{"id":51938,"date":"2025-09-11T06:00:00","date_gmt":"2025-09-11T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.omnesmag.com\/?p=51938"},"modified":"2025-09-08T12:40:30","modified_gmt":"2025-09-08T10:40:30","slug":"lecturas-de-la-exaltacion-de-la-salta-cruz-c","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/it\/lecturas-de-la-exaltacion-de-la-salta-cruz-c\/","title":{"rendered":"Un castigo misericordioso. Exaltaci\u00f3n de la Santa Cruz (C)"},"content":{"rendered":"<p>Para que no fu\u00e9ramos condenados, Cristo fue condenado. Dios asumi\u00f3 la condena que nosotros merec\u00edamos. Y as\u00ed leemos en el Evangelio de hoy: <em>\u201cPorque Dios no envi\u00f3 a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por \u00e9l\u201d<\/em>. Este a\u00f1o, la gran fiesta de la Exaltaci\u00f3n de la Santa Cruz cae en domingo y, por lo tanto, brinda a toda la Iglesia otra oportunidad para meditar sobre la Cruz y c\u00f3mo es la combinaci\u00f3n perfecta de la justicia y la misericordia divinas. La justicia exige el castigo por el pecado. Esta justicia debe satisfacerse, no puede ignorarse. Pero, en su misericordia, Dios tom\u00f3 el castigo sobre s\u00ed mismo, dej\u00e1ndonos solo una peque\u00f1a parte para que la comparti\u00e9ramos.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera lectura muestra a los israelitas recibiendo, literalmente, la mordedura de las serpientes como castigo por su pecado. Aunque esto sucedi\u00f3 realmente, tambi\u00e9n expresa simb\u00f3licamente la \u201cmordedura\u201d del pecado. Cada vez que pecamos, el pecado vuelve para mordernos. Herimos a los dem\u00e1s con el pecado, pero nosotros mismos quedamos a\u00fan m\u00e1s heridos, aunque a veces la herida pueda ser -y esta podr\u00eda ser la peor de todas- la insensibilidad de la conciencia para apreciar el mal que hemos hecho.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, para salvar a los israelitas, Dios le dice a Mois\u00e9s que levante una serpiente de bronce, una representaci\u00f3n de la misma criatura que causa su muerte. Los israelitas se ven obligados a enfrentarse a su pecado, a mirarlo y a reconocerlo. No es de extra\u00f1ar, por tanto, que cuando Jes\u00fas muere en la cruz, san Juan cite la profec\u00eda de Zacar\u00edas: <em>\u201cMirar\u00e1n al que traspasaron\u201d<\/em> (Jn 19, 37; Zac 12, 10). Debemos estar dispuestos a afrontar y reconocer nuestros pecados para que sean perdonados. De ah\u00ed el valor de la confesi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El pecado se muestra en este episodio, al igual que con Ad\u00e1n y Eva, como una falta de confianza en Dios. Dios entonces castiga, pero incluso su castigo, en s\u00ed mismo, es misericordioso: es menor de lo que merecemos y solo tiene como objetivo traernos de vuelta a \u00c9l. Como leemos en el salmo: <em>\u201cY, cuando los hac\u00eda morir, lo buscaban, y madrugaban para volverse hacia Dios\u201d<\/em>. Para compensar la desobediencia de Ad\u00e1n y Eva ante un \u00e1rbol inspirado por el orgullo, que nos llev\u00f3 a la muerte (cfr. Gn 3, 1-7 y 17-19), Cristo fue humildemente obediente hasta la muerte en un \u00e1rbol. Como nos dice san Pablo en la segunda lectura: <em>\u201cse humill\u00f3 a s\u00ed mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz\u201d<\/em>. Si tenemos la humildad de admitir nuestros pecados, la mayor humildad de Dios se apresura a salvarnos.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para que no fu\u00e9ramos condenados, Cristo fue condenado. Dios asumi\u00f3 la condena que nosotros merec\u00edamos. 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