{"id":57819,"date":"2026-02-02T06:55:00","date_gmt":"2026-02-02T05:55:00","guid":{"rendered":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/?p=57819"},"modified":"2026-01-27T13:07:21","modified_gmt":"2026-01-27T12:07:21","slug":"vengarse-bendecir-conde-montecristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/vengarse-bendecir-conde-montecristo\/","title":{"rendered":"\u00bfVengarse o bendecir? Lo que ense\u00f1a el conde de Montecristo"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando un amigo me regal\u00f3 \u00abEl conde de Montecristo\u00bb, lo primero que hice fue comprobar el n\u00famero de p\u00e1ginas: \u00a11215, un ladrillo! Pero, a pesar de mis dudas sobre si ser\u00eda capaz de terminarlo, acab\u00e9 sumergido en su trama compleja pero perfectamente articulada, impregnada de emociones muy intensas que te abruman p\u00e1gina tras p\u00e1gina.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La escritura cambia<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como narrador, sent\u00ed envidia de Alejandro Dumas. Vivi\u00f3 en la \u00e9poca dorada de la novela por entregas, cuando los cap\u00edtulos se publicaban con meses de diferencia y los narradores pod\u00edan permitirse interminables digresiones para entretener a las lectoras aristocr\u00e1ticas entre una entrega y otra. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy en d\u00eda estamos obligados a cumplir con l\u00edmites estrictos y a escribir de forma r\u00e1pida y escenogr\u00e1fica. Desde la llegada del cine, de hecho, el narrador debe desaparecer: el lector quiere encontrarse en el centro de la escena sin filtros. <a href=\"https:\/\/www.omnesmag.com\/it\/notizie\/eugenio-corti-lepopea-di-uno-scrittore-un-uomo-un-cristiano\/\">Eugenio Corti<\/a> lo llamaba \u00abescritura por im\u00e1genes\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El nacimiento de una obra maestra<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alejandro Dumas (1802-1870), hijo de un general napole\u00f3nico de origen haitiano, es uno de los gigantes de la literatura francesa del siglo XIX. Autor prol\u00edfico (m\u00e1s de 300 obras, entre ellas Los tres mosqueteros), sol\u00eda trabajar con colaboradores y no era muy meticuloso: hay muchas inexactitudes hist\u00f3ricas y geogr\u00e1ficas en sus novelas. Pero su genio narrativo es indudable. El conde de Montecristo se public\u00f3 por entregas entre 1844 y 1846, inspirada en la historia real de Fran\u00e7ois Picaud, un zapatero encarcelado injustamente que luego se veng\u00f3 de sus acusadores.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La trama<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Edmond Dant\u00e8s, un joven marinero marsell\u00e9s, est\u00e1 a punto de casarse con Merced\u00e8s cuando tres hombres le destruyen la vida: Danglars (que quiere su puesto), Fernand (que quiere a Merced\u00e8s) y el magistrado Villefort (que lo sacrifica para proteger a su padre bonapartista). Acusado falsamente de conspiraci\u00f3n, es encerrado durante catorce a\u00f1os en el castillo de If.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">All\u00ed conoce al abad Faria, tambi\u00e9n encarcelado, quien le transmite su inmenso conocimiento y, antes de morir, le revela la ubicaci\u00f3n de un tesoro en la isla de Montecristo. Dant\u00e8s se fuga, encuentra el tesoro y regresa al mundo como un misterioso magnate para urdir tremendas venganzas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es solo la trama aventurera lo que hace de esta novela una obra maestra: es la arquitectura narrativa, similar a un pulpo con mil tent\u00e1culos, cada uno de los cuales se extiende libremente en el mar, pero que luego se envuelve, junto con los dem\u00e1s, para cautivar al lector poco a poco, apret\u00e1ndolo cada vez m\u00e1s y d\u00e1ndole la sensaci\u00f3n, como a una de las v\u00edctimas de Dant\u00e8s, de no entender ya de d\u00f3nde y c\u00f3mo ha llegado la mano justiciera de Dios que el protagonista cree representar.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La venganza como ciencia exacta<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dant\u00e8s no quiere simplemente matar a sus enemigos: quiere aniquilar lo que para ellos es \u00abvida\u00bb (la riqueza para uno, la posici\u00f3n social para otro, la familia y la reputaci\u00f3n para otro m\u00e1s). Y para ello se mueve como una ara\u00f1a en el centro de una telara\u00f1a que ha tejido durante a\u00f1os, multiplicando identidades, llevando m\u00e1scaras. Es, seg\u00fan las necesidades, un conde malt\u00e9s, un lord ingl\u00e9s, un sacerdote, un marinero aventurero: cada m\u00e1scara es perfecta, estudiada, impenetrable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, en un momento dado, algo en \u00e9l se resquebraja. Una inocente corre el riesgo de ser v\u00edctima de su tremendo mecanismo de venganza y el conde se da cuenta de que ha ido demasiado lejos. La duda se apodera de \u00e9l: \u00bfes justicia o solo venganza ciega? S\u00ed, porque la venganza, como la \u00absuerte\u00bb, no tiene ojos. Y si la suerte sonr\u00ede a quienes no lo merecen, la venganza no perdona a quienes no tienen culpa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por lo tanto, Dant\u00e8s, que antes no parec\u00eda dudar de que las culpas de los padres deb\u00edan recaer tambi\u00e9n sobre los hijos, se pregunta si realmente fue un instrumento de la Providencia, como se hab\u00eda convencido, o simplemente un hombre devorado por la obsesi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Esperar y esperar<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La amarga reflexi\u00f3n del protagonista, plasmada en una carta escrita a un amigo, desemboca en la conciencia de haber perdido la inocencia, no por lo que ha sufrido, precisamente de forma inocente, sino por lo que ha hecho sufrir voluntariamente. Sin embargo, concluye con un deseo que es tambi\u00e9n una identidad recuperada: \u00abesperar y esperar\u00bb, \u00abattendre et esp\u00e9rer\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es la confesi\u00f3n de un hombre que ha pasado a\u00f1os tramando venganzas, que siempre ha actuado en lugar de esperar, que ha buscado justicia con sus propias manos en lugar de esperar, pero que se da cuenta de que tal vez se ha equivocado. Si, como \u00e9l mismo admite, solo quien ha conocido la infelicidad extrema puede saborear la verdadera felicidad, tambi\u00e9n es cierto que, como se desprende de la historia, esa felicidad solo puede ser dada y recibida, no conquistada con mil y mil subterfugios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esto me hizo pensar tambi\u00e9n en una hermosa met\u00e1fora de Friedrich Nietzsche: las tres metamorfosis del esp\u00edritu, descritas en As\u00ed habl\u00f3 Zaratustra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nietzsche distingue tres transformaciones realizadas por el hombre:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El camello que recorre el desierto identifica el esp\u00edritu cargado con el peso de los valores recibidos o de las cargas impuestas por otros o por la tradici\u00f3n y la moral a la que est\u00e1 sometido: \u00abyo debo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El le\u00f3n es la rebeli\u00f3n, el esp\u00edritu que dice \u00abyo quiero\u00bb y ya no \u00abyo debo\u00bb. En esta fase hay libertad negativa, rechazo: el le\u00f3n destruye, lucha, conquista su libertad a trav\u00e9s de la negaci\u00f3n de lo que era antes y de quienes lo hicieron ser as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El ni\u00f1o representa la inocencia recuperada, la capacidad de crear nuevos valores de forma espont\u00e1nea: \u00abyo soy\u00bb. Es decir \u00abs\u00ed\u00bb a la vida sin resentimiento, sin sumisi\u00f3n ni arrepentimiento, creyendo libremente, jugando, viviendo el presente.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Edmond Dant\u00e8s y Jos\u00e9<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al leer \u00abEl conde de Montecristo\u00bb, me llam\u00f3 la atenci\u00f3n una extra\u00f1a similitud: la que existe entre Edmond Dant\u00e8s y Jos\u00e9, el patriarca b\u00edblico arrojado a un pozo y vendido por sus hermanos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ambos fueron v\u00edctimas de una gran injusticia; ambos estuvieron encarcelados durante a\u00f1os (Dant\u00e8s en el castillo de If, Jos\u00e9 en las c\u00e1rceles egipcias); ambos fueron traicionados por quienes deb\u00edan amarlos o respetarlos; ambos, una vez fuera de la c\u00e1rcel, se encuentran en condiciones de hacer el bien a s\u00ed mismos y a los dem\u00e1s, dotados de un poder y unos recursos impensables. Sin embargo, eligen caminos opuestos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dant\u00e8s vive para vengarse. Multiplica identidades, se disfraza, se pone m\u00e1scaras. Su \u00abhogar\u00bb no es un hogar (\u00a1de hecho, lo cambia constantemente!), vive en el exilio de una maldici\u00f3n que lo atenaza, del rencor que lo persigue y lo habita en cada palacio que conquista. Vive solo para destruir a quienes le han hecho da\u00f1o. Y, sobre todo, ya no es \u00e9l mismo, Edmond, sino siempre otra persona.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Giuseppe, en cambio, se encuentra por un momento en la piel de otro (que no es su negaci\u00f3n, sino una evoluci\u00f3n de s\u00ed mismo). Y, cuando sus hermanos, llegados a Egipto, no lo reconocen, se enfrenta a una elecci\u00f3n: \u00bfvengarse o ayudarlos? Al final, decide seguir siendo \u00e9l mismo, al darse cuenta de que vivir para maldecir es solo una p\u00e9rdida de tiempo, una p\u00e9rdida de \u00abenerg\u00eda vital\u00bb, como se dir\u00eda hoy.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando finalmente se revela a sus hermanos, Jos\u00e9 llora. No de rabia, sino de reconocimiento. Y pronuncia una frase que lo cambia todo: \u00abVosotros pensasteis mal contra m\u00ed, pero Dios lo encamin\u00f3 a bien\u00bb (Gn 50, 20). No es ingenuidad ni debilidad, sino la toma de conciencia de que todo contribuye al bien, y no de forma \u00abm\u00e1gica\u00bb, sino cuando se elige custodiar el propio bien, la propia salud mental, el deseo de bendecirse a uno mismo y a los dem\u00e1s, de ser bendici\u00f3n y no maldici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">D\u00f3nde vivimos realmente<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abHogar\u00bb, entonces, no es Montecristo ni Par\u00eds, ni Israel ni Egipto, sino ese lugar \u2014interior o f\u00edsico\u2014 donde no necesitamos disfraces ni adornos, donde todas las cosas que amamos, somos, creemos y deseamos dejan de pelearse entre s\u00ed. El lugar donde podemos decir: \u00abI belong. I am home\u00bb (Pertenezco. Estoy en casa). Y \u00abhogar\u00bb es tambi\u00e9n donde dejamos de vivir para maldecir y volvemos a vivir para bendecir, ante todo a nosotros mismos.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando un amigo me regal\u00f3 \u00abEl conde de Montecristo\u00bb, lo primero que hice fue comprobar el n\u00famero de p\u00e1ginas: \u00a11215, un ladrillo! Pero, a pesar de mis dudas sobre si ser\u00eda capaz de terminarlo, acab\u00e9 sumergido en su trama compleja pero perfectamente articulada, impregnada de emociones muy intensas que te abruman p\u00e1gina tras p\u00e1gina. 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