y Merib\u00e1, porque all\u00ed el pueblo discuti\u00f3 y pregunt\u00f3: \u201c<em>\u00bfEst\u00e1 el Se\u00f1or entre nosotros o no?<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Qu\u00e9 diferente es lo que sucede en Sicar, en comparaci\u00f3n con el Evangelio! En el desierto, la sed conduce a la duda y a la rebeli\u00f3n; junto al pozo de Samar\u00eda, la sed se convierte en camino hacia la fe. Al final del Evangelio, la gente declara: \u201c<em>Ya no creemos por lo que t\u00fa dices; nosotros mismos lo hemos o\u00eddo y sabemos que \u00e9l es de verdad el Salvador del mundo<\/em>\u201d. El pasaje evang\u00e9lico es uno de los di\u00e1logos m\u00e1s largos y ricos de toda la Escritura. La conversaci\u00f3n entre Jes\u00fas y la mujer samaritana se desarrolla poco a poco, dando varios giros decisivos. Comienza con una petici\u00f3n sencilla y sorprendente: \u201c<em>Dame de beber<\/em>\u201d. La sed de Jes\u00fas marca el tono de todo el encuentro. La mujer se sorprende: <em>\u201c\u00bfC\u00f3mo t\u00fa, siendo jud\u00edo, me pides de beber a m\u00ed, que soy samaritana?<\/em>\u201d. Pero Jes\u00fas ampl\u00eda enseguida su horizonte: \u201c<em>Si conocieras el don de Dios y qui\u00e9n es el que te dice \u2018dame de beber\u2019, le pedir\u00edas t\u00fa, y \u00e9l te dar\u00eda agua viva<\/em>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jes\u00fas pide agua, pero es \u00c9l quien en realidad ofrece el agua, el agua viva. A medida que el di\u00e1logo se profundiza, la mujer pide: \u201c<em>Se\u00f1or, dame esa agua: as\u00ed no tendr\u00e9 m\u00e1s sed, ni tendr\u00e9 que venir aqu\u00ed a sacarla<\/em>\u201d. Lo que comienza como una petici\u00f3n de Jes\u00fas se convierte en el deseo de ella. La oferta de Cristo despierta una demanda m\u00e1s profunda en su coraz\u00f3n. Al continuar la conversaci\u00f3n, Jes\u00fas revela la verdad de su vida, ha tenido cinco maridos y ahora vive con alguien que no es su esposo. Detr\u00e1s de esta revelaci\u00f3n no hay condena, sino compasi\u00f3n. Vemos a una mujer marcada por un anhelo profundo, por una b\u00fasqueda insatisfecha de amor y de felicidad. Ha buscado una y otra vez y, sin embargo, no ha renunciado a su deseo de algo m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La sed de Cristo, entonces, es en \u00faltimo t\u00e9rmino una sed de saciar nuestra sed. O, dicho con mayor precisi\u00f3n, el deseo de Cristo es colmar nuestros deseos m\u00e1s profundos. La mujer samaritana refleja nuestros propios corazones. Como ella, anhelamos la felicidad, el amor, el sentido de la vida; y como ella, a menudo buscamos estas cosas en lugares equivocados, aun cuando la experiencia nos dice que no nos satisfar\u00e1n. Seguimos regresando a los mismos pozos, sacando un agua que vuelve a dejarnos sedientos. Solo Cristo puede dar el agua viva que realmente sacia, el agua que no nos obliga a regresar sin cesar al pozo. Cuando nuestros deseos \u2014incluso los terrenos y temporales\u2014 se unen a Cristo, su gracia los purifica y los eleva, orientando nuestra mirada hacia lo eterno. As\u00ed se cumplen las palabras de Jes\u00fas: \u201c<em>El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dar\u00e9 nunca m\u00e1s tendr\u00e1 sed: el agua que yo le dar\u00e9 se convertir\u00e1 dentro de \u00e9l en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna<\/em>\u201d. Unidos a Cristo, nosotros mismos nos convertimos en manantiales de agua viva.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, para que Cristo pueda saciar nuestros deseos, se nos exige algo. Primero debemos reconocer nuestras insuficiencias. Debemos admitir d\u00f3nde hemos buscado una felicidad duradera en lo que es pasajero y ef\u00edmero. Jes\u00fas conduce a la mujer samaritana a reconocer que sus muchas relaciones no pudieron colmarla. Este reconocimiento sincero, esta confesi\u00f3n humilde, tiende un puente entre la sed de Cristo por nosotros y su don de agua viva para nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A menudo nos gusta identificarnos con otro samaritano, el m\u00e1s conocido, el Buen Samaritano. Pero hoy es con esta mujer samaritana con quien debemos identificarnos m\u00e1s de cerca. En ella nos vemos reflejados: hombres y mujeres con deseos profundos que solo Dios puede satisfacer plenamente. El tiempo de Cuaresma nos invita a ir m\u00e1s all\u00e1 de las cosas baratas con los que intentamos apagar nuestra sed, y a volvernos hacia Cristo mismo, el \u00fanico que sacia y que nos ofrece la vida eterna.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El agua y la sed dominan la liturgia de este tercer domingo de Cuaresma. 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