{"id":58115,"date":"2026-02-05T12:33:09","date_gmt":"2026-02-05T11:33:09","guid":{"rendered":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/?p=58115"},"modified":"2026-02-05T12:33:10","modified_gmt":"2026-02-05T11:33:10","slug":"jesus-sanz-cuestion-migratoria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/jesus-sanz-cuestion-migratoria\/","title":{"rendered":"En defensa de una palabra inc\u00f3moda: Jes\u00fas Sanz y la\u00a0cuesti\u00f3n migratoria\u00a0"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">De todas las disciplinas que integran la teolog\u00eda, la moral es, a mi juicio, la m\u00e1s exigente. No se eleva, quiz\u00e1, a las\u00a0 cumbres abstractas de mi amada metaf\u00edsica, pero tampoco puede permitirse refugiarse en ellas. Est\u00e1 obligada a\u00a0descender al terreno \u00e1spero de la historia y a confrontarse con el mundo tal como es: un entramado de\u00a0complejidades, luces y sombras, injusticias persistentes y din\u00e1micas dif\u00edciles de descifrar que gravitan en torno a\u00a0la libertad humana, con frecuencia contaminada por intereses espurios, culpables debilidades y heroicas\u00a0resistencias.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">All\u00ed donde la especulaci\u00f3n busca coherencia en lo eterno, la teolog\u00eda moral debe discernir en lo contingente, entre\u00a0 voluntades fr\u00e1giles y decisiones interesadas que configuran, para bien o para mal, la trama de lo real. Su objeto no\u00a0es la proclamaci\u00f3n abstracta del bien, sino su determinaci\u00f3n prudencial en contextos atravesados por factores jur\u00eddicos, culturales, econ\u00f3micos y demogr\u00e1ficos. Exige sostener simult\u00e1neamente principios universales y\u00a0circunstancias concretas, sin sacrificar los primeros al sentimentalismo ni las segundas a la abstracci\u00f3n.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso la tradici\u00f3n nunca ha permitido que el juicio moral se reduzca a un reflejo ret\u00f3rico \u2014una cita\u00a0 descontextualizada, un eslogan con pretensi\u00f3n de conciencia\u2014, sino que lo ha sometido al arte mayor de la prudencia: esa virtud intelectual que discierne, pondera, ordena medios y fines y asume la responsabilidad de los efectos. No es una virtud sencilla \u2014ninguna lo es\u2014: requiere memoria de lo pasado, inteligencia de lo presente,\u00a0docilidad para aprender y circunspecci\u00f3n para prever consecuencias.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ante cuestiones complejas, la honradez moral consiste precisamente en resistir la tentaci\u00f3n de la consigna. La misericordia aut\u00e9ntica no se averg\u00fcenza de la prudencia, porque sabe que la paz es un orden justo, y que un orden\u00a0 justo exige discernimiento, gradualidad, l\u00edmites y deberes rec\u00edprocos. Calificar de \u201cextremismo\u201d esa\u00a0 responsabilidad puede ser, parad\u00f3jicamente, una forma de superficialidad moral: la sustituci\u00f3n del juicio por el\u00a0gesto, de la verdad por el aplauso, del bien com\u00fan por una est\u00e9tica de la bondad que reh\u00faye mirar de frente la\u00a0 realidad.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un ejemplo elocuente es la cuesti\u00f3n migratoria, de renovada centralidad y dolorosa densidad humana y pol\u00edtica.\u00a0 Precisamente por su cercan\u00eda concreta y por la carga de sufrimiento que comporta, resulta comprensible que el\u00a0 impulso primero sea el de la acogida inmediata; pero la tradici\u00f3n cristiana no se agota en el impulso, sino que lo somete al juicio prudencial. La Iglesia ha hablado siempre en una doble clave que no admite atajos: la dignidad\u00a0 irreductible de toda persona y la responsabilidad propia de toda autoridad \u2014en cuanto tal\u2014 respecto del orden\u00a0 social, entendido como condici\u00f3n del bien com\u00fan y no como mera estrategia coyuntural.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La tradici\u00f3n franciscana \u2014de Buenaventura a Escoto, y en autores m\u00e1s cercanos y recientes\u2014 ha insistido con\u00a0notable equilibrio en que la caridad no es una energ\u00eda informe, sino un amor ordenado, un <em>ordo amoris <\/em>que respeta la arquitectura del bien com\u00fan. El orden jur\u00eddico no constituye un l\u00edmite extr\u00ednseco a la caridad, sino su condici\u00f3n\u00a0institucional. Sin estabilidad normativa y una m\u00ednima cohesi\u00f3n cultural, lo que se presenta como compasi\u00f3n puede\u00a0 derivar en crueldad estructural: la comunidad se fragmenta, la ley se debilita y los vulnerables \u2014de dentro y de\u00a0 fuera\u2014 terminan pagando el coste.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por ello resultan dif\u00edciles de comprender ciertas manifestaciones p\u00fablicas de perplejidad y censura que, ante juicios\u00a0prudenciales emitidos por pastores en el ejercicio de su leg\u00edtima responsabilidad, adoptan un tono de impugnaci\u00f3n\u00a0m\u00e1s propio del debate faccional que del discernimiento eclesial. En tiempos de agitaci\u00f3n discursiva, la tradici\u00f3n recuerda que la fecundidad eclesial no brota de la visibilidad sin responsabilidad, sino de la coherencia virtuosa. La\u00a0obediencia \u2014entendida como inserci\u00f3n humilde en un orden recibido\u2014, el trabajo silencioso por el bien com\u00fan, la\u00a0caridad efectiva traducida en obras antes que en declaraciones, y una sobriedad que desconf\u00eda del protagonismo moral han sido siempre los pilares de la acci\u00f3n cristiana.\u00a0\u00a0<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De todas las disciplinas que integran la teolog\u00eda, la moral es, a mi juicio, la m\u00e1s exigente. No se eleva, quiz\u00e1, a las\u00a0 cumbres abstractas de mi amada metaf\u00edsica, pero tampoco puede permitirse refugiarse en ellas. 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