{"id":55899,"date":"2025-12-14T06:52:00","date_gmt":"2025-12-14T04:52:00","guid":{"rendered":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/?p=55899"},"modified":"2025-12-02T12:07:48","modified_gmt":"2025-12-02T10:07:48","slug":"en-la-vigilia-el-un-cuento-para-san-juan-de-la-cruz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/en-la-vigilia-el-un-cuento-para-san-juan-de-la-cruz\/","title":{"rendered":"En la vigilia, \u00c9l: un cuento para san Juan de la Cruz"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquella noche, la sombra no era sino un desborde de la llama interior. Fray Juan de la Cruz, envuelto en el sayal que apenas mitigaba el fr\u00edo del convento, yac\u00eda con los ojos abiertos como pozos hondos en su celda umbrosa. El sue\u00f1o, esa clemencia de los cuerpos fatigados, lo hab\u00eda desde\u00f1ado con una esquivez casi lit\u00fargica. Las paredes, de un blanco que evocaba al de la osamenta, no ofrec\u00edan m\u00e1s consuelo que el de su silencio sepulcral, y ni siquiera el crujir de la madera apolillada o el susurro lejano de alg\u00fan hermano en vela lograban disolver la intensidad de aquella vigilia sin aparente prop\u00f3sito. Era como si el alma, ansiosa de un Verbo que la hiciera derramarse, se negase a reposar bajo el imperio de los sentidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En esa hora detenida donde la carne no pide y el mundo parece olvidado de s\u00ed mismo, el fraile cavil\u00f3 \u2014o quiz\u00e1 escuch\u00f3 en su interior, como quien no recuerda si sue\u00f1a o reza\u2014 que la noche es m\u00e1s que ausencia de sol: es presencia activa del Amado. Y esa cavilaci\u00f3n fue pre\u00e1mbulo suficiente para que una suave brisa se colara por la rendijilla de la ventana, sugiri\u00e9ndole con elocuente sutileza que quiz\u00e1 no era el insomnio lo que lo manten\u00eda despierto, que quiz\u00e1 aquella suerte de temblor, demasiado sublime como para calificarse de imp\u00fadica, fuera de las que nacen en lo m\u00e1s hondo del alma cuando \u00e9sta se sabe mirada por Dios. All\u00ed, en la desnudez de su peque\u00f1a celda, sin m\u00e1s luz que la que le ard\u00eda en el pecho, comprendi\u00f3 que el alma no duerme porque no quiere cesar de amar, y que todo descanso que no venga del Amado no es sino descanso mentiroso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los gallos a\u00fan no quebraban la quietud del aire cuando el cielo comenz\u00f3 a desgarrarse en l\u00e1minas de a\u00f1il. Fue entonces que fray Juan se incorpor\u00f3 y se sent\u00f3 en el jerg\u00f3n como si aguardara a alguien. No or\u00f3 con palabras, ni siquiera con pensamientos: fue su estar en vela lo que se volvi\u00f3 plegaria. El fr\u00edo de la piedra le atravesaba los pies, pero en su rostro se advert\u00eda una serenidad que no era de este mundo. Y al retirarse la noche, con la timidez de los que han confesado un secreto, \u00e9l susurr\u00f3 \u2014con una voz que no quiso ser o\u00edda por ning\u00fan alma del convento, pero que debi\u00f3 ser estruendo y j\u00fabilo en el sal\u00f3n del trono del Cordero\u2014: \u201cA esta noche la llamar\u00e9 hermosura, porque en ella el alma se me ha hecho cielo\u201d.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aquella noche, la sombra no era sino un desborde de la llama interior. Fray Juan de la Cruz, envuelto en el sayal que apenas mitigaba el fr\u00edo del convento, yac\u00eda con los ojos abiertos como pozos hondos en su celda umbrosa. 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